No estamos solos

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Lo malo que tiene Internet es que ha traído la democracia. No me tachen aun de reaccionario, facha y lo que les venga. Déjenme explicarme o liarla un poco más. Me refiero a la democracia de las formas artísticas, a eso de expresarnos a través de la letra, la imagen o los eructos. Comunicación con otros a través de formas no habituales, podemos decir.
Todos somos artistas que hacemos “cosas”. Se lo mostramos al mundo entero con un ordenador y cuatro cables. Eso es bueno. Pero hay un problema, que tenía que llegar en estos días de ocio y hedonismo. Hay millones de artistas ávidos de sangre. Buscando algún espectador, lector u oyente que echarse a la boca. Hay que andarse con cuidado. Te cazan al mínimo descuido. Podemos imaginar cosas horribles. Como tener que visionar atentamente las mil doscientas fotos “artísticas” del vecino del quinto, o leer los doscientos cincuenta blogs de tu cuñado sobre materias diversas. ¡Cuidado! No es cosa broma, los peligros acechan.

Sólo nos queda la venganza. Obligarles a ver tus millones de fotos, o leer los mil relatos que colgaste en tu blog. Pero el caso es que ellos no quieren saber nada de tus cosas, lo mismo que tú de las suyas. Lo que queremos, la mayoría de nosotros, es recuperar ese encanto de artista incomprendido y único que creíamos tener en exclusividad.

Millones de aficionados a esto de la pluma, por ejemplificar con algo, hemos descubierto que no estamos solos. Y maldita la gracia que nos hace. Éramos pocos y parió Internet, dos mil millones de escritores. Y aquí voy, a esto de escribir. Que es oficio ingrato y duro donde los haya. Al menos hasta hoy, porque con esto del ordenata y el ciberespacio, parece igual de fácil mentarle la madre a uno en Australia, a tiempo real, que escribir el Quijote del siglo XXI. Se ha contagiado la rapidez de difusión a la de realización. Y no era eso. Aunque parezca que con esto que digo tenga como doscientos años, la cosa se trivializa que es un gusto, digan lo que digan.

Todos escribimos cosas, y es más, pretendemos que las lean. Escribir es como una carta a una primita, ¡solo que más larga!, decía el denostado antisemita Louis Ferdinand Celine. Parece que nos lo hemos tomado al pie de la letra. Estamos que lo tiramos. Pronto no habrá sitio ni en Internet para tanto blog. Uno tras otro y uno tras otro. Y otros dos, por si acaso. La pregunta que hago es qué tiempo se emplea para reflexionar o documentar sobre lo que se escribe. Para aumentar nuestras capacidades. Porque con dos segundos por fotografía, o minuto y medio por artículo leído en la pantalla, como que no vale.

Tengo un sueño recurrente. Imagínense por unos instantes que Internet se cae, enterito. Que se va al garete y todos viudos y viudas. La cosa puede ser dramática. Ríanse ustedes de las Revoluciones Burguesas con la que se monta.

Si ocurriera de verdad, tendríamos que replantear muchas cosas. Aunque algunos seguirían inasequibles delante del monitor, durante meses y meses, esperando la vuelta del prófugo. Acabaríamos dándonos cuenta de que lo importante es lo de siempre. Una obra artística es la misma, se haga en el siglo XV o en el XXI, por un aficionado o un profesional. Podríamos pasar sin mostrarla al instante a todos nuestros amigos, y eso que ganarían ellos. Contemplada por un solo espectador, o por miles, si es que hay suerte, lo que cuenta es el placer de realizarla.

Fuentes de la imagen:
http://www.soygik.com/wp-content/uploads/2008/10/internet-1308.jpg

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