Nuestra dulce memoria

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No hay en la faz de la Tierra un solo hombre sensato, ningún ser digno de considerarse sapiens-sapiens, que no reconozca en el pasado la fuente de todo conocimiento y el remedio más eficaz contra la estupidez.
Vivimos en una época extraña; pero no más extraña que cualquier otra, sino solo diferentemente extraña. Hoy, lo viejo, lo antiguo, parecen cosas sin importancia. Una canción, que hace apenas un verano era considerada una buena canción, es hoy antigua y no merece la pena. Seguramente han escuchado ya eso de “buah, esa canción tiene más años…”, como si la música fuese algo sometido al tiempo, algo que envejeciese y cuya belleza va perdiéndose como se pierde en la duna su arena; como si el Otoño de Vivaldi se marchitase y cayese muerto a cada nueva nota. No obstante, es la música, de toda estética, la única capaz de mostrarse sin imperfección alguna causada por el tiempo.
Otro tanto pasa en la política. Cuantas veces no habrán usado los adversarios políticos esa refutación tan populista de “no sigan ustedes mirando al pasado”, y frases por el estilo. Pero lo más increíble de esto no es que cuando se piden cuentas por hechos pasados se refute así, sino lo que consideramos pasado. Claro es que no se le pueden pedir cuentas a un determinado grupo político, o movimiento social, o religión… por hechos sucedidos cuando sus miembros no eran más que células extrañas en extraños cuerpos; pero convendrán ustedes conmigo que ocho años, o diez, incluso treinta si me apuran, no son suficientes para considerarse nadie falto de responsabilidad. Cuando quien sea usa este argumento para desacreditar al rival solo está mostrando el miedo que le ocasiona que se profundice en la cuestión, y la mala conciencia de quien sabe que ha hecho algo incorrecto. Y más aun, quien rechaza mirar al pasado para organizar el futuro da muestras de una auténtica y peligrosa necedad.

Que el pasado es la fuente de todo presente es obvio y toda persona sensata lo sabe; pero que un buen futuro sólo es posible desde el conocimiento de la causalidad pretérita, es algo que solo quien cree en la causalidad puede ver. Y no es absurdo lo que digo, ya sé que ninguno de ustedes niega la causalidad; pero es increíble como muchos creen que las cosas “son así por que así han sido siempre”, o “son así porque sí”, opiniones en nada poco comunes, pero completamente absurdas. No confíen nunca en quien no quiera mirar al pasado, pues algo oscuro se guarda.

La pérdida de memoria histórica es uno de los síntomas más extraños de la modernidad, ya que la característica principal de ésta es, precisamente, su conciencia histórica. Y esto no porque no existiese la historia antes, pues hay están los textos de Hesiodo, Diógenes Laercio o Julio Caesar; sino porque no es hasta Edward Gibbon, Marx y compañía cuando la Historia deja de ser “simple suceso” y comienza a ser objeto de estudio científico.

Todo esto trae consecuencias lógicas. A mi entender, la más terrible de todas es, sin duda, el menosprecio a los ancianos. Son muchas las sociedades históricas que han considerado a nuestros mayores como un tesoro por su experiencia, pues ésta es fuente de sabiduría. Sin embargo, en nuestra época y país (no sé que ocurrirá en otros territorios) es muy común que jóvenes y adultos tratemos a los ancianos de una forma tan ridícula, que resulta realmente insultante. Siento una horrible vergüenza ajena cuando veo cómo los adultos, que son los dueños del mundo en cada época, hablan a sus mayores. Ese tono infantil, y esa condescendencia excesiva que llega a considerar al viejo como un inútil incapaz incluso de entender lo que se le dice; esa forma de hablar al anciano como si se tratase de un niño es tan absurda, que se mostraría cómica si no fuese por lo insultante que resulta.

Después de sesenta años de lucha, risas, llantos… después de ver cómo cambia el mundo… después de ir perdiendo a sus seres queridos… después, solo reciben de nosotros esa condescendencia infantil que no ve diferencias entre un niño de cinco años y un anciano. Al tratarles como a niños estamos destruyendo en ellos el respeto que la experiencia y sabiduría de toda una vida merecen. Pues por muy elevado e importante que se sienta el adulto, que en su tribuna se coloca por encima de los insensatos jóvenes, por encima de los inútiles ancianos, lo cierto es que éste ha perdido, por lo general, el atrevimiento y la chispa de la juventud, sustituidos éstos por una prepotencia tal que hace al adulto creerse más listo que el joven; y así mismo, desde esa misma tribuna, menosprecia la sabiduría del anciano, al que cree débil física y mentalmente. Y es que, de todas las edades, suele ser la del adulto la más peligrosa de todas, pues piensa que ya no es joven e insensato, y todavía no es viejo e inútil; sino que ha llegado a la plenitud de conciencia. Estúpidamente cegado, piensa entonces que nada tiene que aprender de aquellos que están por debajo de su tribuna.

El mayor tesoro que tenemos en este mundo son nuestros viejos. Lo viejo se manifiesta en el anciano, porque el anciano es viejo, memoria viva de lo que fue y reflejo de que existieron realmente otros tiempos. Porque el anciano ha conocido, y ese conocimiento subjetivo de la vivencia no puede encontrarse en ningún libro. Una sociedad que menosprecia o ignora a sus mayores es una sociedad que, tarde o temprano, perderá toda conciencia histórica. Será una sociedad incapaz de mirar con aprecio al pasado y, por tanto, incapaz de aprender nada sobre el curso del futuro. Una sociedad que olvida su memoria viva, es una sociedad condenada a perecer históricamente.

Fuentes de la imagen:
http://todosmisamores.blogspot.com/2008/03/eres-anciano-o-viejo.html
http://www.elconfidencial.com/cache/2009/02/20/salud_94_asocian_perdida_estatura_falta_aliento_ancianos.html

1 Comentario

  1. Waww Pedro!
    Felicidades por el artículo.. está muy bien escrito.. y te expresas de maravilla!
    me ha gustado lo de “un buen futuro sólo es posible desde el conocimiento de la causalidad pretérita”..
    y tienes toda la razón cuando dices que el mayor tesoro que tenemos son nuestros ancianos y su sabiduría!!

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