MoMa hace posible que los videojuegos alcancen la categorización de arte

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El museo de Arte Moderno de Nueva York adquiere un paquete de 14 célebres videojuegos que se expondrán en las galerías Philip Johnson desde el próximo mes de marzo.

La adquisición de un talante de estas características parecía algo imposible pero, por fin, los videojuegos gozan del prestigio y reconocimiento que merecen, acción que se ha hecho posible gracias a la labor ejercida por uno de los mejores museos del mundo: el MoMa, quién ha conseguido eliminar la disyuntiva existente entre la inclusión de los videojuegos en el mundo artístico, o únicamente limitarlos al aspecto lúdico y de ocio en el que se han encuadrado desde su existencia.

Basándose en los aspectos artísticos y de diseño – especialmente en estos últimos -, el museo se siente muy orgulloso de contar con esta colección, mostrando además su deseo de ampliar esta compilación cuando sea posible -. No obstante, por el momento disfrutará de todas las posibilidades que estos catorce videojuegos – Pac-Man (1980), Tetris (1984), Another World (1991), Myst (1993), SimCity 2000 (1994), Vib-ribbon (1999), The Sims (2000), Katamary Damacy (2004), EVE Online (2003), Dwarf Fortress (2006), Portal (2007), Flow (2006), Passage (2008) y Canabalt (2009), brindan a la galería.

¿En qué se ha basado este tan conocido museo para elevar a la dimensión artística este tipo de juegos? “Un enfoque de diseño es lo que hemos elegido para esta nueva incursión en el universo”, así lo definía Paolla Antonelli, del departamento de Arquitectura y Diseño. Haciendo hincapié no solo en criterios relacionados con la calidad visual y la experiencia estética de cada juego, sino también en aspectos relativos a la elegancia del diseño del código, se pretende desarrollar una posición aún más fuerte en este segmento. Buscando el asesoramiento de expertos y la conservación digital, así como la opinión de juristas, historiadores y críticos – quiénes ayudaron a perfeccionar diferentes cuestiones relativas a la visualización o conservación de las piezas digitales – se pretenden estudiar, preservar y exhibir los videojuegos.

Todo ello, demuestra que MoMa tiene claro que hay videojuegos que se pueden utilizar para educar, para recrear o suscitar emociones, para probar nuevas experiencias, cuestionar como son las cosas, o imaginar cómo podrían ser. En definitiva, pueden provocar sensaciones muy similares a las que origina en nosotros el arte, ya que estamos ante un mundo lleno de diseñadores inventivos e innovadores que hacen uso de las nuevas tecnologías para mejorar.

Fotografía: Ana Carina

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