“No”, una nación unida en busca de la libertad

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noEste viernes llega a los cines españoles No, film protagonizado por Gael García Bernal y dirigido por Pablo Larraín que, tras ser aclamado en el Festival de Cannes, opta al Oscar a la “Mejor película extranjera”. En No, el realizador chileno esboza un retrato veraz del ambiente socio-político que contextualizó el plebiscito nacional de 1988, que acabó con 15 años de dictadura. Haciendo gala de una gran valía documental y realismo, el film  esta rodado en videocassette y combina secuencias de rodaje con una gran cantidad de material de archivo.

Tras alzarse con uno de los principales premios en el Festival de Cannes y optar a la estatuilla a la “mejor película extranjera”, llega a España No, la cinta del director chileno Pablo Larraín (Post-Mortem, Tony Manero) protagonizada por el actor mexicano Gael Garcia Bernal (Amores perros, Diarios de motocicleta).

La historia de No se centra en la campaña electoral-propagandística que se dio en la antesala del plebiscito al que se sometería el pueblo chileno en octubre de 1988 y que concluiría con la salida de gobierno de Augusto Pinochet. No nos cuenta cómo se gestó la campaña del “No” orquestada por la facción opositora al régimen y cómo batalló durante 15 minutos diarios hasta la convocatoria a las urnas con su rival del “Si”.  En este contexto, los principales protagonistas de No son, por una parte Rene Saavedra (Gael García Bernal), un publicista exiliado que vuelve a Chile para hacer frente a la campaña publicitaria más importante de su carrera, y por otra un pueblo chileno ansioso de libertad y la democracia.

Todo lo acontecido durante la dictadura presidida por Augusto Pinochet pertenece ya a uno de los episodios más vergonzosos de la historia moderna. Como es habitual durante este tipo de regímenes la información que trasciende a la comunidad internacional es bastante restringida. Una vez el dictador de marras ha caído y la transición se prepara, un torrente inacabable de documentos e imágenes de archivo son liberados propiciando una onda expansiva capaz de desenterrar todos los terrores pasados. Toneladas de material audiovisual mostrando cadáveres, torturas o huelgas salvajemente sofocadas han sido ya difundidos por los medios de cada país para desvelar las atrocidades sufridas por el pueblo chileno  y remarcar, de paso, la necesidad de que situaciones como esta no se repitan en el futuro.

Sin embargo, pocas veces se ha buscado -y se ha encontrado-  el punto de vista directo de la nación chilena durante la época en cuestión. En este sentido, el valor documental de No es inestimable ya que por primera vez somos capaces de apreciar la información, la campaña electoral y las opiniones vertidas en los medios tal como les llegó a los chilenos al final de la dictadura, permitiéndonos a los que vivimos ajenos a este periodo trazar un retrato más completo y real. La elección del videocassette como formato de rodaje  (formato U-matic 3:4) y la continua alternancia de la historia contada con imágenes de archivo de la época de un valor documental inestimable logran dar al espectador una sensación de realismo difícil de alcanzar en el género en el que nos movemos.

Como aderezo, en No asistimos al debate interno surgido en el seno de la oposición al régimen. Haciendo uso de múltiples escenas de archivo, en la película queda patente la división del pueblo chileno incluso a la hora de hacer frente a la opresión. Así, asistiremos a un duro debate entre, por un lado, una facción anclada en el pasado y empeñada en no olvidar los muertos, las torturas y los secuestros, y por otra parte, la representada por Saavedra (Gael Garcia Bernal) defensora de una postura optimista orientada a mirar hacia delante. La “popularización” del concepto de libertad empleando estrategias equiparables al ejercido por consabidas multinacionales librará una dura batalla con la sordidez de la propuesta basada en el resentimiento y en la imposibilidad de perdonar tanto sufrimiento.

Otro punto digno de análisis llega por contraste con una de las firmes aspirantes a triunfar en este certamen de los Oscars. No, al igual que el Lincoln de Spielberg narra el tramo final de una de las más ignominiosas épocas acaecidas desde que el mundo es mundo. Hitos sociales e históricos basados en la consecución de la libertad como son la abolición de la esclavitud y de la dictadura chilena son tratados desde posturas significativas de las diferentes concepciones de sí mismos que tienen Estados Unidos y América Latina. En Lincoln asistimos a cómo un hombre venció la resistencia de toda una nación. La aprobación de la decimotercera enmienda se encomienda al carácter “heroico” y “empecinado” de un patriótico Lincoln, obsesionado con la paridad entre iguales (aunque las mujeres no podían votar). Por su parte, en No asistimos a cómo toda una nación se liberó de la opresión de un régimen personalizado en la figura de Augusto Pinochet. Estamos ante uno de esos casos poco comunes en el cine, en el cual en poco tiempo dos películas con un concepto común (la libertad) optan por tomar posturas opuestas. ¿Con cuál te quedas?

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Imágenes cedidas por Fabula production / Participant Media / Funny Balloons

Tráiler de Golem

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