Noches de whisky y agua con Rafa Pons

0
266

Un trago de agua alternado con un buen lingotazo de whisky. Así es Rafa Pons. Este cantautor barcelonés de voz bohemia y semirrasgada recurrió a estos dos elixires de la eterna juventud para sacar toda la energía que lleva dentro y levantar la madrileña sala Galileo hasta convertir lo que apuntaba a ser un sosegado concierto acústico en un guateque improvisado.

La definición de cantautor le viene al pelo a Rafa Pons: “Cantante, por lo común solista, que suele ser autor de sus propias composiciones, en las que prevalece sobre la música un mensaje de intención crítica o poética”. Eso dice la RAE. Bingo. Esa poética se deja entrever tanto en las canciones de fondo romanticón como en “las otras”, las cañeras, esas que dejan a un lado el sentimentalismo y prefieren reflejar a un artista desenvuelto y vividor. Agua y whisky, otra vez.

Cuando escuchas por primera vez a este cantautor catalán lo primero que percibes es que suena bien, te da buen rollo. Ha sacado al mercado dos discos, Mal te veo e Insisto, y tiene un tercer vástago en camino. Pero cuando realmente percibes que este chico no tan chico tiene madera para vivir de esto que es el mundo de la música es cuando le ves actuar en directo. No por el gran ambiente que rodea a sus actuaciones, ni porque tenga una voz que traspase las paredes, ni por el despliegue mediático que atesora a su espalda. No. Es otra cosa… es lo que transmite. Sus conciertos aúnan la música con pequeños fragmentos del club de la comedia entre canción y canción. Estos comentarios no pretenden más que introducir el siguiente tema, pero se convierten en una forma inmejorable de conectar con el público. La audiencia del Galileo Galilei madrileño recibió más fría que otra cosa a Pons el pasado miércoles, pero acabó el concierto prácticamente subida a las mesas, cantando como si no hubiese mañana y con un inmejorable sabor de boca. Eso es Rafa Pons. Conexión. Y un puñado de buenas canciones en la mochila.

Se levanta el telón

Si tienes una canción que hable del mundo del espectáculo y de tu afán por triunfar en el panorama musical no dudes en abrir un concierto con ella. Eso hizo Pons, y “Segundo acto” inauguró el show. El público, frío, calculador, escrudiñaba cada movimiento del artista de la noche. Poco a poco, fueron entrando en faena.

El ambiente de la sala, relajado, modernista, oscuro y a la vez cálido, parecía hecho a medida de las baladas que sonaron a continuación. Quizá la sala las hizo perfectas, o al revés. Qué más da. El caso es que “Mosquetera”, “Nonainonainonero” o “Supongo” tocaron la fibra sensible de los espectadores, que a cada tema que pasaba se iban identificando más con el concierto. “Mi madre me dice que haga canciones bonitas”, comentó Rafa Pons entre risas con una voz de inocentón que quería dar a entender que nunca había roto un plato. Pero tanta ñoñería termina por cansar al personal.

“Empecé la noche con Noriega”

“¿Qué preferís ahora, una canción de las bonitas o de las otras?”, preguntó Pons al tendido. La respuesta no se hizo esperar. La gente pedía farra y “El gallito” no fue suficiente para cubrir las exigencias del respetable. Para lo que sí sirvió fue para que Santi Noriega, guitarrista, saliera a escena y se ganara a la audiencia con sus gritos mejicanos. Tanto éxito tuvo que el propio Pons se vio obligado a alargar una parte musical de la canción porque los espectadores se reían a carcajadas de la actuación del músico y apenas le hacían caso. Hasta a él intentaba contener las risotadas. El otro momento estrella de Santi Noriega llegó con la canción que lleva su nombre: “Empecé la noche con Noriega”, donde cuenta los desmadres que se corren los dos amigos. “Pero, ¿qué es lo que hice ayer? Sólo recuerdo que empecé la noche con Noriega…”.

Suena al piano la famosa melodía con la que Darth Vader se paseaba por la Estrella de la Muerte “hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana”. Es el preludio de “Julia Roberts”. Este homenaje a los clásicos del cine no podía faltar en el show. Pons derrocha ingenio en esta canción ocurrente y original que presenta un pequeño desafío para todo el que la escucha al tratar de adivinar a qué películas se refiere Rafa cuando dice “Tengo el Pons, pero me falta el Indiana” o “Reencarnarme en serpiente de Salma Hayek”. Fue una de las más coreadas de la noche.

Rafa Pons aún no ha acabado la gira de Insisto y ya tiene en la recámara el que será su tercer disco de estudio. El barcelonés no quiere dar pistas ni que sus nuevas canciones se hagan públicas antes del lanzamiento oficial, pero no se resistió a ofrecer un pequeño adelanto a los fans que se congregaron en el Galileo. Aunque, eso sí, trató de convencerles de que colaboraran a mantener el misterio: “Preferiría que no las subieseis a Youtube todavía…”, pidió a los presentes. “Me enamoré de una mosso d´esquadra” y “Nos vamos conociendo” sirvieron para abrir boca y dejar a los asistentes con la miel en los labios, con ganas de meterse de lleno en ese nuevo trabajo.

Punto de inflexión o cómo meterse al público en el bolsillo

Me tienes contento”, canción utilizada por un periódico para publicitarse hace unos años, marcó un punto de inflexión. Si a base de cercanía y gracietas se había ido ganando al público, con este tema Rafa Pons se metió a los asistentes en el bolsillo. A partir de aquí estarían volcados. El compositor dirigió una pequeña competición entre los allí presentes: ¿quién canta más fuerte, los chicos o las chicas? A cada uno les asignó una frase de la canción y a gritar se ha dicho. Ganaron ellas. Y el espectáculo.

Esa profunda implicación del público reapareció con “Malaputa” y su coreografía. Algunos valientes subieron al escenario a bailar mientras el resto de la sala se despegaba por primera vez en la noche de los asientos e imitaba sus movimientos (unos mejor que otros) como si de un guateque improvisado se tratara.

“Camarero ponga un vodka a Rafita Perestroika”

Entonces Rafa se despidió. ¿Qué pasa, que en el punto álgido del concierto decide que ya está bien y cierra el grifo? Nanai. A la mínima que el público empezó a corear el “otra, otra” de rigor volvió al escenario. “No estamos para hacernos de rogar”, comentó al volver. Y el subidón continuó con las aventuras de “Rafita perestroika” en la noche barcelonesa.

Voy persiguiendo” puso el punto y final al espectáculo entre gritos, saltos y un desmadre aprovechable para continuar la fiesta en otra parte. Rafa Pons terminó el concierto, según sus propias palabras, al estilo Operación Triunfo: con el puño en alto y disfrutando de una merecida ovación. Había cumplido su misión: no sólo no defraudó con sus canciones, sino que consiguió contagiar toda su energía a un público que terminó volcado y que se llevó de regalo la siempre satisfactoria sensación que deja el dinero bien invertido.

Jugar en Primera División

La élite del mundo de la música, la Champions League, está reservada a unos pocos elegidos que pueden jugarla gracias a su calidad como artistas o por la discográfica e intereses que tienen detrás. Rafa Pons todavía no juega en la máxima competición, ni siquiera aspira a la UEFA (la Europa League para los más quisquillosos). Pero paso a paso va subiendo escalones y, si en algún momento esa justicia que tanto se defiende y de la que se alardea se convirtiera en real, este cantautor jugaría en Primera División. Su estilo sería similar al del Getafe (de Schuster, de Laudrup, de Michel, lo mismo da): un equipo que con poco hace mucho, que cada temporada se supera y que de vez en cuando da la sorpresa colándose en finales y en posiciones que en un principio parecían reservadas a otros clubes de más calibre. Y todo ello a base de trabajo y humildad. Y de una necesaria dosis de calidad que a Pons ya le viene de fábrica.

De camino a casa también te da por pensar en lo corrompido que está el mundo, concretamente el negocio multimillonario que es la música. “Mal te veo, Rafita, mal te veo”, parecen decir los que llevan la voz cantante en ese panorama. Es más, yo diría que andan un poco ciegos. Y te duermes con ese pegadizo “mal te veo” martilleando en tu cabeza mientras piensas en por qué razón astral este chico no estará llenando teatros por toda España. C´est la vie, que diría Bob Seger. Esa vie que es cara y cruz, blanco y negro, una de cal y otra de arena. Whisky y agua.

Intérprete: Rafa Pons
Gira: Finsisto Tour
Lugar: Sala Galileo Galilei (Madrid)
Género: Cantautor
Fecha: 13 de octubre de 2010
Precio: 10 euros

Fuentes de las imágenes:
www.rafapons.com

Dejar respuesta