Muchos dólares para los que los tienen

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Mucha gracia me hacen los gurús neoliberales y neoconservadores (dos palabras, por cierto históricamente antagónicas, que hoy, casi son sinónimos) en estos tiempos criticando las medidas de la gran mayoría de presidentes y jefes de estado del mundo aportando fondos a los bancos. Cuando escucho a Rajoy criticar a Zapatero por darle dinero a “sus amigos” los banqueros, me parece que el Partido Popular ha virado a la extrema izquierda.

Parece que se consuman las aportaciones de los Estados ante la caída de los bancos que han provocado, por cierto, ellos mismos. Es evidentemente que llama la atención que encima se tenga que aportar dinero público (de ése que nos quitan de nuestras nóminas) a los bancos, cuando no son precisamente una ONG cuando tienen unos beneficios multimillonarios. Especialmente en España, donde un Banco como el Santander tiene unos beneficios estratosféricos cada año, cuando una entidad bancaria está, en teoría, para mover el dinero y no para amasarlo en grandes cantidades.

A mí esto no me gusta nada, no me gusta que un Estado tenga que sufragar unas pérdidas, con unos créditos que no sé cómo se van a devolver (imagino que no con la misma exigibilidad por parte del Estado, que la que ellos tienen cuando prestan dinero), casi estamos hablando de un dinero público que se da a fondo perdido. Aun así, parece que no hay otra solución, es posible que la solución estaba antes de que estallara lo que ha estallado.

Ya digo que esta medida no me parece justa. Lo que me sorprende es que la derecha lo critique. Precisamente los que defienden esa economía neoliberal extrema que se viene llevando a cabo en todo el mundo, sobre todo en EEUU desde mediados de los 80 con Reagan y su amiga Tatcher. Un neoliberalismo que se adoptó en España a mediados de los 90 subiéndose al carro de una bonanza económica que iba aumentando más y más a costa de recortes al Gran Enemigo, al Gran Agresor de la Libertad: El Estado.

Todo creció, incluido el bienestar de la población que se podía comprar un coche que jamás había estado a su alcance, y podía irse de vacaciones a precios irrisorios, todo lo pagaban los bancos a créditos larguísimos, que daban sin demasiadas garantías. Eso pasaba sobre todo en EEUU con los famosos NINJAS, que se beneficiaban de un espejismo que no pensaban que fuera a parar nunca. Los beneficios de los bancos aumentaron vertiginosamente, igual que su ambición inventándose fórmulas inverosímiles de empaquetar hipotecas low cost a los ninjas. Todo aumentó excepto el control estatal, se fueron olvidando las teorías de Roosevelt que salvaron al capitalismo en una situación casi insostenible. Todo el mundo estuvo de acuerdo en que el Estado es un estorbo, que hemos de ser ambiciosos.

Es cierto que fuimos nosotros, los ciudadanos los que nos metimos en embrollos hipotecarios de los que nunca pensamos que no podríamos salir. Cuando necesitábamos algo, lo pedíamos a los bancos, es cierto. ¿Pero quién fue el responsable de inyectarnos esa confianza?, es evidentemente que ha sido una campaña proneoliberal extrema a la que todos nos aferramos, y en la que todos creían. Además estos gurús de los que hablaba antes, defendían a los bancos como nadie, de hecho siempre los banqueros han sido los sustentos básicos de la economía capitalista, los que han permitido facilitar el capital para los grandes y pequeños negocios (aunque estos pequeños negocios no le interesan demasiado porque no aumentan el PIB de un país) y en la famosa “generación de riqueza” que tanto gusta a este tipo de gente. La riqueza, para ellos se mide con dinero, todo se mide con dinero, y curiosamente, los dueños del dinero son los bancos.

Para mí no, para mí la riqueza de un país se mide con la posibilidad de ir a un médico gratuitamente; de tener una educación digna y, como mínimo, básica; de tener una vivienda digna;… Eso es riqueza para mí,y esa riqueza sólo puede darla el Estado. Que no se entienda esto como un alegato marxista barato. Por supuesto que es importante la iniciativa privada para crear trabajo y la otra riqueza, pero por esa riqueza no se puede pagar un precio tan alto como el que ahora han de pagar los países a los bancos. La intervención estatal no tiene que darse ahora a toro pasado, sino mucho antes con un control serio sobre esas entidades que se enriquecen a costa de mover nuestro dinero. Porque es eso lo que se están jugando, ni más ni menos que nuestro dinero y ahorros.

Fuente de la Imagen:
www.elpais.es / 21 de octubre de 2008

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