NASA: Vuelta a la luna

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La exploración lunar mediante ingenios espaciales comenzó en 1959, cuando la Unión Soviética y los Estados Unidos enviaron una serie de robots para examinar la Luna en detalle. Su objetivo final era llevar con seguridad a astronautas a nuestro satélite, objetivo alcanzado por Estados Unidos en 1969, dentro del programa “Apolo”, con el módulo lunar del Apolo 11. Estados Unidos llevó a cabo seis misiones Apolo más, incluyendo cinco alunizajes, siendo el último el del Apolo 17, en Diciembre de 1972. Después de las misiones Apolo, la Unión Soviética envió cuatro robots espaciales a la Luna, siendo el último el Luna 24, que volvió con muestras del suelo lunar a la Tierra en Agosto de 1976. Hubo un paréntesis hasta Enero de 1994, cuando los Estados Unidos enviaron el satélite “Clementine” a orbitar la Luna, tomando sus cuatro cámaras entre Febrero y Mayo de ese año más de 2 millones de fotos. Un dispositivo laser midió la altura y profundidad de sus montañas, cráteres, y otros accidentes destacados de la superficie. Mediante señales de radar, “Clementine” captó la posible evidencia de un gran depósito de agua helada, apareciendo el hielo en el fondo de cráteres del polo Sur.

La sonda de Estados Unidos “Lunar Prospector” orbitó la Luna desde Enero de 1998 a Julio de 1999, haciendo un mapa de las concentraciones de elementos químicos, inspeccionó los campos magnéticos de nuestro satélite, y encontró fuertes evidencias de agua en ambos polos, encontrando partículas pequeñas de hielo formando parte aparentemente del polvo lunar en los mismos.

La sonda espacial SMART-1 fue lanzada por la Agencia Espacial Europea en el 2003, entrando en órbita lunar en el 2004. Sus instrumentos se diseñaron para investigar el origen de la Luna y para llevar a cabo una inspección detallada de los elementos químicos de su superficie.

La NASA retoma la exploración lunar el pasado día 18 de Junio lanzando dos satélites hacia la Luna a bordo de un cohete Atlas V: los satélites LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) y LCROSS (Lunar CRater Observation and Sensing Satellite), también llamado “Lunar Impactor”, cada uno con una misión diferente.

A los 45 minutos de su lanzamiento, el satélite LRO se separó satisfactoriamente de su compañero de lanzamiento, y después de un viaje de cuatro días y medio entró en órbita alrededor de nuestro satélite. Esta sonda, de 2 toneladas de las que 900 Kg. es carburante, y que va equipada con siete instrumentos científicos, orbitará la Luna en una órbita circular polar a 50 Km de altura, órbita definitiva que alcanzará en unos dos meses. Explorará los cráteres más profundos, examinará permanentemente las regiones iluminadas y con sombras, y proporcionará conocimientos sobre los efectos de la radiación lunar sobre los humanos. Enviará a la Tierra más información sobre la Luna que cualquier misión anterior. Los instrumentos de a bordo permitirán a los científicos compilar los mapas tridimensionales y en alta resolución de la superficie lunar, ayudará a los investigadores a preparar futuros lugares de alunizaje, localizará potenciales recursos, con especial atención al agua helada, proporcionando también mucha información que va a ayudar a entender la topografía de la Luna y su composición.

Después de la separación del LRO, se activó LCROSS, comprobando que todos sus sistemas estaban operativos. Este satélite va a permanecer unido a la parte superior del cohete Atlas V, llamada “Centauro”, hasta que se separen para colisionar con la Luna, aproximadamente a las 7:30 horas del 9 de Octubre, generando con el impacto una nube de residuos que será analizada para ver su contenido en hielo, vapor de agua, compuestos de carbono e hidrógeno (metano, benceno, etc.), y materiales hidratados. El impacto tendrá como objetivo uno de los cráteres en sombra permanente del polo sur cerca de la región Cabeus, identificando exactamente el cráter 30 días antes del impacto, después de estudiar la información recibida del LRO, de otros vehículos que orbitan la Luna y de observatorios de la Tierra. El pasado día 23 se hizo una maniobra aprovechando la gravitación de la Luna para calibrar los instrumentos y meter a la nave y el “Centauro” en una órbita polar larga en bucle alrededor de la Tierra y la Luna. Cada órbita será aproximadamente perpendicular a la que hace la Luna alrededor de la Tierra, y la completará en 37 días. Antes del impacto, la nave y el “Centauro” completarán aproximadamente tres órbitas.

En la aproximación final, a unos 87.000 km de la superficie, se separarán, impactando primero el “Centauro” sobre la superficie lunar a una velocidad de 9.000 km/hora. La nave girará 180 grados para poner sus equipos de cara a la Luna y encenderá sus cohetes para frenar la caída, haciendo el descenso entre la nube producida por el impacto de “Centauro”, recogiendo los datos proporcionados por esta nube y enviándolos al centro de operaciones de LCROSS para su análisis. El impacto del cohete, de una masa de 2,36 toneladas, generará una energía equivalente a 1 tonelada de TNT, levantará una nube de polvo y residuos de unos 6 km de altura y hará un minicrater de unos 20 metros de diámetro por cuatro de profundidad. Cuatro minutos más tarde, LCROSS también impactará sobre la Luna, creando una segunda nube de polvo y restos del impacto.

El equipo de seguimiento del LCROSS lidera una campaña de observación coordinada que incluye al LRO, el telescopio Hubble, los observatorios de Mauna Kea (Hawai) y varios astrónomos aficionados del resto del mundo.

El LRO continuará al menos durante un año orbitando la Luna.

Referencias e imágenes:
http://www.nasa.gov/mission_pages/LCROSS/main/index.html
http://www.nasa.gov/mission_pages/LRO/main/index.html

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