Nadie me ha preguntado pero…

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En los periodistas, como en los escritores, hay una tendencia natural a querer contar a los demás sus opiniones, pensamientos, observaciones e ideas sobre cualquier cosa que les rodee. A veces lo hacen como expertos conocedores del tema y otras como cualquier persona normal y corriente con ganas de charlar. Mucha gente desconoce qué es lo que se estudia en una carrera como periodismo, y seguramente, a muchos, les sorprendería lo que se imparte. Una de las primeras cosas que te dicen todos los profesores es que “el periodista debe tener una cultura general muy amplia”. Y eso es nuestra carrera. Estudiamos historia, economía, teorías sobre comunicación y ciencias sociales, literatura, política, lengua, sociología, publicidad, empresas, etc. Desgraciadamente en detrimento de cosas más específicas del oficio periodístico.  Es difícil hacerse experto en algo concreto y si lo consigues será por tu fuerza de voluntada para investigar en el campo que más te guste. Al final sales con muchas ideas en la cabeza, otras las pierdes por el camino, pero lo que sí te crean es esa necesidad. De saber y de opinar de un poco de todo. A veces las opiniones son acertadas, otras muchas no. Pero esa necesidad la llevas contigo allá donde vas. También la de expresar.

Estas últimas semanas me ronda un tema en concreto: la generación ni-ni. En realidad, para no ser tan específicos, a lo que le he dado vueltas es a la juventud actual. Ustedes pensarán qué tiene esto que ver con lo que ha dicho anteriormente, pues nada. Pero me ha parecido una buena manera de empezar. De traerles hasta mi cabeza y mis pensamientos, para plantearles mi visión del asunto y para conseguir, si es posible, que mis dudas pasen a ser también las suyas. Para expresarles, en base a mi necesidad, toda mi argumentación al respecto. Volviendo a lo que nos ocupa. Hoy en día la preocupación sobre esta generación de jóvenes, que ni trabajan ni estudian ni nada de nada, va en aumento. La prensa hace artículos sobre el problema y en la televisión se hacen programas (que suelen causar vergüenza ajena) sobre estos individuos u otros de peor calibre. Nos vale como ejemplo ese reality llamado Generación Ni-ni y otros como Hermano Mayor. Pero también podemos encontrar ejemplos entre los más pequeños como Super Nani. Todos estos programas televisivos se basan en sacar a la peor juventud posible y aunque nadie quiera decirlo: los padres menos adecuados.

Antes de meterme a criticar dichos programas, tienen mucha critica y no precisamente constructiva, quiero hacerles (hacerme) unas preguntas: ¿por qué existen jóvenes que no están dispuestos a hacer nada?, ¿de quién es la culpa?, ¿ creen que esta visión de la juventud ayuda al resto de jóvenes que sí intentan hacerse un futuro? Y la más importante ¿alguien cree, de verdad, que la generación ni-ni es algo actual?.  Por mi cabeza pasan varias respuestas, ninguna definitoria de la solución. A la primera les diré que puede ser culpa de la sociedad actual, la que hemos formado entre todos, la que están formando. No diré lo de que es una sociedad sin valores, porque quiero pensar que aún quedan, pero sí que es una sociedad que se desarrolla más deprisa de lo que es capaz de asimilar. Y sin saber que efectos tienen muchas cosas las damos como válidas, para después ver que no lo son tanto. A día de hoy ser joven es tan difícil como lo era antes: los padres no nos entiende, los profesores son diablos disfrazados de personas, los políticos no hacen nada por nosotros ni para nosotros, las empresas tampoco, la ropa no nos vale, las fiestas son muy caras, mi amiga liga más, me salen granos, la policía siempre nos tiene como sospechosos, etc. En eso no somos distintos del resto de generaciones. Quizás puede ser que la educación no es lo que era (como dicen nuestros mayores), o un influjo de tanta televisión y tanta tecnología (las redes sociales son lo menos social del universo, crea seres individualistas que no necesitan quedar con sus amigos en el parque porque se lo cuentan todo por Internet, son amistades entre ordenadores, no entre personas. Sin quitar el mérito de poder conectarte con un amigo que pueda estar en la otra punta del mundo), pueden ser tantas cosas. A la hora de buscar culpables no tengo tantas dudas, culpables somos todos: padres, profesores, sociedad, políticos y los propios jóvenes.

Yo no nací hace treinta años, pero si les puedo decir que los padres de mi quinta no tienen ni parecido con los actuales. Por lo que se puede ver en la calle, restaurantes, cines y demás lugares públicos, los padres modernos no tienen ni idea de: lo que es tener un hijo y de cómo educarle. Pondré como ejemplo la histeria que hay ante que un padre o una madre le den un azote a un niño. Traumático dicen los expertos, chorrada. Cierto es que no hay que abusar de la fuerza ante los débiles, que no tiene que ser la medida correctiva para todo y en cualquier momento. Pero les aseguro, que yo recibí uno y no por ello voy al psicólogo. Los parques infantiles ya no tienes tierra donde dejarse las rodillas, ahora todo es blandito, los columpios son coloridos y raros, ha quedado olvidado el neumático colgado de algún sitio. De las series infantiles y los anuncios de los juguetes prefiero no hablar. Los padres premian a sus hijos por las buenas notas, las buenas conductas o porque sí. Les permiten berrear, correr, incluso que les peguen. Cuando les chillan no les corrigen y no son capaces de controlar a un niño rebelde. La opresión es mala, pero el libertinaje suele ser peor.  Añadimos a los profesores que, a parte de condicionados por los papis vengadores, cuentan con menos reconocimiento y menos ganas de trabajar. Hay profesores muy válidos, a otros habría que investigarlos. De la sociedad que suele dejarles en último lugar. Y de los propios jóvenes, acostumbrados a que nos lo den todo hecho, a ver demasiada tele y demasiado cine, armados, muchas veces, de prejuicios contra otros jóvenes. Sin fuerza para pensar que no afectan a nadie con ciertas posturas, excepto a ellos mismos y a su futuro. Estos jóvenes nos hacen un flaco favor a otros muchos, a los que llenamos autobuses y metros por la mañana para ir a estudiar una carrera, una FP o un cursillo de lo que sea. A los que combinan trabajo y estudios, a los que solo trabajan, a los que solo estudian. A los que salimos por la calle sin ganas de hacer daño, ni destrozar cubos de basura, con intenciones más sanas como dar una vuelta o salir de fiesta. A los que cuando salimos al mundo laboral tardamos meses en encontrar algo y si lo encontramos suele ser mal pagado y no precisamente de lo “nuestro”.

Y por último decir que no, que esta generación no es actual. En todas las generaciones han existido aquellos que han elegido el camino fácil: el de no hacer nada y esperar que alguien me lo haga. “Porque papi y mami siempre están, porque ellos me sacan de los líos y me lo pagan todo, como han hecho desde que soy un bebé. Porque ese es el deber de papi y mami, y me da igual si están mal de salud o de dinero, porque yo no les pedí nada y ellos me lo han dado, así que problema suyo, no pueden disminuir mi nivel de vida porque me dejarían como un tonto ante mis amigotes, porque ellos sean estúpidos yo no tengo que pagarlo”. Estos pensamientos que se les pasan a muchos jóvenes hoy en día, se les pasaban a muchos otros. Jóvenes que han caído en la delincuencia o en las drogas existían antes y ahora. Y vagos han existido siempre.

En cuanto a los citados programas, no hay que decir que las joyitas que sacan no son, en mi opinión, representativas de la juventud. Son el extremo malo de la juventud, a donde se llega cuando la sociedad, los padres y los educadores no saben llevarlos. Hasta el punto de que tenga que venir un extraño a tu casa para enseñarte como te tienes que comportar con el niño, cómo se le educa y cómo se le controla. Cierto es que hay jóvenes y niños con problemas que un padre sin un experto no puede solucionar, pero esos problemas no se superan con una semana de salir por la tele mostrando al mundo que mi hijo es capaz de controlarme a mi.  Y respecto a esos jóvenes que gritan, chillan e incluso agreden a sus progenitores, se me ocurre una solución más rápida que el paripé en la tele y desde luego mucho menos pacífica. Ahí es cuando te das cuenta de que un azote a tiempo hace milagros, que cortarle el grifo puede haberte solucionado la existencia y que la gente es capaz de crear verdaderos monstruos. Y sientes pena de que ese chico o esa chica sean tan tontos, de joderse así la vida, de convertirse en el hazme reír de cualquier estudiante o currante (de lo que sea) de la misma edad que ellos.  Me temo que mostrando estos casos tampoco hacemos ningún bien a los futuros jóvenes. Ya no interesa un chico que haga bien las cosas, lo que le vale a esta sociedad es un chico que ya no tiene remedio y que por mucho programita que le metan, no lo tendrá.  Y este es el avance de la sociedad del siglo XXI, hemos pasado del repelente niño Vicente de los programas de radio, al repelente joven Vicente master en la mala educación.

Fuente de la imagen
www.paraisosperdidos.wordpress.com

4 Comentarios

  1. Muy buen artículo. Esto de los ni-ni ha existido toda la vida, solo que vivimos en una era en la que todo está televisado, y es esta dependencia nuestra con la televisión la que nos hace generar ideas totalmente erróneas, tan erróneas como el decir que somos una generación “perdida”.

    En resumen, totalmente de acuerdo con el artículo.

  2. Asistencia para ver a Paco González y su equipo: Salón de actos repleto, no cabe un alfiler.

    Asistencia para ver a un experto en Historia Contemporánea: primera fila y gracias.

    Eso te da una idea de cómo es la juventud actual. No sé cómo sería antes, pero la de ahora, en general, da pena.

  3. Gracias Aruto por tu comentario.
    Martin, no se ofenda, respeto mucho su opinión pero le voy a rebatir. No estoy de acuerdo con el ejemplo que ha puesto como prueba de un mal en la juventud. Por varios motivos:

    1. Es posible que muchos alumnos no hayan podido acudir a esa conferencia ya sea por horario, clases (profesores que hacen firmar), trabajos, enfermedad, etc.
    2. Casi todos los alumnos de la facultad de periodismo pierden el “culo” cuando viene un periodista reconocido a dar una charla, seguramente porque es lo único periodistico que vayan a oír durante todo el curso (seguramente durante toda la carrera) También porque es una forma de conocer a ciertas personas que de otro modo es más complicado.
    3. Lamento que el experto (creo que en este caso era experta) en Historia Contemporanea se encontrara con ese panorama, pero comprendo a aquellos alumnos, del curso que sea, que llevan tres horas escuchando historia. Aunque hayan dado varias asignaturas. Porque a la postres estudiamos historia de todo, teorias historicas sobre todo, etc. Y que les apetezca más encontrarse con alguien que vive ese mundo del periodismo (que al final es lo que nos gusta a todos los estudiantes de periodismo) y no tanto en la historia. Seguramente la conferencia era muy interesante, pero tenemos ansias de que alguien nos enseñe sobre periodismo, no sobre historia. Llega a un punto que de estudiar en varias asignaturas un recorrido historico ya no sabes ni en que siglo te andas.
    4. Si se pudiera ver la página web de la facultad observaria que el día de ambas charlas, la conferencia sobre Historia Contemporanea no estaba publicitada, la de Tiempo de Juego sí. COn lo cual el desprecio a esa conferencia no ha sido solo por parte de los jovenes, sino también por parte de la entidad. Por parte de los adultos. Podian haber intentado que no coincidieran ambos eventos, sabiendo el potencial que una de ellas tenía sobre la otra.
    5. En la vida, en el día a día, hay miles de conferencias y de coloquios y charlas. Y como todo esto va en gustos. Hay gente a la que le gustaran las conferencias sobre un tema y no sobre otro. Igual que la gente elige a cuales ir, pasa en la universidad, porque sea culto no tiene porque ser interesante para todo el mundo.

    De todas formas, muchas gracias por tu comentario y te ruego que no te tomes a mal mi contraargumentación.

  4. Me has hecho recordar un día (tendría yo 7 años) en el que mi madre salio a regar las plantas que tenía en el rellano común de la escalera con el atuendo completo de maruja mañanera, y a mi no se me ocurrió otra cosa que cerrar la puerta de casa, acercar una banqueta a la puerta para asomarme por la mirilla y estarla vacilando un buen rato (la hice bailar y todo). Claro está que en cuanto la dejé entrar me lanzó una zapatilla teledirigida (de estas tan típicas de las madres) que me dio en la espalda y me tocó una buena regañina.

    Y aún sonrío cuando lo recuerdo, no me ha causado ningún trauma. Cuando un padre le “pega” a su hijo, al menos así ha sido en mi caso, no le da fuerte. ¿El niño llora? Pues claro, porque le duele más en el orgullo que el cachete que se puede llevar. Claro está que hay casos y casos (padres y padres, hijos e hijos, “azotes” y AZOTES…) Pero yo no entiendo tanto tiquismiqueo con esto, sigo pensando que vale más un cachete a tiempo que mil consejos.

    Yo recuerdo que de pequeña jugaba en parques con el suelo de tierra, los columpios de metal y las esquinas picudas. Te caías, te sangraba la rodilla, ibas a la fuente, te la lavabas y ale, a seguir correteando. Hoy en día, un niño se cae en el suelo acolchado de esos parques tan seguros y le faltan hasta lágrimas del circo que monta. Un par de rasguños en un niño, no son malos, al menos yo no creo que lo sean, pero con tanto corcho, y tanta gomaespuma… los niños de hoy en día se han vuelto un poco más blandengues que los de antes.

    Creo que generalizar en cuanto a generaciones es hipócrita, siempre hay de todo. Pero a mi me hace gracia los padres que afirman no poder controlar a un hijo ni-ni. Vamos a ver, si tu has creado un monstruo al que siempre le has consentido todo, no esperes que venga el Hermano Mayor de la tele a solucionártelo en dos días. Esas cosas se ven venir, porque un chaval no cambia de ser un hijo modelo a ser un camorrista que le da palizas a su madre de un día para otro, quien no ha sabido actuar como padre, antes de andar llorando por las esquinas, debería de echarle un par y asumir su responsabilidad.

    Y segundo ¿Que es difícil controlar a un ni-ni? ¿Qué me estás contando? Un chaval sin oficio ni beneficio, que no ha dado palo al agua en su vida… ¿Difícil de controlar? Deja de darle dinero, verás como después de la rabieta de niñato se pone las pilas. Se habla de la generación de los ni-ni pero creo, sinceramente, que ya que a los medios se les ha dado por darle bombo al tema, deberían hablar también de los “criadores de ni-nis”, porque ahí es donde está el problema. Todos hemos tenido nuestra época rebelde, pero según la educación que nos han dado nuestros padres (que son quienes tienen la obligación de hacerlo, no los profesores) hemos salido de ella o nos hemos acomodado en esa época y ya no hay quien nos mueva de ahí.

    Podría comentarte muchas más cosas, pero creo que ya me he extendido más que suficiente. Sólo decirte que tu artículo me ha hecho reflexionar una vez más sobre estos temas y darle un enfoque algo distinto. Por ello te doy las gracias.

    Un saludo.

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