Nadie se cansa de Nacho Vegas

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A  las nueve de la noche del pasado jueves, con un gran público expectante, apareció el cantante asturiano en el escenario de la Joy Eslava ataviado con un traje oscuro. Una sala repleta le esperaba para escuchar sus nuevos temas desprendidos de La zona sucia y algún éxito de sus anteriores discos.

Lo que no sabía Nacho es que se iba a encontrar con un público tan deseoso de su música y que se deleitaba con cada una de sus estrofas. La primera canción que comenzó a sonar, como en su nuevo disco, fue “Cuando te canses de mí”, seguida de “Cosas que no hay que contar”. Buen sonido y el público aplaude sin cesar. Hay muchas ganas de escuchar a Nacho y el ambiente acompaña. La tercera canción es del antiguo disco, El manifiesto desastre, “Detener el tiempo”, que suena diferente, mucho más pausada y con la que Vegas se siente muy a gusto ya que el público la corea sin pausa.

A pesar de dudar en alguna ocasión del sonido, el asturiano es un animal del escenario, donde tiene total libertad para renovar sonidos de sus canciones. Además, hoy viene acompañado de Abraham, Xel, Luis y Manuel; su banda al completo que sin duda están dando lo mejor de ellos.

“Reloj sin manecillas” es la siguiente y la gente comienza a moverse en su sitio y a acompañar a Nacho con la voz. Se denota que la gente viene con las letras bien aprendidas. Mientras transcurre la pausa, y antes de que comience a sonar una de sus mejores canciones, “Dry Martini S.A”, el público le pide que hable, pero él, sereno y perenne en su sitio, decide darle más protagonismo a la música que a las intervenciones. Se escucha, entre murmullos, la extrañeza que sienten algunos ante el poco contacto que está teniendo con el público. Muchos de ellos son principiantes en esto de ver a Nacho Vegas en directo.

Desde 2006, y con cambio de guitarra, llegan los siguientes acordes. Una desgarradora “Hablando de Marlén” consigue que toda la sala se quede en silencio observando cómo Nacho Vegas disfruta cantando sus letras, cerrando sus ojos para no perder ni un ápice de sentimiento. Abraham Boba decide en este caso acompañarle con un precioso acordeón. De Cajas de música difíciles de parar suena “Maldición”. Por el momento las canciones antiguas superan en número a las nuevas y todavía no hemos llegado a la primera hora de concierto.

Con “Incendios”, consigue transmitirnos la sensación de celos en la que se basa la letra. Justo después llega una de las más esperadas, “Perplejidad”, que se queda un poco coja sin los coros de los niños. Se hace bastante corta, siendo una pena que durante el concierto con algunas se haya explayado y con ésta haya sido tan correcto.

“Palacio de papel” es la elegida para hacerla a dos voces con Xel; y para que, justo después y tras la insistencia del público, Nacho se arranque a dar las buenas noches y presentar animadamente a sus músicos. La gente por fin respira tranquila y parece disfrutar del concierto completamente.

Se acaba de cumplir la primera hora y para celebrarlo Vegas ha escogido “Me he perdido”. La gente entra en éxtasis, incluso, a pesar de que Nacho se olvide de la letra, lo toman con humor y le aplauden sin cesar.  De hecho, son muchas las canciones en las que el público no ha podido esperar al final para aplaudir.

Por el ritmo del concierto, parece ser que llegará a las dos horas y con sólo un bis de por medio. Ahora suena “Lo que comen las brujas”, en la que el publico se motiva cantando los “oh oh oh” y seguidamente “Va a empezar a llover” del disco en común con Enrique Bunbury, El tiempo de las cerezas. A continuación suena “La gran broma final”, la gente la canta y la disfruta totalmente. Es el single y lo toca antes del bis, la gente comienza la quiniela para saber cuál será la que cierre el concierto. Pero por el momento hace una reverencia y se marcha junto al grupo.

Tras el descanso, y en el primer y único bis, Nacho sale con guitarra española para tocar él solo “Canción del extranjero”. La segunda elegida es “Taberneros”, una de las creaciones más sublimes del último proyecto y hay una tercera, “El mercado de sonora”, la cual resuelven con un final apoteósico y bastante psicodélico en la que Boba y Vega aporrean los instrumentos; aunque no es la mejor selección para cerrar.

Ya no dio para más, el artista se despidió del escenario y del público y sólo quedaba valorar  el concierto. Sin duda, Nacho Vegas está en una época muy buena.

Crónica y fotografías: Elena Matías.

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