Mireia Belmonte entierra los fantasmas

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Desacomplejada, feroz y agresiva. Mireia Belmonte, 21 años, ha logrado la medalla de plata en la prueba de 200 metros mariposa, primera presea de la delegación española en los Juegos Olímpicos de Londres después de cinco aciagos días de competición. La figura de la natación española acaba con sus dudas en los grandes campeonatos sumando la quinta medalla olímpica de la natación nacional.

Mireia Belmonte inaugura el medallero español en Londres

El reto abismal de Mireia Belmonte no encontraba éxitos. La nadadora catalana, una de las habituales en los triunfos europeos, y acostumbrada a rozar la cumbre en los grandes torneos, había empezado floja su participación olímpica. Los más agoreros hablaban de los demonios de la nadadora, de su falta de competitividad, de esa extraña debilidad mental que siempre le visita antes de las grandes citas. Una decepcionante final de estilos, y una no clasificación, hicieron aflorar las dudas. Otra vez, Belmonte en el alambre.

Los 200 metros mariposa no parecían la mejor carrera para sumar. Aunque llegaba con la cuarta mejor marca, la prueba no figura entre las preferidas de la atleta de Badalona. Pero la nadadora del Sabadell salió fuerte, veloz. Terminada la primera piscina, la española marchaba en segunda posición. Las dos siguientes piscinas, las del paso por los 100 y los 150 metros, verían a la mejor versión que se ha tenido nunca de la nadadora. Trazaba Belmonte cada brazada con rabia, como si en cada una de ellas tuviera cuentas pendientes. El reto no era sumar una medalla, el reto tenía más relación con el honor. La lucha era contra las demás nadadoras, pero también contra sus fantasmas, contra el malditismo, contra los nervios que tantas veces le han atenazado. Y en el nudo de la carrera, en mitad de la misma, la proeza se había consumado.

Encaró la española los últimos cincuenta metros con una ventaja considerable. La nadadora china Jiao Liuyang, que había corrido resguardada y controlando, esprintó para adelantar a la española. Terminó con una gran marca, pulverizando el registro olímpico y estableciendo la nueva marca en 2’04″6. Detrás, exhausta pero decidida como nunca, Mireia Belmonte paró el reloj en 2’05″25, batiendo su propio récord de España en esta prueba por un segundo. 23 centésimas después, la japonesa Natsumi Hoshi, cerraba el podio.

Llegó entonces el tiempo de las lágrimas y la emoción. Mireia Belmonte rompió a llorar, una vez conoció su logro, dentro del agua del Centro Acuático. Minutos después recogió sus más de 400 gramos de plata con una sonrisa nerviosa. Tuvo tiempo, después del podio, para expresar su deseo de recuperarse bien para competir con garantías en la prueba de 800 metros libres, donde también tiene opciones de éxito. Día de triunfo, pero de responsabilidad con el futuro más próximo. La medalla, la primera, inaugura el palmarés de España en estos Juegos. Belmonte pone así tranquilidad en una delegación que suma diplomas e infortunios. Mireia instala, por fin, la tranquilidad en su propia carrera deportiva. La deportista talentosa, la eterna esperanza, tiene el metal más grande que una nadadora española haya conseguido nunca en unos Juegos Olímpicos.

Fotografía: RFEN

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