Mourinho y el ocaso del ‘santo’

0
719

Iker Casillas ya no es aquel portero que deslumbraba a propios y extraños haciendo estiradas y contorsiones imposibles para detener los balones que ya estaban prácticamente dentro de la portería. A decir verdad, hace mucho tiempo que dejó de ser el portero de referencia para el Real Madrid, algo que esta temporada ha quedado todavía más patente.

El fútbol se puede entender de muchas maneras diferentes, la mayoría de ellas unidas e interconectadas, aunque siempre primando un componente sobre el resto. Por ejemplo, Florentino Pérez observa el mundo del fútbol como un gran negocio, que le puede ayudar a obtener contactos y grandes negocios. Para Cristiano Ronaldo, el fútbol es un deporte que le entusiasma y ha conseguido convertirlo en su forma de vida. Para  miles de personas que juegan en clubes de regional o en ligas de la amistad, el fútbol es un pasatiempo y una forma de mantenerse en buena forma. Y finalmente, para uno de los mejores entrenadores del panorama futbolístico actual, José Mourinho, el deporte que aquí se trata es primordialmente una batalla, una guerra.

El pensamiento del entrenador de Setubal es sencillo y directo. El aficionado desea que su equipo gane, independientemente de la forma en la que lo haga. Algo que es totalmente cierto y si no piensen quiénes se fueron a sus casas más contentos en aquella eliminatoria de Champions League en la que Samuel Eto’o acabó jugando de lateral derecho y el Inter accediendo a la final de Madrid. Sí, el Barcelona jugó mejor, eso es indudable. Pero no fueron los de Pep, sino los de Mou los que se llevaron el gato al agua (y nunca mejor dicho con aquella historia de los aspersores) y finalmente aquella Champions en la que a Van Buyten le rompió la cadera Diego Milito.

Así, para que la táctica de Mourinho funcione todos los jugadores deben estar subordinados a su estrategia de guerra, algo que implica compromiso dentro y también fuera del campo. Y fue en ese momento en donde la relación con Iker Casillas comenzó a decaer, lo que a su vez también causó el comienzo del fin de Casillas como uno de los mejores guardametas del mundo.

Lo cierto es que en la primera temporada de Mourinho en el Madrid, aquella en donde se logró la Copa del Rey, la relación con Iker Casillas era excelente. Más aún, The Special One no dudó en calificarlo como el mejor portero del mundo y merecedor del balón de oro. Claro está que Moruinho no cambia duros por pesetas, y aquellos elogios de la primera temporada debían ser respondidos por Casillas con una aceptación pretoriana de las decisiones del Capitán General Mourinho y ahí Casillas no aceptó totalmente el pacto no verbal que Mourinho propone a sus jugadores.

Después de la final de la Supercopa del 2011, aquella que en los minutos finales pareció más un cuadrilátero de Raw que un campo de fútbol, Casillas declaró algo así como que los jugadores del Barcelona se dejaban caer con facilidad. Sí, eso era precisamente lo que Mourinho quería de Casillas. Que el capitán del equipo llevase a cabo la estrategia del cuerpo técnico. Él (Mourinho) sabía cómo ganar al Barcelona, pero para ello se debía seguir su estrategia de la tensión y olvidarse de todo aquel engorro del señorío del Real Madrid. No obstante, Casillas se lo pensó mejor y no mucho tiempo después de aquellas declaraciones llamó a Xavi y a Puyol para discutir la situación e intentar calmar las aguas de aquel ambiente hostil que existía entre ambos equipos.

Aquella llamada disgusto enormemente al entrenador luso. Sin embargo, sabía que en aquel momento Casillas todavía estaba en un gran estado de forma y no podía prescindir de él así como así. Sin embargo, Mourinho, como buen Capitán General que es sabe recompensar muy bien a aquellos que han sido fieles con él, pero también sabe castigar a aquellos que no se muestran totalmente comprometidos con él, y en este caso concreto ese lugar lo ocupó Casillas. Es cierto que en su última temporada anduvo a la gresca con otros jugadores como Sergio Ramos, Pepe o Ronaldo, pero Casillas era el objetivo número uno de sus venganzas. Y es que al igual que Roma no paga a traidores, Mourinho no los perdona.

Sin embargo, Mourinho además de exigir fidelidad a sus jugadores, también sabe perfectamente que en ocasiones debe escoger entre ésta y la calidad. Por consiguiente, a pesar de que la relación entre el entrenador portugués y el arquero español no fuese positiva desde aquella llamada a Barcelona, Mourinho sabía que no podía prescindir de Casillas, principalmente porque seguía en una forma estupenda y para la afición seguía siendo un ídolo, seguía siendo un gran capitán. Sin embargo, todo cambió en aquel enero del 2013 en donde, curiosidades de la vida, Arbeloa le lesionaría de gravedad, dejándolo fuera de juego durante un tiempo. En ese momento Mourinho observó la oportunidad de consumar el cambio en la portería.

Llegó Diego López, portero alto y espigado, de esos que le gustan a Mourinho y sustituyó a la perfección a Casillas. Más aún, tan bien lo hizo el ex portero del Villareal, que cuando Casillas tuvo el alta médica, Mourinho decidió dejarlo en el banquillo en favor de López. Y ahí fue cuando comenzó la división de la afición madridista, la aparición de los piperos, el surgimiento de toda la historia del topor, el ninguneo a Diego López por una parte de la prensa, el mal ambiente en el vestuario y los roces de Mourinho con parte de la prensa deportiva española.

Todo lo escrito anteriormente puede parecer ir en la dirección que el declive de Casillas se debió a una especie de plan maestro tejido y desarrollado por Mourinho. Pero nada más lejos de la realidad. Cierto es que Mourinho tenía considerables diferencias con Casillas, pero su salida de la portería blanca se debía más que otra cosa a una cuestión deportiva. En primer lugar, porque Casillas ya no era un joven de 25 años, sino un portero de 32 años. Y no es que la edad fuese un gran problema en sí mismo. Después de todo, Buffon tiene 37 años y sigue siendo de los mejores porteros del mundo. Sin embargo, cuando tus habilidades dependen de la agilidad y de la rapidez, el paso de la edad no perdona. Especialmente si las salidas por alto y la colocación no son tu fuerte, como sucede en el caso de Casillas. Y es que no conviene olvidar que muchas de las paradas espectaculares de Casillas, aquellas que le dieron el apodo de El Santo, vinieron precedidas de errores de colocación y salidas en falso que no deberían haber ocurrido.

Por consiguiente, no, Mourinho no le retiró la titularidad por una inquina personal, sino que lo hizo por una cuestión profesional. Sin embargo, parte de la prensa decidió venderlo como una historia personal, lo que a su vez propició que los aficionados del Madrid también lo considerasen de esa forma. Sin embargo, el declive de Casillas era y es real. Cuando Ancelotti llegó la temporada pasada, el mismo debate sobre quién debía ocupar la portería del Madrid fue mantenido durante todo el año. Ancelotti tomó una decisión salomónica que iba más a aplacar los ánimos de parte de la prensa pro-Casillas y del entorno del propio jugador, que a buscar una solución duradera en la portería blanca. Finalmente, Diego López fue el derrotado de aquella pugna, a pesar de que fue el titular en la Liga, mientras Casillas lo fue en la Champions.

Tras una temporada 2014/2015 bastante floja por parte de sus dos porteros, el equipo técnico del Madrid, que contará con nuevo entrenador para la temporada siguiente, deberá remodelar la plantilla de porteros. Y en esa remodelación Iker Casillas debería quedar fuera, y abandonar el Madrid de una forma honrosa, si es que eso aún es posible. Pero posiblemente eso no sucederá. Primero porque para Casillas no debe ser sencillo abandonar el club y la ciudad donde ha desarrollado su vida y carrera profesional, y segundo porque parte de la prensa seguirá anunciando que sigue siendo El Santo. Sin embargo, el tiempo no pasa en vano, y Casillas ya no parece el portero adecuado para uno de los mejores clubes del mundo.  Eso es algo que muchos de los de su entorno deberían aceptar lo antes posible.

Dejar respuesta