Najwa: “Lo que seguro que no queremos es hacerlo fácil”

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Huir de los atajos sencillos y de la búsqueda constante del favor del público, esas son dos de las premisas sobre las que está construido “Donde rugen los volcanes”, el último álbum de Najwa Nimri (Pamplona, 1972), que ha vuelto a sus orígenes para rencontrarse con los sonidos electrónicos, aquellos en los que se siente más cómoda.

Convencida de que un sistema en el que millones de personas no pueden vivir en unas condiciones mínimas debe ser remplazado, la cantante reivindica la apertura de nuevos caminos en un disco que se niega a describir como “frío y distante pero con alma”, definición que sí uso su discográfica en la nota de prensa promocional.

Superados aquellos días en los se apoyaba en el Lexatin y el whisky para aplacar el miedo escénico, la pamplonica charla, entre otros temas, sobre sus prejuicios hacia el “dance”, su relación profesional con Carlos Jean, a quién sitúa en la antítesis de su proyecto actual; y su necesidad de improvisar sobre el escenario.

En “Donde rugen los volcanes” habéis realizado un giro brusco hacia la electrónica, ¿cómo se ha producido?
La electrónica la empecé en realidad en el 98. El primer disco que hice fue electrónico, el segundo, “Carefully”, compuesto junto a Raúl Santos, todavía más. No rompo y voy a la electrónica, la electrónica era donde estaba y lo que dejé para entrar en el pop rock con músicos, a entender lo que era la música girando. Vuelvo a mi sitio, el sitio que conozco es la electrónica. El otro era donde no me sabía manejar tan bien, donde no entendía lo que hacía. Vuelvo porque empecé a componer “Donde rugen los volcanes” con un músico, Vicente Miñana “Uma”, mediante “riffs” de guitarra muy continuados, dando vueltas en la misma armonía y componiendo como si fuera “trance”, encima.

Después él se fue de gira y decidí pasarlo todo a electrónica. Se quedaron algunas de las melodías tal y como estaban, pero otras las rehíce. Con Raúl Santos había compuesto “El último primate” (canción homónima de su anterior trabajo) y me apetecía currar con él. Le dije que quería ir al “minimal”, le di dos referencias y tiramos hasta que empezamos a ver la luz en el álbum.

¿Cómo fue ese trabajo junto a “Uma”?
Tenía las canciones muy mascadas, sobre todo en cuanto a la letra y a la distribución: por donde me podía perder, en donde no. Meter el texto y empezar a restar palabras fue el trabajo más complicado. Lo hacía con él girando todo el rato en la misma rueda de sonido. Cuatro horas seguidas, siempre lo mismo mientras yo metía la letra y veía qué es lo que encajaba, intentando que no sonora demasiado a Cervantes, a Héroes del Silencio, especialmente barroco. Que no tuviera una estructura demasiado rock también fue complicado. Estábamos todo el tiempo luchando contra un montón de cosas a las que no me quería parecer.

La nota de prensa distribuida por tu compañía describe “Donde rugen los volcanes” como “frío y distante, pero con alma”. ¿Cómo se logran canciones así?
Eso no lo dije yo, aparece en una nota de prensa que alguien escribió pero no ha salido de mi boca. No es que no lo comparta pero jamás lo definiría como “frío y distante pero con alma”. Nunca definiría un disco mío así, más allá de que esa sea la sensación final, no es lo que pretendo. Alma tiene y es sintético, porque es electrónico y no hay nada acústico. Podría decirse que es frío y con alma, pero no lo definiría así, sinceramente. Es un álbum con sonido horizontal, esa es la única definición que he hecho de él.

En el mismo comunicado de prensa se afirma que las viejas maneras han muerto y hay que abrir nuevos caminos.
Eso es algo que dije en “El último primate”, hace tres años y pico. Se me estaba cayendo todo a pedazos, (piensa) como a todo el mundo, como a todo el planeta. Estaba viendo venir algo muy salvaje. De ahí la idea del último primate, el último mono, el último mandril. Luego me surge la posibilidad de hacer este CD.

Me imagino los discos como una película de ciencia ficción. Entonces pensé en el último habitante de la tierra y supuse que éste tendría que ser un humano con una manera de relacionarse diferente con el entorno y con una industria que ya no funcionaba de la misma manera, con un mundo en donde los recursos no estaban basados en cosas que destruían todo. Pensaba todo el rato en un nuevo espécimen. Pasaba el día leyendo comics, metida en una especie de vorágine, de pensamiento en donde estaba intentando idear esa persona. Manejaba el calor, el frío, volaba…

Una vez descartada esa idea pensé: “no tiene que ser una persona, puede ser un sitio”. En una noche loca, con amigos, uno dijo que “cada vez que un volcán entra en erupción es porque alguien está pasando del sol a la tierra”. Me conmocionó esa idea, que la puerta de entrada fuera un volcán me pareció increíble. La nueva manera es un sitio, no es una persona, es un lugar donde el espacio-tiempo ya no tiene cabida. Curiosamente, tenía una canción en la que decía “donde rugen los volcanes”.

Entiendo que este cambio lo planteas a nivel universal.
Al sistema en general, que se puede concretar en lo que a cada uno le da la gana. Obviamente en la música la caída de la industria fue algo apabullante. Pretendí verlo como los chinos, para los que no existe la palabra crisis, sólo cambio, y el cambio siempre es positivo.

La nueva manera es simplemente cambiar lo que no funciona de la vieja. Es obvio que no funciona. En cuanto hay un montón de gente que no puede estar en unas condiciones mínimas es que no funciona. No creo que haya unos cuantos elegidos. Todo el mundo podría serlo. Hablo de nueva forma en general, en todo, desde cómo comes, cómo te vistes, cómo hablas, cómo te relacionas, cómo cantas, qué sonidos utilizas, todo.

¿Estás cabreada con lo que observas a tu alrededor?
No estoy cabreada, hablo de generalidades más dalinianas, en realidad me imagino algo mucho más abstracto. Como una pauta en la que no es tanto cabreo como aburrimiento. Hay muchas cosas que me aburren, trato de no aburrirme y por eso me invento cosas. Hago discos y me imagino carátulas, canto de una manera. No estoy enfadada con el mundo, sé que formo parte de él y que parte de que funcione y de que no funcione tiene que ver conmigo, como con todo el mundo. Es más aburrimiento.

En la presentación del disco comentaste que había sido compuesto bajo la premisa de la hipnosis-patada. ¿En qué consiste?
Se refiere sobre todo al directo. Intento meterte en el ruido, ni demasiado arriba ni demasiado abajo, es un ruido medio. Para despertarte, en vez de con un chasqueo, lo hago con una patada. Nos parecía gracioso decir eso. No es más que una forma de plantear el directo.

Varios de tus trabajos anteriores se alejaron de los sonidos electrónicos, ¿ves posible incluir sus canciones en el nuevo directo?
Los conciertos van a ser electrónicos porque los trabajos anteriores con Raúl Santos lo son. Estamos metiendo otros temas porque se está dando de forma natural y los estamos pudiendo encajar. En ningún momento lo estamos haciendo para el público, es algo que no me sale bien, pretendo que no se me vea demasiado en el escenario, que sólo se vean las luces y la puesta en escena. Luz, ritmo y voz, eso es lo que vas a ver en los directos junto a algunos “revival”, pero les vas a reconocer por la voz más que por los sonidos, están cambiados. Estamos intentando entrar en una onda, estamos proyectando algo que no sabemos si nos va a salir bien o mal. Todavía no estoy en ese punto en el que revisar mis antiguos temas.

Durante la presentación de la que hablábamos antes manifestaste tu preocupación por parecer un espectáculo de David Guetta. ¿Mantienes algún prejuicio, por mínimo que sea, hacia el mundo de la electrónica?
No, David Guetta es muy poco electrónico. Casi toda la gente que hace electrónica a la que admiro, que hace sónica, que se dedica a la sónica, realiza estudios físicos, de que una onda tiene un color, que los agudos hacen esto o lo otro… lo llevan a cabo de verdad.

Nosotros estamos haciendo canciones al fin y al cabo, más allá de que pretendas que haya un mensaje o no. Lo que seguro que no queremos es hacerlo fácil. Sí, puede haber algún prejuicio, quiero huir del “dance”, por eso lo de David Guetta. Cuando digo “dance” me refiero al bombo y la caja colocados en un sitio para causar un efecto complaciente en el público. Para hacer bailar sin más, metiendo cualquier sonido “soul” en la voz para que la gente se sienta en una especie de fiesta del champán en Ibiza. No tengo nada en contra de eso pero no es lo que estoy buscando.

Por eso me apetecía que las luces, que en este tipo de shows también se utilizan, tengan que ver con algo más “minimal”, más elaborado, más casero. No lo hacemos todo con un bombo, una caja y una voz contundente que suena a “soulera”. No estamos pretendiendo eso.

¿Crees que este álbum va a adaptarse a los grandes recintos?
Sí, porque hay temas muy cañeros, pero no es lo que me preocupa. Lo que me importa es a dónde hemos llevado la idea y hasta dónde la podemos llevar. Y que la gente lo perciba. Estoy convencida de que no vamos a cumplir las expectativas de todo el público, pero no me quita el sueño. Si consigo que después del show salgan planteándose algo, que haya conseguido una hora de concentración, o media, ya me vale.

Raúl Santos te ha acompañado en segundo plano a lo largo de toda tu carrera. ¿Por qué ahora ha decidido…
¿Aparecer? Porque le apetece. Por lo mismo que yo  no empecé a cantar en directo hasta muy tarde, pasaron tres discos hasta que comencé a girar. Había tenido éxito en algunas películas y de repente había mucha gente esperando verme. Tienes veintitantos y de pronto estás tú sola en el camerino frente a todo, a mí me impresionaba, era demasiado grande para mí. Me tomaba un Lexatin, whisky, tenía que sedarme porque me ponía muy nerviosa, lo pasaba mal. No podía vencer a la timidez, no podía con ella.

Portada de "Donde rugen los volcanes"

Pero lo superaste.
Lo he superado con el paso de los años y Raúl igual. Éramos muy nuestros, muy ratas de estudio, de estar el uno con el otro. Esa ha sido nuestra dinámica año tras año. Ahora estamos haciendo lo mismo que en casa: tú te pones en la máquina, yo me pongo con el micro, vamos a dar lo que tenemos y lo vestiremos con luces. No estamos cogiendo ningún “loop”, todo lo hemos fabricado nosotros. Estoy cantando en castellano, me comunico en mi lengua de una manera más directa. Hasta llegar aquí ha pasado todo ese tiempo, hay gente que tarda menos y otra que más.

¿Has logrado sentirte segura en castellano?
Creo que no estoy segura en ningún idioma, de hecho canto en castellano pero en directo improviso en inglés. Canto en cualquier lengua que me venga a la cabeza. Si tengo cuatro frases que me suenan contundentes lo hago. Me siento cómoda en el castellano, pero no acabo de poder improvisar en él porque todavía me tomo muy en serio lo que digo. Quiero comunicar cosas muy específicas y son las que cuento, no otras.

Por eso no quiero que haya espacio entre tema y tema, para no ponerme a hablar con el público y empezar a decir cosas que en realidad hacen que pierda fuerza el mensaje. Todavía no estoy suelta del todo, igual no llego a estarlo nunca. En inglés me da igual, creo que no lo entiende la gente, aunque lo entienda. Es un asunto absolutamente subconsciente: aunque la gente lo entienda en mi cabeza creo que no. Entonces me suelto, improviso. Para mi la improvisación es importante, si no acabas de poder improvisar en directo no acabas de hacer música nunca.

Las canciones que tienes hechas en un disco las tienes que poder modelar, porque eso es lo que tú te llevas a casa. No es el dinero, lo que tú ganas es poder hacer cinco segundos de música. Donde tú te has olvidado de todo y de pronto estás cantando no sabes ni qué. Estás ahí, comunicando. Subo al escenario para que me pase eso, aunque sea un segundo. Con músicos era más fácil, con la electrónica es más complicado, hay muchas cosas programadas. Que la magia y la dinámica funcionen es difícil, pero estamos intentándolo.

Hablando de la electrónica, ¿cómo ha sido tu rencuentro con ella?
Me encanta, lo que ocurre es que trato de humanizarla, que sea menos programada. Podemos lanzar, tocar o bajar como si fuera un instrumento,  pero me gustaría que lo pudiéramos llevar a cabo mucho más, como si se tratase de una guitarra. De tal modo que si en ese momento lo que está pasando es muy violento, lo que tu hagas sea mucho más violento, y si lo que está pasando es mucho más suave, tú lo interpretes mucho más suave.

Vas con algo planeado, para luego poder cambiarlo. Con la electrónica es más complicado. El rencuentro es increíble a nivel sónico, pero está todavía por ver en directo. Con el público creo que va a funcionar, pero como experiencia personal no lo sé.

Alguna vez has hablado sobre lo que te costó encontrar tu timbre. ¿Cuándo la encontraste definitivamente?
Mi voz la encontré en el primer álbum. Antes cantaba en una banda de “soul” y hacía una versión de Aretha Franklin ochocientas octavas más altas que mi voz. Me canse de hacer eso y dije “quiero entrar en el estudio y cantar tranquilamente, en mi timbre y no al amor”. No sabía ni lo que quería cantar, fue entonces cuando comencé a hacer mis canciones. Empecé a cantar en mi timbre, bajo, tranquilamente. Son cosas que ocurren cuando tienes veinte, te sueltas y haces algo que no tienen que ver con nada.

¿Alguna vez no te sentiste conforme con tu voz?
No estaba conforme con la tonalidad porque estaba imitando a otra cantante, el estilo no era el mío y lo que estaba contando no era lo que quería contar. Supongo que te puedes mantener interpretando canciones de otros muy cómodamente y haciéndolo perfectamente, o puedes componer tus propios temas, supongo que son caminos que cada uno elige. A mí me gusta experimentar.

¿Qué planes tienes en el terreno cinematográfico?
Dentro de poco estreno una película que se llama “10.000 noches en ninguna parte”, de Ramón Salazar, que rodamos en Berlín hace un verano. Mientras sigo viendo guiones, nunca se sabe cuál se va a hacer porque no hay dinero, van para adelante pero no siempre salen. Lo más inminente son un montón de conciertos en junio. En julio y agosto estaremos más parados y retomaremos en septiembre octubre y noviembre.

En 2008 publicaste “Till It Breaks”, tu ultimo disco hasta la fecha junto al productor Carlos Jean. ¿El proyecto Nawjajean está cerrado?
Hicimos dos discos: el primero de mi carrera y luego, diez años más tarde, “Till It Breaks”. Completamente cerrado nunca puede estar tratándose de Carlos. Él ahora está en una dinámica de trabajo, con marcas y publicidad, y yo estoy en la contraria. Si en algún momento coincidimos será perfecto, pero ahora no estamos en lo mismo.

¿No se planteó grabar algo a continuación de “Till It Breaks”?
No, de hecho el título es “Till It Breaks”. Le dije, ¿qué te parece “Till It Breaks”, hasta que se rompa? Él bromeaba “hasta que la muerte nos separe” y hacíamos gracias con eso. Siempre acaba volviendo, con Raúl también estuve cinco años sin hacer nada. En España la gente con la que me manejo son ellos dos.

Hablas del tema de la publicidad y las marcas como si fuera algo negativo.
No, no es negativo. Le veo en “El Hormiguero” y es la antítesis de lo que yo estoy haciendo. Nosotros estamos grabando entre amigos, a cocción lenta, y él va a lo grande. Es una cuestión de volúmenes. Él está como los ejecutivos. Yo no me hago fotos a no ser que me las pidan, es el camino opuesto. No es algo negativo, es algo que él tiene muy claro y en lo que pone mucho esfuerzo.

Le hecho de menos en todo el apartado de producción porque se hacía cargo de mucha parte de la que yo me tengo que encargar ahora y es fundamental para que una banda funcione. Con el tiempo te das cuenta de que eso es necesario también, o no.

Uno elige. Yo estoy eligiendo el camino que quiero y el él suyo, en algún momento pueden coincidir otra vez. Él tiene fuerza para levantar lo suyo y yo lo mío. Siempre hemos hecho carreras paralelas.

¿Actuaba como escudo?
Prensa, medios, lo absorbía todo. Es increíblemente bueno para eso, haciendo lo otro también, pero es que eso se le da especialmente bien, enseguida se maneja. Yo no, yo estoy más pez.

Prefieres centrarte en la música…
Meto más horas sí, al final es una cuestión de dónde inviertes la mayoría del tiempo.

 Fotografías cedidas por Promociones Sin Fronteras

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