My Fair Lady

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“¡Qué hay más importante que coger a un ser humano y transformarle en otro distinto al enseñarle un nuevo lenguaje!”, exclama con entusiasmo el profesor inglés, Henry Higgins. No sólo pretende enseñarla a hablar, sino hacerla pasar por duquesa en un baile de la embajada. ¡Qué disparate! Y es que en las primeras y oscuras escenas de este irresistible musical veremos a una Audrey Hepburn irreconocible que no deja de gritar desamparada. Con una estética siniestra más cercana los papeles que interpreta Helena Bonham en películas como El barbero de Sweeney Todd o El club de la lucha, que a la hermosa y coqueta Holly de Desayuno con diamantes a la que estamos acostumbrados.
De repente los colores se tornan vivos y tendremos la sensación de estar viendo escenas pintadas por Jordi Labanda. A todo movimiento. El snobismo de la alta sociedad. Esas caras de indiferencia que sólo saben poner los ingleses tras haber “disfrutado” de una excelente ópera de
Fausto o una deliciosa mañana en las carreras de Ascot. Y como no, Audrey Hepburn nos acabará enamorando, como siempre.

Ganadora de 8 oscars, entre ellos a la mejor película y mejor actor, este musical inspirado en la obra de teatro Pigmalion de George Bernard Shaw, nos hará pasar un rato muy agradable además de invitarnos a reflexionar sobre la moralidad y las costumbres que determinan las distintas clases sociales.

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