Nicolas Bidet plasma sus recuerdos de adolescencia en “Vacaciones”

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Nostálgico, divertido y dramático a partes iguales, Vacaciones (Glénat) es el nuevo cómic del dibujante Nicolas Bidet, que en estas páginas echa mano de sus recuerdos adolescentes para narrar una historia sobre el proceso de madurez y la condición efímera de la felicidad.

“Quería recorrer un camino con los personajes, conociendo sus risas y también sus momentos de blues. Como lector, me gustan los libros que no se limitan a ir siempre en la misma dirección, sino que oscilan entre momentos más graves y otros más ligeros, porque así es la vida”, explica Bidet (Rennes, Francia, 1976).

Los protagonistas de la obra -Amélie, Marine, Franck, Greg y Mathieu- son unos quinceañeros que pasan las vacaciones en un camping cualquiera del sur francés. No se conocen de nada, pero acabarán estableciendo esos vínculos tan fuertes y característicos de estas edades, cuando la pasión y la inocencia todavía no han desaparecido y el amor sólo se conoce gracias a las películas.

“Todo parte de una escena del álbum que diseñé por mera diversión, pero que en su relectura me pareció muy buena: es cuando los personajes juegan al voleibol y Mathieu ve el seno de Amélie. Ahí surgió la idea de crear este grupo de amigos e imaginar cómo habían llegado a juntarse. Las escenas avanzan a ritmo de gag mientras la historia va llegando a su conclusión”, confirma Bidet.

“Al principio los personajes se construyen a la carrera, pero poco a poco van reclamando su propio espacio. Es como cuando conoces a alguien: se necesita un poco de tiempo para entender a la otra persona. Aunque sea una obra coral, cada personaje tiene una personalidad bien definida”, añade.

La intención del artista era mantener un tono ligero, casi rutinario, para desconcertar al lector con un final nada previsible. “Creo que es un libro bastante optimista, pero la evocación de la tragedia también está presente. La historia se disemina en ambas direcciones. La felicidad puede equivaler a fragilidad, porque el drama siempre nos acecha en las sombras”, analiza.

El cómic desprende un innegable aire de nostalgia, de cariño por un pasado que no volverá a repetirse. “Al dibujar este camping no hago sino excavar en mis recuerdos: aquellas noches en la tienda de campaña, el cazo calentándose en el hornillo, la comida que se consume en el recipiente para no usar platos,… Todo el mundo ha vivido esto en su adolescencia”, opina Bidet.

Con un trazo limpio y elegante, el dibujante muestra en estas páginas su dominio de la narración gráfica. “Pertenezco a una escuela clásica donde el acento se pone en la comprensión y fluidez de las imágenes. Si alguien necesita prestar mucha atención a uno de mis dibujos para comprenderlo, significa que no he hecho bien mi trabajo”, asevera.

“Pongo el dibujo al servicio de la narración, sin demasiada decoración, pero tratando de captar las expresiones, los gestos con las manos,… Con el color me ocurre algo parecido, porque lo entiendo como una extensión del dibujo; el objetivo no es emplear los verdaderos colores de las cosas, sino crear un estado de ánimo, una emoción”, detalla.

En la actualidad, Bidet es uno de los autores de cómic más prometedores del mercado galo, aunque todo podría haber sido muy distinto si hubiera cumplido sus sueños infantiles. “A mí me hubiera gustado ser delantero centro del Stade Rennais, pero creo que el dibujo ha salido ganando”, confiesa.

Mientras se conforma con ver por televisión los partidos de su equipo, el autor trabaja en varios proyectos simultáneos. “Tengo un pequeño álbum sobre la juventud, Charlotte et l’armoire magique; una colección de cuentos de humor para adultos, Apple et lemon, y una historia de corte social titulada 20 ans ferme. ¡Tantas cosas y tan poco tiempo!”, lamenta.

Imágenes cedidas por Glénat.

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