Mis mejores deseos para usted

0
719

Querido Jonathan:

Ponernos de acuerdo para escribirte una carta es el trabajo más difícil de la semana. Supongo que pensarás que tampoco debemos tener muchos trabajos difíciles, y los tenemos, pero decirle a alguien lo que tantas personas desean expresar de una vez es muy complicado.

Los ánimos por la época de los ansiados turrones y polvorones ya no son los mismos. Hace tiempo que la navidad dejó de ser lo que todo el mundo piensa de ella: la de la familia y el amor… y bla bla bla. Supongo que sabes a qué me refiero, supongo que sabes cómo se siente uno cuando echa de menos a alguien que no está. Contigo nos pasa algo parecido. Aunque sabemos que estás bien, dentro de lo que cabe.

A veces me pregunto cómo debe ser la vida ahí. Tú, tan hiperactivo, que siempre tiene algo que hacer… Se me hace muy difícil.

Sé que eres fuerte para saber que lo que hay aquí fuera vale la pena. Y te aseguro que para creerlo, que esto merece algo, hay que ser valiente. Muchas veces pienso si en una burbuja o habitación cerrada uno no estará mejor. Ocurren tantas cosas fuera… que a veces creo que es mejor estar alejado del mundo. Y perdona que hable así, supongo que hoy no estoy por la labor de ser optimista, y olvido además, que eres tú quien está en la cárcel, no me soporto. Pero no todo es tan negro para mí, otras veces pienso lo bonito que es sentir que uno hace lo que quiere, que va a donde quiere, que decide sin más. Lo que es ser libre, supongo.

Me pregunto si sabría verle algo distinto a un lugar que repites cada día durante más de un año. Pero estoy segura de que lo haría. Supongo que trato de decirte que de todo lo malo siempre se puede sacar algo positivo. Y te sonará la frase más repetida del mundo para seguir adelante cuando estás destrozado, pero también es verdad, aunque no sea mía.

Espero que estés aprovechando el tiempo de la manera más productiva posible, aunque estoy segura de que no hace falta que te lo diga, en eso sabes siempre lo que es el deber. El tiempo corre deprisa cuando haces algo que te gusta. Lo sé. Y estar triste en determinados momentos es lo más normal del mundo, somos humanos, así que permítetelo cuando lo creas oportuno, pero recuerda cuándo parar. Hablando de humanidad, quiero decirte que a veces he pensado que te veía un poco de piedra, un insensible, digamos.

Resulta curioso pero… recuerdo que cuando te vi llorar por primera vez me pareciste el niño más indefenso del mundo; me dio la necesidad de salvar a un hombre adulto, ¿no te parece raro? Sólo hacía falta observar tu comportamiento, que lo encuentro en ocasiones, innecesario. Otras, te encuentro un hombre alejado, distante, y despreocupado, lo que resulta ser la mentira más grande del mundo. Y algunas veces, cuando permites que tus ojos se crucen con los míos segundos contados, cuando decides no apartar la mirada, veo en ti a la persona que eres realmente, que de bueno eres tonto.

También quiero hacerte pensar, si es que lo has hecho alguna vez, de lo mucho que nos importas. Y te lo digo honestamente; puedo describir las caras de cada uno de tus amigos o familiares cuando escucho tu nombre de sus labios, y es una reacción que no deja indiferente, que emociona, como la película esa que tanto te gusta del samaria.

También te confieso que has enfadado de la manera más dulce, aunque te parezca contradictorio. No quiero recordarte que estás ahí porque tú te equivocaste de lugar, de persona, incluso en quién depositar la confianza. Tú te olvidaste también de nosotros. Pero no quiero recordar lo que tú sabes, aunque estaría bien hacerlo, no puedo mentirte, pero esto es una carta de navidad… ( ríete, que yo no puedo parar de hacerlo). Cuando es navidad todos somos buenos, todo se perdona… ja ja ja.

Pero no te iba a hablar de la navidad, la cuestión es que a ti no tenemos nada que perdonarte. Tal vez, este tiempo sirva para que te perdones a ti mismo. Porque las oportunidades que ahora mismo estarías viviendo, tú las has dejado ir.

Quiero también que recuerdes que nosotros estamos aquí para lo que necesites, siempre. Aunque sabemos que eres un hombre de pocas palabras, anímate a sincerarte, que ya verás cómo al final no somos tan crueles cuando nos dices la verdad de tu razón de ser, de tus decisiones.

Te preguntaría qué tal estás, va siendo hora a esta altura de la carta, (¿no?) pero supongo que la respuesta es más que obvia, aunque la escuchamos cada vez que llamas, la pregunta, y la respuesta; ¿qué tontería, no? Desde el lugar donde te encuentras… Es por eso que prefiero ir por otro camino para despedirme.

Todos te mandamos las fuerzas y las ilusiones para que esto acabe algún día. Para que te encuentres como mejor puedas estar. Si puede ser, que pienses que te queda mucho por dar. Y que durante todo este tiempo, que no tardará en llegar ese día que tú ves tan lejano, estaremos aquí. Como siempre Jonathan, simplemente tenías que mantener la mirada.

Y cuando vuelvas a ser tú, el de siempre, nos gustaría saber que sigues contando con nosotros.

Todavía puedes dejar de equivocarte, aunque así también se aprende. (¿Porque has aprendido, ¿no?). Todavía estás a tiempo de ser lo que eres, sabes que ya tienes lo más importante: una familia que te quiere, y que te echa de menos, y en esta navidad…. (no, no, olvidemos que es navidad, ¿mejor, no?)

Tu familia, que te quiere y te espera… siempre.

Cuando Marta cerró la carta pensó en el sofá donde lo encontraba siempre. La casa de su abuela le venía a la cabeza como sus ojos azules, tan cristalinos y llorosos.

Pensar que un hombre de corazón tan noble pudiera estar privado de libertad le parecía la idea más triste del mundo. Jugó con su pelo, enredando pensamientos y mechones castaños por doquier, y no pudo evitar contener el llanto. Su hermano se había equivocado de la peor manera. Se había enamorado de una mujer que jugó con él como quiso. Donde la discriminación positiva le llevó al lugar menos esperado, frío y gris del mundo. La idea que la gente tenía de que los hombres no lloraban y tampoco podían ser maltratados le causaba tremenda impotencia.

Pensó también cómo podría sobrevivir sin calefacción, un hombre que por las noches utilizaba más de tres mantas encima. Y lloró todavía más.

Sin duda, había sido “cruel” con el hombre que la había cuidado de pequeña; el mismo del que había aprendido a ser despreocupada, blanda por dentro y dura por fuera. Pero era su culpa, se lo merecía; y es que nunca la creyó, cuando una y otra vez le dijo que no era buena para él.

Desde entonces, Marta no cree en la navidad. No tiene amor ni fe. Y los mejores deseos de fin de año, ¿para quién? o… ¿para qué?

Abrió su diario y escribió con rabia para ella:

Puede que sea hora de que sepan que la fecha más benévola con los hombres y mujeres sea la misma época de siempre para otros, y me atrevo a decir que es incluso peor. Porque todos se empeñan en decir que en navidad todo es bonito, todo se perdona… y resulta que como en cualquier otra época del año, sigue habiendo más de lo mismo, lo que debajo de la alfombra.

Hipócritas quienes compran pensando en la felicidad. Hipócrita quien me dice que la justicia llegará a tiempo. Hipócrita yo, que no me creo mis palabras y sigo escribiendo, como si pudiera cambiar el mundo con ello.

Fuentes de las imágenes:
Josué Díaz Sánchez.
En Flickr:
http://www.flickr.com/photos/josuediazsanchez/5253245030/

Dejar respuesta