No ha nacido mujer gorda

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En los últimos meses, la anorexia cobró nuevas víctimas en nuestro país y en Latinoamérica, la mayoría pertenecía al mundo de la moda, pero no son la regla: cuatro modelos brasileñas y una uruguaya murieron a causa de la enfermedad, mientras una joven de San Luis sigue peleando por su vida. Este análisis nos acerca la forma en que las presiones culturales moldean el ideal de belleza con las formas delgadas y la confrontación con la propia pérdida del apetito sexual.
Quienes se han acercado al tema de los transtornos alimentarios, conocen la presión que ejerce la cultura con relación al ideal de las formas delgadas, como sinónimo de lo bello, de la capacidad de ejercer atracción y de obtener una notoria delgadez a través de la dieta y ejercicios agotadores; de esta manera “se vuelven deseables”, pero esta “deseabilidad” las confronta con la propia pérdida del apetito sexual.

El adelgazamiento continuo conduce a una pérdida del significado sexual de la atractividad. Todas las formas corporales que tienen significado sexual deben desaparecer: pechos, muslos, nalgas. De esta manera, el adelgazamiento estaría persiguiendo un ideal corporal y una segunda meta, más novedosa: la resolución del conflicto creado por la pérdida del interés sexual.

¿Qué es hoy una modelo para nuestra sociedad de consumo? Es una anorexia que se ‘hace los senos’, do nde la anorexia de las modelos se instaura como modelo físico e idealización de lo bello.

El ideal estético ha cambiado enormemente, especialmente en los últimos treinta años, hacia formas y medidas cada vez más extremas de delgadez, pero los cánones de belleza actual no se aplican sólo a la ropa que cubre el cuerpo sino, y muy especialmente, al cuerpo mismo; más aún, al cuerpo desnudo.

Nunca como en la actualidad el cuerpo de las mujeres fue más expuesto al ojo del otro, y a través de ese otro, mirándose a través de él, a la propia observación. El cuerpo desvestido es el eje de la forma en que la mujer debe ofrecer su cuerpo a la mirada. Las mujeres ya no pueden manipular sólo lo que adorna el cuerpo, la apariencia, pues ésta ya toca su propio ser, la intimidad de su cuerpo. En el escenario público los cuerpos deben adecuarse a la función perfecta y para esto la sociedad ofrece las recetas para  lograrlo: gimnasias, cirugías, laxantes, diuréticos, dietas, psicofármacos.

Como se ha dicho con frecuencia, el trastorno alimentario es una especie de punta del iceberg. Muchas de estas pacientes padecen de extrema labilidad yoica lo que las conduce al riesgo de una rápida fragmentación. En este sentido, el trastorno alimentario aparece como un mecanismo de defensa. Las sensaciones emergentes de esta situación consisten en aburrimiento, vacío, debilidad y depresión. Hay poco entusiasmo y alegría de vivir en estas jóvenes. Tales vivencias impactan negativamente cuando estamos en presencia de una amenaza de fragmentación del Yo: aparecen furia, ansiedad, vergüenza. Rechazan exhibirse desnudas ante sus parejas y carecen de la capacidad de obtener placer; pareciera que al evitar ver sus propios cuerpos creyeran que eluden la fragmentación.

Comidas exageradas o nada, no hay que preocuparse por la comida, en el plato e l erotismo y la alimentación hacen pareja. Los rituales alimentarios le quitan frenos al deseo sexual y si bien estos trastornos de la alimentación no son patologías nuevas, hoy impactan por su número. La bulimia y la anorexia ponen en escena una lucha contemporánea donde el ‘cuerpo ideal’ parece ser el cuerpo mutilado sacralizado a falta de rituales, que va a ser torturado y de esta manera se volverá verdadero.

En el universo del ‘todo se debe mostrar’ que irrumpe socialmente como imperativo de goce, lo bello ya no conduce a la excitabilidad sexual sino que muestra, obscenamente, las formas actuales de la represión y sus consecuencias. Pero todas estamos maravillosas, sea cuál sea nuestro aspecto, debemos querernos por lo que somos, no sólo por un envoltorio, sinó por el licor que hay dentro del bombón que se esconde dentro de todos y cada uno de nosotros.

No hay mujeres gordas, la gordura la pone el ojo que la mira. Que no sea tu ojo el que te vea así, que hay mucho más que la báscula y la esclavitud de la imagen!

Fuente del texto: artemisa
Fuente de la imagen: google

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