‘No me cuentes tu vida’: el amor en tres capítulos históricos

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Ayer se presentaba en FNAC Callao la última novela de Luis García Montero, No me cuentes tu vida: un recorrido por tres quintas españolas cuyo eje fundamental son las relaciones sentimentales, que pone de manifiesto las palmarias disparidades entre padres e hijos causadas por el abismo generacional existente entre ellos.

Ángeles Aguilera, editora de Planeta, abrió el evento agradeciendo la presencia de los asistentes y también a FNAC por brindarles el espacio y la oportunidad de presentar la última obra de García Montero: un libro “muy valiente”, según comentó.  “Se trata de un libro muy comprometido con el tiempo que nos ha tocado vivir”. Amor, contradicciones, certezas y dudas, “y hasta fútbol” son algunos de los elementos que componen este título.

El propio autor definió su trabajo como un “intento de narrar y compartir mis opiniones sobre la historia de España en los últimos 50 años, a través de tres historias de amor”. Por un lado, la mirada se fija en “los niños de la guerra”, que vivieron “una España muy difícil, marcada por la pobreza y la dictadura”; también están presentes los españoles de la Transición, que conocerían una España subdesarrollada en pleno proceso de cambio hacia una sociedad de consumo, y por último, la generación más reciente, “la de los hijos que han crecido en una sociedad cómoda creyendo que todo estaba resuelto, y de repente se ven envueltos en una crisis que rompe el relato de confianza en el futuro”, comentaba García Montero.

No me cuentes tu vida es un título nada casual, que surge como respuesta casi inmediata entre los jóvenes a la actitud paternalista derivada de querer compartir experiencias personales o batallitas; del diálogo sostenido entre un progenitor y su retoño cuando encuentran que sus diferencias individuales chocan frontalmente al haber crecido en entornos que nada tienen que ver entre sí. Un joven, sorprendido en una relación con una inmigrante, obtiene un discurso de su padre, una persona que ha recibido una “educación sentimental” muy diferente a la suya.  Profesor, poeta y crítico literario, el escritor subrayaba la importancia de “hablar y buscar puntos de encuentro” en las relaciones familiares y personales. “La figura del viejo cascarrabias que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor corta cualquier relación con el presente;  [esta actitud] me parece muy peligrosa porque te cierra los ojos al ahora”, señalaba; pero también es peligroso el cliché del “joven que no ahonda en su memoria histórica, y que no entiende que los mayores puedan tener algo que aportarle”.

García Montero confesó que “como la mayoría de los españoles, vivo en una época de indignación y mis poemas solían ser muy enfadados”, pero en la novela encuentra “posibilidad de multiplicar mi mirada, en personajes de todo tipo”. En este libro encontramos homenajes literarios como el dirigido a El Jarama de Sánchez Ferlosio, cuya constante es la perplejidad -de quienes han vivido esta vertiginosa metamorfosis española- ante un mundo muy cambiante y movedizo “donde no es posible tener esquemas mentales cerrados”. Citando a Tony Judt y su obra Sobre el olvidado siglo XX, manifestó que “la sociedad actual intenta sacralizar el presente; parece que no tenemos historia”. Se cerraba así el acto, con la invitación implícita hacia los asistentes de disfrutar de un libro presentado como un canto al amor, que ensalza la memoria, la solidaridad y las relaciones familiares como mejor valor en unos confusos y difíciles tiempos de crisis como los actuales.

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