Nadal echa a andar

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El tenista español disfruta de buenas sensaciones en Viña del Mar tras siete meses de inactividad. Perdió en la final, pero sumó horas de vuelo como primer paso para volver a la normalidad.
 
Nadal no pudo culminar su regreso con un triunfo en Viña del Mar. Fotografía: César Pincheira / VTR Open
Nadal no pudo culminar su regreso con un triunfo en Viña del Mar. Fotografía: César Pincheira / VTR Open

Su rostro desencajado mostraba decepción. Después de perder la final de Viña del Mar, a Rafa Nadal se le notaba triste y cabreado. Estuvo a dos puntos de levantar un título, pero acabó cediendo ante la brillante actuación de Horacio Zeballos, un jugador que hizo el partido de su vida. Con la cabeza fría, unas horas después del sofocón, a buen seguro que al español le cambiaron los ánimos. La lectura de la semana de su regreso, después de siete meses de inactividad por una grave lesión en la rodilla, no puede ser otra que muy positiva.
 
El español no ha rendido, evidentemente, a su mejor nivel. Después de tanto tiempo de baja, nadie lo esperaba. Lo lógico era que acusara una cierta falta de ritmo y de frescura en las piernas, que tuviera ciertos problemas para recuperar la posición y que, cuando se alargaran los intercambios, le faltara esa potencia que normalmente le sobra. Y se notó en el encuentro ante Zeballos, que rozó las tres horas: “Me falta velocidad de reacción, me falta energía y potencia en las piernas para poder alargar más las pelotas. Ahora no tengo más”, admitió tras la final. Nada que no estuviera en el guión.
 
Pese a esa falta de fuerzas, su calidad y mentalidad han valido para que ganara sus primeros tres partidos de forma relativamente cómoda y en dos sets. Su superioridad en tierra batida es tan grande que no importaba que en semifinales su rival fuera un Jeremy Chardy capaz de cargarse hace menos de un mes a Juan Martín del Potro en Australia y alcanzar los cuartos. En dobles, modalidad en la que no suele prodigarse, también llegó a la final junto a Juan Mónaco. Pero el cansancio del duelo ante Zeballos le dejó mermado y otra vez sin título. 
 
Fueron dos derrotas dulces, porque cumplió el primer y único objetivo que se había propuesto: competir con garantías y el menor dolor posible en su rodilla. “Hay días en que la rodilla está mejor y días en que está peor, eso afecta a mi rendimiento”, admitió. Pero su tío y entrenador, Toni Nadal, desvela que según los pronósticos de los médicos “hacia final de febrero la rodilla debe doler menos”. En total, ocho partidos en seis días que le permiten sumar un buen número de horas de vuelo. “Hace una semana no sabíamos cómo iba a responder el cuerpo. Al menos, ahora sé que puedo competir hasta un cierto nivel. Ha sido una semana positiva”, resumió el español, que ya se encuentra en Sao Paulo.
 
En Brasil volverá a competir en dobles, esta vez con David Nalbandián; y en el torneo de individuales, si alcanza a la final, a buen seguro se toparía con un rival de más entidad, Nicolás Almagro, una cita que supondría una notable vara de medir. En cualquier caso, no será hasta los Masters 1000 de Roma, Madrid y Montecarlo y, sobre todo, hasta Roland Garros, cuando se comprobará si Rafa Nadal está en disposición de hacer frente a los reyes del circuito: Novak Djokovic, Andy Murray y Roger Federer. Entonces se verá si el mejor tenista español de la historia está en condiciones de seguir coleccionando éxitos.

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