“Mr. Mercedes”, el debut de un veterano

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Stephen King deja de lado el terror de efectos especiales y elementos sobrenaturales para acercarse a uno aún peor: el de lo posible en la realidad.

1415188098_395775_1415188370_sumario_normalSabido es por todos que leer las obras de Stephen King es como subirse a una una montaña rusa: entre dos cúspides hay muchos altibajos. Es su estrategia para estar siempre en primera línea y es completamente respetable, pero precisamente por eso preferí no albergar demasiadas esperanzas con respecto a Mr. Mercedes (Plaza & Janés), su último trabajo, que se aleja totalmente de aquello a lo que nos tiene acostumbrados para ofrecernos una novela policíaca.

La historia comienza bastante fuerte, con un asesinato múltiple perpetrado a sangre fría y con un inspector de policía que se retira antes de poder cazar al asesino. Lo que se descubre poco después es que éste último también quiere cazar al inspector, pero, ¿quién conseguirá abatir a su presa primero?

No se trata de un “¿Quién lo hizo?”, ya que conocemos la identidad del asesino desde casi el comienzo de la historia -o desde que echamos un ojo a la contraportada-, pero se va desgranando a lo largo del libro un duelo de inteligencias entre Bill Hodges (el policía) y Brady Hartsfield (el asesino) que comienza cuando Bill está sumido en la apatía y planteándose el suicidio y recibe una carta anónima instándole a cometerlo y dando a entender que el criminal le ha estado vigilando. Sin embargo, esto sólo conseguirá despertar a Bill, que se toma el asunto de forma personal y decide perseguirlo por su cuenta, junto con unos ayudantes inesperados, rozando por momentos la ilegalidad. Pero, aunque Brady afirma que no siente el impulso de volver a matar, ¿será cierto? Y si no lo es, ¿conseguirán atraparlo antes de que lo haga?

De esta forma, Bill retoma el caso al margen de sus ex-compañeros de la policía, comenzando una nueva investigación, buscando los errores que se cometieron en la primera y tratando de obtener nuevas pistas mientras mantiene una peculiar correspondencia con Brady a través de una red social de máxima privacidad. Por su parte, éste trata de idear la forma de hacer el máximo daño a Bill y sus amistades para, finalmente, terminar con el antiguo policía.

Se podría decir que el libro tiene incluso algún aspecto moralista (aquello de no juzgar por apariencias ni dudar de una persona únicamente porque nos resulte antipática), aunque se nota bastante la firma de King sobre todo en su forma de bucear en desórdenes tanto afectivos como mentales y en la redondez de los personajes, que están muy bien perfilados, resultando completamente creíbles.

No considero que sea una novela policíaca brillante, aunque también he de decir que éste es un género al que soy aficionada y suelo tener unos estándares muy altos sobre el mismo. Tampoco creo que sea el mejor libro de Stephen King, pero hay un hecho que es innegable: engancha desde el primer momento. A mí las casi 500 páginas que tiene me duraron un día y disfruté durante toda su lectura. Y, para ser sincera, últimamente me cuesta encontrar libros sobre los que poder decir esto último.

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