No es fácil ser joven aquí: crónicas de la precariedad española

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“Yo, precario” es una colección de “aventuras” vividas en 2012 por un joven español que busca poder llegar a fin de mes como sea; para ello encadenará trabajos de todo tipo: aunque no puede permitirse rechazarlos, son detestables y mal pagados.

“Mi generación está condenada a vivir así, combinando periodos estables con otros de máxima incertidumbre”. Son las palabras que van poniendo fin a Yo, precario y que resumen en un trazo el espíritu de esta obra que acaba de ver la luz en la editorial Libros del Lince. Pero, como el autor nos comenta en más de una ocasión a lo largo de estas páginas, “la vida es así. Para quejas y reclamaciones, no existe ningún departamento”. Sí existe, claro está, la alternativa de compilar vivencias, frustraciones, esperanzas y sinsabores en un pequeñito e inolvidable tomo; y así nació este viaje entre contratos basura de Javier López Menacho.

Se supone que cuando se nos abren de par en par las puertas de la juventud, simultáneamente un mundo de oportunidades se extiende ante nosotros. Se entiende que con el don del divino tesoro podríamos elegir si queremos estudiar, qué y cómo; podríamos escoger en qué especializarnos; decidir cuál es el trabajo de nuestros sueños;  intentar combinar nuestros talentos con las oportunidades que se nos presenten. Nos encargamos de mantener todas nuestras proyecciones en una frágil burbuja que, a día de hoy, es muy difícil proteger de la degradada realidad socioeconómica si uno vive en un país devastado por una crisis a todos los niveles. Lo cierto es que hoy venderse como mano de obra barata ya no es casi una opción; la necesidad es acuciante y trepa por una vertiente empinada cuya inclinación es directamente proporcional a la devaluación del currículum del joven sobradamente preparado que busca un sustento y algo de estabilidad profesional.

Nada más ver la portada, que corrió a cargo de Miguel Brieva, debí prever lo que iba a encontrarme: una visión cáustica de las dificultades de la vida moderna, entre las que se halla la de hacerse un hueco en el mundo laboral; un relato caricaturesco –porque a todo se le puede añadir humor- de esa España del siglo XXI que nada entre salarios ridículos, explotación laboral y donde los penitentes de las colas del INEM conviven con trabajos de unos pocos días, los minijobs que salen de la nada al grito de “lo tomas o lo dejas”… y aún debemos dar gracias por ello.  Tres rasgos definen esta publicación: el primero, su sabor más agrio que dulce contrastará con las ganas que nos inocula de seguir leyendo para acompañar al protagonista en su búsqueda de mejores condiciones laborales; el segundo, una gran y honesta humanidad que subyace en estas crónicas del “vamos tirando”. Por último, la juventud del autor agudizará nuestro sentido empático: es algo que le está sucediendo ahora mismo al español medio y menor de 30 años; no se trata de una fotografía de hace mucho tiempo ni muy lejos de nuestra casa. De mascota de chocolatinas a auditor de máquinas de tabaco, Menacho escribe sus tristes capítulos cargado de crítica y resignación, pero también de ternura y valentía; despertará en nosotros -a ratos- un agrio malestar, no obstante lo cual Yo, precario puede definirse como gran trabajo personal. A modo de bofetón de realidad, un libro muy recomendable que puede convertirse en bandera generacional y provoca un curioso efecto rebote: lejos de desanimar, reafirma en la convicción de que aunque a veces no tenemos en cuenta nuestro precio, éste no siempre es correlacional a nuestro valor.

Imagen: viñeta de Eneko.

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