Novela o filme… pero siempre una gran geisha

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Ocho años. Ese es el tiempo que tuvimos que esperar desde la publicación de la novela de Arthur Golden hasta su llegada a la gran pantalla por parte de Rob Marshall en 2005.
“Memorias de una Geisha” narra en primera persona la vida de la pequeña Chiyo, empezando por su dura infancia y terminando con su bien apreciada juventud. Ambientada en el Gion de los años veinte, cuenta cómo la protagonista fue vendida por sus padres a una okiya del centro de la ciudad. Allí, pasará las más amargas penurias hasta llegar a ser la geisha más deseada del lugar. Su rivalidad con Hatsumono (una conocida geisha con la que comparte techo) y su amor por un prestigioso hombre mayor que ella, le harán luchar día a día por convertirse en la geisha más famosa de la región.

Mizuage, obi, okiya o danna, son palabras japonesas que podemos incorporar a nuestro vocabulario después de haber conocido a Sayuri (nombre que adquiere Chiyo al convertirse en geisha). Tanto en la versión literaria como en la cinematográfica, se explica perfectamente la definición de cada uno de los términos orientales entre los que se mueve habitualmente una geisha.

Un relato dirigido, sobre todo, al público femenino, que trata de exponer la vida cotidiana de muchas japonesas que se ven obligadas a abandonar su adolescencia y vivir por y para los hombres. Son muchachas que, desde muy pequeñas, acuden a ciertas escuelas donde aprenden danza, música y cómo servir té de manera sensual, con la única finalidad de divertir a todo el género masculino. No cabe duda de que el autor refleja una sociedad machista y jerarquizada.

Una obra archiconocida en nuestro país desde la misma publicación de la novela en el año 1997, cuyo público se ha visto dividido en dos sectores. Muchos, amantes de la literatura, prefieren la versión impresa; otros pocos, la cinematográfica; pero la mayoría coincidirán en que es una historia que no tiene desperdicio alguno.

Como ocurre con todas las novelas que han sido llevadas al terreno cinematográfico, “Memorias de una Geisha” no se plasma en la versión filmada exactamente igual que en la escrita, sino que entre ambas encontramos pequeñas diferencias, que no alteran para nada el rumbo de la historia de Chiyo. Son, en su mayoría, aspectos superficiales como las discusiones que se producen entre Sayuri y Hatsumono o el precio que costó el mizuage de la protagonista.

Tras 145 dramáticos minutos, en la película se echa en falta a esa niña alegre que vivía con sus padres y su hermana en un pequeño pueblo llamado Yoroido, ya que el filme comienza directamente cuando las hermanas son trasladadas a Gion.

Personalmente, mi voto se lo adjudico al libro. Más de 600 páginas llenas de pensamientos de una chiquilla que ve cómo su vida cambia radicalmente de un día para otro. Hojas repletas de adjetivos y fantásticas descripciones que, gracias a la imaginación del lector, pueden llegar a crear paisajes mucho más bellos que los grabados en la obra. ¿A favor de la película? Sin pensármelo dos veces, me quedo con esos preciosos ojos azul grisáceo que resaltan la mirada de la hermosa Sayuri.

Fuente de la imagen:
http://www.analizame.cl/posters/MemoriasGeisha.jpg

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