Mongolia, o el Necronomicón del absurdo

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El libro rojo de Mongolia, que lleva muy poco en la calle, y de cuya gestación se han encargado Eduardo Galán, Darío Adanti, Eduardo Bravo y Fernando Rapa, parece que gusta.  

Todo, absolutamente todo, es lo que puede encontrarse al abrir este Libro Rojo de Mongolia: historia, religión, supersticiones y creencias, derecho, efemérides, política, economía, arte, usos y costumbres; incluso entrevistas con personajes destacados (desde Karlitos Marx hasta Jim Morrisey, Descartes y Einstein), cine, música, láminas, frases célebres, ilustraciones y caricaturas, hasta tests y psicología.… materiales muy apetecibles comprimidos en 300 y pico páginas que el lector puede llevarse a donde quiera (incluso al baño, que es, según afirmó uno de los componentes de la Mongolian Crew en la presentación en Madrid el mes pasado, el lugar ideal para disfrutarlo). ¿Le sabe a poco? Prepárese para una sobredosis de humor irreverente, del absurdo, del que pone todos los códigos patas arriba.

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Ejemplo de página típica mongola

No le busque sentido a El libro rojo: el primer libro de la revista homónima, que viera la luz hace ahora un año, no lo tiene. Ya en la portada reza: muy loco, como preconizando el estado en que puede quedarse el lector que, habituado a la sátira más exasperante de Mongolia, se atreva a abrir este manual del surrealismo. Porque así puede encontrar desde fotomontajes de lo más kitsch hasta el chiste más absurdo traído a colación con una gracia única. Y algo de mala baba, también. Pero aquí no se trata de ofender, sino de ser genuino, de tener eso que algunos llaman “estilo propio”. Será el llamativo color de la portada, objeto de tantas polémicas, uno de los detalles que incitan a agarrar inmediatamente el libro. El caso es que muchos ya tenían ganas de ver en las librerías algo original, tentador y suculento; en definitiva: provocador.

Porque bajo una apariencia de enciclopedia completa como retrato del mundo –recuerdo con cariño el inclasificable manual de sabiduría titulado Bienvenido al mundo, del genial Brieva, que arremete en una espiral de locura contra los ladrillos de la decadente (in)civilización moderna-, El libro rojo de Mongolia no es más que una excusa para provocar. Provocar la incredulidad y la carcajada al lector que, confuso, intentará explicarse cómo es posible que el esperpento renazca en pleno siglo XXI y se funda en esta ensalada de varietés al estilo “desecho de pop-art”, para dejarnos con la sensación de haber pasado por un psikhushka. De la A a la Z, de la cultura popular a los iconoclastas más conocidos, El libro rojo da un repaso a todo lo que todo ciudadano medio ha de saber y debería no olvidar: Van Gogh, Colón, la Revolución Francesa, el paquidermo monárquico como símbolo del progreso, Perón, Hitler… probablemente nada de todo esto tenga elementos en común, pero ello no es óbice para lograr su armoniosa convivencia en las páginas de este tomo. Así no hay excusa para no aprender Historia.

Dos matices con respecto a este libro: uno, es imposible pretender leerlo de golpe y porrazo. Se disfruta como el vino, lentamente y en pequeñas dosis (mejor será tomarse esta digestión con calma). Dos, una no sabe qué parte citar, qué pequeño fragmento extraer para mostrar hasta qué cotas de humor surrealista ascienden los mongoles. Será mejor que prueben suerte y abran por su cuenta, al azar, alguna de sus páginas.

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