No me llames Catalina, llámame Paco

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Tan de moda se ha puesto esto de los transexualismos y cambios de sexo, que se ha convertido en un tema de debate y de opinión pública. De hecho, tal y como lo relatan algunos de los más ilustres ciudadanos parece que esto de sentirse hombre en cuerpo de mujer (o a la inversa) es algo de lo más reciente… ¡si supieran que ya ocurría en el s. XVI!

No hay más que ubicarse en el San Sebastián de 1591 cuando, una noche, en casa de Miguel y María vió la luz la que sería la nueva señorita de la familia Erauso: Catalina, aunque bien podía haberse llamado Francisco, Alejandro o Jaime, y no por tener rasgos masculinos pero sí un carácter bastante más varonil que muchos hombres coetáneos a ella. Pues bien, a la corta edad de cuatro añitos, el papaíto decidió que, al igual que sus tres hermanas, tendría una vida apasionante en el convento dominico de la misma localidad, así que allí estuvo hasta que, con 15 años y a unos pocos días antes de profesar, una noche de mayo y después de haber discutido con una de las monjas profesas, decidió huir de aquel encarcelamiento.

Sin más, se vistió como un hombre y se hizo pasar por tal adoptando el nombre de Francisco de Loyola, así como se alistó como grumete para partir hacia América. Viajó por Venezuela, Panamá y Perú hasta que, finalmente, en Lima se alistó como soldado. Curioso el destino que hizo que acabara bajo el mandato de su hermano Miguel, al cual, jamás reveló su identidad pero del que consiguió el cargo de alférez tras varios servicios; eso sí, una noche y sin tener conciencia de quién era, lo acabo matando tras una reyerta.

Dolida tras el homicidio, decidió vagar por sudamérica nuevamente hasta que bajo el amparo del fray Agustín de Carvajal desveló su verdadera identidad lo que hizo sorprenderse al eclesiástico y, en consecuencia, al resto de habitantes.

Cuando, finalmente, regresó a España, el rey le concedió una pensión de ochocientos escudos y el papa le permitió llevar ropaje de hombre. Su fin lo encontraría en México a los 58 años.

2 Comentarios

  1. Me ha encantado la historia, genial. Hay tantos personajes dados a la aventura en aquellos años por tierras castellanas, o americanas, que sin duda resulta llamativo, como poco, que no tengan más repercusión popular. Por ejemplo, Aguirre el Loco.

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