Nicanor Parra pide un año de prórroga para elaborar un discurso “medianamente plausible”

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El nieto de Nicanor Parra, Cristóbal Ugarte, recogió el pasado lunes el Premio Cervantes otorgado a su abuelo, el poeta chileno de la antipoesía. El Príncipe de Asturias le hizo entrega del galardón en una mañana en la que sólo faltó Parra, que no pudo viajar hasta Madrid debido a su avanzada edad. En la ceremonia, llena de anécdotas, se dieron cita diversas personalidades políticas españolas y chilenas, además de grandes figuras de la literatura y el arte.

Fotografía del poeta Nicanor Parra

La ceremonia del Premio Cervantes se celebró en la ciudad natal del autor de El Quijote, Alcalá de Henares. Allí acudió la familia del escritor chileno, premiado a sus 97 años con el mayor reconocimiento de las letras en castellano por  “toda una vida dedicada a la poesía, a crear y a investigar nuevos lenguajes poéticos”. El 23 de abril, día del fallecimiento de Cervantes y Shakespeare, se dieron cita destacadas figuras en la Universidad de Alcalá, entre las que no faltó la compositora y escritora estadounidense Patti Smith, admiradora de la poesía “rebelde y humana” de Nicanor Parra.  

Cristóbal Ugarte, nieto de Parra (1914, San Fabián de Alico, alrededores de Chillán), fue el encargado de leer las líneas de agradecimiento del poeta, quien pidió más tiempo,  “mínimo un año”, para poder “perigueñar” un discurso “medianamente plausible”.  “Yo demoro seis meses en armar un discurso que se lee en 45 minutos y que parece que estuviera improvisado”, escribió el creador. “Don Quijote no cabe en un fin de semana”, le confirmó Nicanor Parra a Ugarte antes de que éste volase a España. El nieto reconoció que su abuelo había permanecido “en su casa de Las Cruces, en la costa chilena, rodeado de libros”, muchos de ellos ediciones de la obra más conocida de Cervantes y también  “los seis tomos de La araucana, del escritor Alonso de Ercilla“.

La que sí estuvo presente en la celebración fue la máquina de escribir del poeta, junto a la que fabricó sus versos más importantes, algunos de ellos recitados ante los asistentes por Ugarte. “¿Esperaba este premio? No/ Los premios son/ como las Dulcineas del Toboso/ Mientras pensamos en ellas/ lejanas/ sordas/ enigmáticas./ Los premios son para los espíritus libres/ y para los amigos del jurado/”, dice Parra sobre este Premio de las Letras.

La ceremonia se cerró con la pregunta de Ugarte a su abuelo de sí creía ser merecedor del Premio. “Claro que sí. X un libro que estoy x escribir”, explicó con humor el poeta de la antipoesía.

De familia humilde y provinciana, Parra creció junto a sus hermanos en la dictadura del General Carlos Ibañez. La figura materna, de genealogía campesina, tuvo mucho que ver en la poesía que desarrolló a lo largo del tiempo, exprimiendo la vitalidad del folklore y la expresión del lenguaje inculcado en su infancia. En 1932 llegó a Santiago, una etapa en la que inicia la asimilación de los signos tan característicos que le otorgarán posteriormente el cariz de antipoeta. Un año más tarde ingresó en la Universidad de Chile e inició sus estudios en Matemáticas y Física, y tres años más tarde, en 1935, comenzó junto a sus amigos Millás y Pedraza la publicación de la Revista Nueva.

Su descubrimiento de La antología de Poesía Chilena Nueva, de Anguita y Teitelboim, le facilitará el conocimiento sobre poetas como Neruda, Rokha y Huidobro. El surrealismo francés llegará más tarde a sus manos, en pequeñas traducciones que transmitirán al joven Parra la rebeldía e innovación de las vanguardias europeas.

Rompiendo los moldes de la poesía en lengua española publicará su primer libro, Cancionero sin nombre. En 1953 recibe el primer Premio de Poesía Juan Said, otorgado por la Sociedad de Escritores de Chile, y un año más tarde verán la luz sus conocidos Poemas y antipoemas. Posteriormente fueron publicados Canciones rusas, Versos de salón, Hojas de Parra y Discursos de sobremesa, entre otros muchos escritos y poemas que publicó a lo largo de su vida. En su amplia antología se encuentran también títulos como Es olvido, El peregrino, Coplas al vino o Agnus Dei

 Fotografía: Giuliano Pastorelli

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