Nadal se reafirma como héroe nacional

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La selección española de tenis consiguió su quinta Copa Davis al vencer a Argentina en el estadio La Cartuja de Sevilla por un marcador global de 3-1. Rafa Nadal y David Ferrer allanaron el camino el viernes al vencer sus duelos ante Juan Mónaco y Juan Martín del Potro, mientras que el punto de dobles se lo llevó la dupla sudamericana formada por Eduardo Schwank y David Nalbandián, que derrotó a la integrada por Feliciano López y Fernando Verdasco. El punto definitivo lo conquistó Nadal el domingo tras ganar a Del Potro en cuatro épicos sets (1-6, 6-4, 6-1, 7-6 (7-0). España mantiene así su abrumador dominio en esta competición, donde suma cinco triunfos en los últimos once años.

El mejor equipo del mundo: Verdasco, Feliciano, Ferrer, Nadal y Granollers

Una victoria sencilla de Nadal ante Mónaco y otra bastante más peleada de Ferrer contra Del Potro empezaron a escribir la historia perfecta en el camino hacia la quinta Copa Davis. El sábado fue el turno para el dobles, único punto flaco del equipo español en esta competición. Feliciano López y Fernando Verdasco no han terminado de compenetrarse, y enfrentarse a una dupla como la formada por Nalbandián y Schwank no hizo sino descentrarlos del todo. Mientras los argentinos sumaban de forma rutinaria los puntos necesarios para la victoria, los españoles tenían que hacer un ejercicio de raza y coraje en la conquista de cada peldaño; mientras unos hablaban de forma relajada en cada pequeño descanso, otros tenían que emplearse a fondo en gritar y darse ánimos mutuamente para que la batalla no durara menos de lo previsto. Resultado: 2-1 y la Ensaladera esperando hasta el domingo.

Llegó entonces el turno de Rafa Nadal, que si bien comparecía en el escenario sevillano con tres Copas Davis en su palmarés, nunca había sido el jugador elegido para conquistar el punto decisivo. Era, posiblemente, uno de los pocos retos que el manacorí no había alcanzado en su carrera deportiva. Enfrente se encontraban Del Potro y la hinchada argentina, que por momentos consiguieron regresar atrás en el tiempo y el espacio a la final disputada en Mar del Plata en 2009.

Himnos, sorteo de campo, calentamiento. Todos los pasos previos se cumplieron debidamente y comenzó la batalla, porque lo de La Cartuja fue una batalla deportiva gloriosa, no un partido de tenis al uso. Nadal rompió el servicio de Del Potro en el primer juego, lo que hizo pensar a más de uno que la Davis llegaría sin mayores dificultades a manos españolas. Error. La fuerza de Delpo comenzó a hacerse patente y Nadal resistió la avalancha como pudo, pero el 1-6 que reflejó el marcador da idea de lo apabullante que puede ser una raqueta de tenis en manos de este gigantón tandilense de 1,98 metros.

La cara de Nadal no transmitía las sensaciones que acostumbra cuando juega en tierra batida, sino la del Nadal triste que pasó recientemente por el O2 Arena londinense sin pena ni gloria. Pero no era momento para lamentaciones, no delante de su propia gente, con miles de sevillanos dando color a La Cartuja e intentando contrarrestar a duras penas el fervor de la hinchada albiceleste. Al genio de Manacor le tocaba tirar del carro de todos: aficionados, compañeros y, en última instancia, del suyo propio.

Las aficiones española y argentina estuvieron unidas

El segundo set sirvió como punto de inflexión, aquel en el que se vio al Nadal que abusa de sus contrarios como un matón de patio de colegio, el de Roland Garros, el que se pone la camiseta roja en los partidos de Copa Davis y saca una bestia interior imposible de frenar. Del Potro tuvo gasolina para ponerle en más de un aprieto, pero finalmente la balanza se decantó del lado español para igualar el partido.

Nadal no tenía la menor intención de desaprovechar la segunda oportunidad e infligió un severo correctivo a Del Potro en el tercer set: 6-1. Con el marcador a favor y envolentonados por la superioridad psicológica y física (Del Potro acusaba el cansancio), Nadal y la afición española se veían ya dueños de la Ensaladera.

Pero aún quedaba mucho por hacer. La Davis no se trata únicamente de dos jugadores batiéndose en una pista de tenis. Las aficiones también juegan y la albiceleste supo emplear sus cartas a la perfección: animó como no se ha visto animar nunca a ningún equipo y en el cuarto set, cuando Delpo estaba tocado y casi hundido, comenzaron a jalear a su jugador, imposibilitando que el choque se desarrollara como es debido. Lograron su objetivo, sacaron a Nadal de su burbuja de concentración y le dieron una fuerza sobrenatural al de Tandil. Más de una hora se tardó en dirimir el cuarto set, con dos guerreros que habían sobrepasado el límite de sus fuerzas y que se mantenían en pie solo por el orgullo de convertirse en héroes de toda una nación. 

Cada punto era agónico; cada carrera de lado a lado de la pista, un calvario que ninguno dudó en afrontar. Breaks y contrabreaks estaban a la orden del día en la capital andaluza y nadie era capaz de aventurar el devenir del set. Así se llegó al tie break, en el que Del Potro apenas se tenía en pie y la afición argentina recibió un aviso que les obligó a bajar los decibelios. Por su parte, el banquillo español alentaba a sus aficionados y Nadal tenía toda su mente en orden para despachar de una vez por todas el partido. Siete puntos consecutivos del manacorí y quinta Ensaladera en once años para las vitrinas españolas, un logro histórico al alcance de muy pocos.

Nadal, ejemplo de deportividad, consuela a Del Potro

Con el partido ya terminado, se vivió una lección que ningún aficionado al deporte debió perderse. Mientras el banquillo español se abrazaba a Nadal en una rueda humana, este logró zafarse y se dirigió a dar la enhorabuena a Del Potro, que le esperaba con los ojos húmedos en la red, presa de la frustración y el dolor que debía sentir en esas piernas castigadas con nueve horas de tenis en dos partidos. Tras el abrazo a su rival, fue al banquillo argentino a consolar a todos: el entrenador Tito Vázquez, Nalbandián, su amigo Mónaco, Schwank y el quinto hombre, Juan Ignacio Chela. En ese abrazo estaba toda la afición española reconociendo el gran nivel que Argentina había mostrado en los tres días de competición. Las finales se dignifican cuanto mayor es la dureza del rival y, en ese sentido, esta Davis lograda por España es la que mejor gusto ha dejado en el paladar. El empeño del equipo albiceleste está fuera de toda duda y seguro que no tardarán mucho en alcanzar su propia Ensaladera, pero, al menos este año, el trofeo descansará una vez más en la sede de la RFET. 

Imágenes cedidas por RFET.

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