Nostalgias

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La música siempre fue una terapia barata para calmar mi desasosiego. Una fórmula secreta para cruzar esa frontera imaginaria que separa al mundo real del interior. En épocas metafísicas y trascendentales siempre definí mi melomanía como un pasaporte a La Caverna de Platón. Pero últimamente la filosofía se ha evaporado de mi existencia, ni me acuerdo de que es eso de La Caverna y Platón se ha convertido en un plomazo del que no consigo leer más de dos páginas. Aunque mi gran tragedia griega no corresponde a mi desencantamiento filosófico, al fin y al cabo jamás pase de un conocimiento superfluo de eso que llaman Filosofía. Es la música la que no para de decepcionarme, es ella la que ha perdido su magia y me ha dejado a la deriva en este viaje.
La industria musical española huele a podrido. Entre triunfitos y megahits pachangueros que aspiran a ir a ese festival casposo en que se ha convertido Eurovisión…A una se le cae el alma a los pies y no puede más que sentirse nostálgica de otras épocas. Y hablando de nostalgias, la mía tiene nombre propio: Los Piratas.

Fíjate que te digo que tengo sobre el escritorio el último disco del bueno de Iván Ferreiro, pero este Mentiroso, mentiroso no hace más que recordar a Mi coco a los inolvidables Piratas. Yo nací a finales de los ochenta y para cuando los gallegos llenaban salas de conciertos yo me acostaba a las nueve de la noche para ir cada mañana al colegio. De injusticias está el mundo lleno. No puedo más que hacer un llamamiento: oigan ustedes señores piratas, les pido encarecidamente que se reúnan ustedes de nuevo. Ya saben, Hoy por ayer, estoy dispuesta a cualquier cosa para volver a El mundo de Wayne. Atentamente, una nostálgica.

Fuente de la foto:
http://www.heineken.es/fotos/piratas03g.jpg

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