Mujeres corresponsales: doble peligro

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El calor inundaba Madrid y tan solo habían pasado cuatro días desde que mayo llamaba a la puerta. Las farolas de Gran Vía comenzaban a iluminarse. El Paseo del Prado, repleto de gente, desprendía su usual olor a arte. Mientras, en el auditorio del Ayuntamiento de Madrid (La Caja de Música), se formaba una inmensa cola para escuchar a cuatro mujeres corresponsales.

A las ocho menos cinco todo el mundo estaba en sus puestos; las ponentes sentadas esperando y el público atento dispuesto a escuchar. Como si de un pistoletazo de salida se tratase; David Alandete, director adjunto de El País, inauguraba la mesa redonda y presentaba a las corresponsales: Ángeles Espinosa (Oriente Próximo), Yolanda Monge (EE.UU), Pilar Bonet (Europa Oriental) y Macarena Vidal Liy (Asia).

corresponsales

Una charla en la que las cuatro mujeres dieron voz a sus propias historias, mujeres que salieron del país con la valentía de enfrentarse a un mundo totalmente diferente: nuevo idioma, nueva cultura, nueva gente, nuevas normas. Hora y media que adentró a los oyentes en un mundo desafiante y complejo. Corresponsales que cubren noticias en países donde informar está mal visto y a veces se paga con la cárcel o la muerte.

El Diccionario de la Real Academia Española define “corresponsal” como: Periodista que habitualmente y por encargo de un periódico, cadena de televisión, etc., envía noticias de actualidad desde otra población o país extranjero. Pero, corresponsal, es mucho más. Es una persona que en muchos lugares se juega su propia vida para contar historias. Es una profesión complicada, sobre todo en países en guerra o dictadura, en los que hay carencias en la libertad de expresión. Ser corresponsal y mujer a la vez, es aún más complicado.

En muchos países de Oriente Próximo existen discriminaciones y una serie de restricciones de libertades y derechos hacia las mujeres, aun así “las mujeres profesionales que vienen de fuera no están limitadas por las mismas reglas que afectan a las mujeres locales, son como un tercer sexo; un hombre honorario”, explicaba Ángeles Espinosa. Espinosa contaba su propia historia, una historia de superación: la corresponsal llegó a entrevistar al Ministro de Asuntos Exteriores del régimen talibán.

“¡Corresponsal! Yo no soy la corresponsal, soy corresponsal, hay que señalar que es una palabra que no tiene género”, aclaraba Pilar Bonet. Bonet es una referencia internacional, lleva desde 1980 cubriendo la información de Europa del Este y desde 1982 en Moscú. Deleitó al público con alguna anécdota de su oficio como, por ejemplo, cuando se tuvo que dar la vuelta apuntada por metralletas Kaláshnikov durante la guerra de Crimea.

Yolanda Monge trasladó al público al otro lado del océano, narrando su experiencia en Guantánamo: “cada día pasan una censura de las fotos. Al final, te vas a casa con la propaganda que te venden que sabes que no es la que hay detrás de los muros que no vas a ver. Te venden una idea que no existe.” Estados Unidos no es comparable a China o a Oriente Próximo, proseguía Monge, “pero Donald Trump está prohibiendo entrar a los periodistas extranjeros a las ruedas de prensa”.

Por último, Macarena Vidal con corresponsalía en Asia relató cómo es informar en China: “China es el quinto país del mundo, según RSF, empezando por debajo, en cuanto a libertad de prensa. El país con más periodistas encarcelados. Desde 2012 se han estado expulsado periodistas extranjeros. Cada vez es más complicado cubrir una noticia e intentas salir de los cauces establecidos.” Sin olvidar que existe una notable discriminación a la mujer.

Desde 1990 se han registrado 309 asesinatos de comunicadores en Irak, 146 en Filipinas, 120 en México, 115 en Pakistán, 109 en Rusia, 106 en Argelia, 95 en India, 75 en Somalia, 67 en Siria, 62 en Brasil (según FIP). Solo el año pasado se registraron 110 periodistas asesinados (según un informe de RSF), la mayoría son periodistas locales que mueren haciendo su trabajo en sus países de origen. A la lista roja hay que añadir los ocho periodistas de Charlie Hebdo asesinados en Francia en el terrible siete de enero del pasado año.

En un mundo que mata por decir, por hablar, por explicar, por gritar y por escribir, el trabajo de las y los corresponsales en lugares de guerra y conflicto es imprescindible para que esas realidades y sus gentes no caigan en el olvido. Las mujeres muchas veces lo tienen más complicado en un mundo y una profesón dominadas por hombres, por ello, nombrarlas, conocer sus nombres y hacer visible su trabajo es tan necesario.

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