Mírate los zapatos

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En el transporte público es donde se puede saber realmente cómo es el ser humano. Alguna vez he comentado que, tanto autobuses como metro y cercanías, sirven para conocerse a uno mismo. Ya sea por el tiempo que se emplea o por lo que puedes ver y aprender en ellos. Deberían ser fuente de inspiración para sociólogos, psicólogos y psiquiatras. Todos los detalles buenos y malos de las personas se concentran en sus vagones. Antes de seguir he de entonar el mea culpa y avisar de que en mi crítica me incluyo, sé que no soy como debiera ser cuando entro en estos transportes. De hecho y siendo muy sincera, diré que llego a ser algo mala. Pero sin ser cruel.

No puedo acuñar lo de “ya no es lo que era” porque llevo, relativamente, poco tiempo usando los medios públicos. Antes no los necesitaba. Sin embargo estoy segura de que ya no es como era antes, sobre todo en cuanto a educación se refiere. La gente no se levanta si ve a una embarazada, un anciano, un accidentado o cualquier variante. He intentado medir, las pocas veces que ocurre, si ceden más el sitio los hombres o las mujeres. No lo he conseguido. Quizás es porque la que siempre se levanta es la menda. Pero ¡ojo! Cuidado con las formas de algunas personas mayores, mujeres en estado o lesionados. Algunos no solo reclaman su “asiento” sino que, si pueden, te chillan o empujan, aunque tú no te hayas dado ni cuenta de que, entre la masa, ellos estaban ahí. Sinceramente, en ese momento dan ganas de quedarse sentada y decir aquello de “ajo y agua”. No obstante una es respetuosa, a veces incluso tonta, se calla y cede el sitio casi avergonzada por no tener ojos capaces de ver a través de las cosas.

A pesar de esto, hay algo que me preocupa más que la falta de educación o no saber como andar por los pasillos del metro. Sí, la gente no sabe usar el metro. Entre los que andan perdidos, los que andan demasiado lento, los que no saben pasar por tu lado sin empujarte o rozarte, los que llevan el paraguas de tal forma que te pueden arrancar una pierna, los que no saben posicionarse en la escalera, los de las maletas, los que van haciendo el cafre, etc. Se convierte en una carrera de obstáculos. Bueno, retomo, que sino me voy por las ramas. Decía que lo que más me preocupa es el egoísmo y la indiferencia general. Somos deplorables. Bueno, la gran mayoría.

Una persona sin hogar, un lisiado o un vagabundo entra en el metro, lleva en la mano pañuelos o juguetitos para venderlos por un euro o menos. La gente del vagón, la que vaya despierta, gira la cabeza y oye al señor o señora que pide que le ayuden porque, por las razones que sean, se ve en esa situación. El personal gira otra vez la cabeza y realizan cualquiera de estos dos gestos: miran su calzado o a un horizonte inexistente, con una mirada como la que deben tener aquellos que ven a Dios o alguien parecido. Estos dos gestos se mantienen hasta que el susodicho/a abandona el coche. Exceptuando aquellos que hayan tenido el decoro de darles unos centimitos. Seguramente en esos segundos pasarán pensamientos por esas cabezas que huyen de ver la cruda realidad. O igual no. Espero que sí e imagino que serán del tipo: “si le doy a este le tengo que dar a todos…”, “¡ufff! Ahora buscar el monedero…qué pereza…”, “seguro que se lo gasta en alcoholo y en drogas”. Probablemente lo sé, porque son pensamientos familiares. Lo que me temo es que no todos acabarán en el pensamiento en el que termino yo: “doy asco”.

En una canción del El Canto del Loco decían: “y cuando nadie para un rato y mira a su alrededor, no se deja afectar”, creo que es perfecta para este caso. Porque al mirar los cordones de nuestros zapatos hacemos como si esa realidad no estuviera allí, esa persona no existe porque no la veo. No me afecta, no es mi problema. Mientras yo pueda tener mi I- Pad, mi Ipod, mi I-Phone, mi Mac, mi ropa de marca, mi colonia de Armani (por ejemplo), mis gafas Rayban, mis deportivas Nike, etc. No voy a malgastar un euro en ese desgraciado. Que si está así será por algo. Y nos bajamos en la parada más anchos que largos. Directos a nuestros trabajos, centros de estudios y hogares donde nos espera el calor en invierno y el fresquito en verano.

Muchas de esas personas que nos piden ayuda fueron como nosotros. A unos les llevo hasta ese punto las desgracias, a otros los vicios, las malas compañías, etc. Pero me pregunto si realmente importa. Si a mi me pasará lo mismo me gustaría que alguien me ayudara, como fuera. Porque lo más curioso es que muchas de esas personas que se miran los pies, a final de mes, le dan unos eurillos a una ONG para que en la otra parte del mundo ayuden a otros tantos que, también gracias a nosotros, las están pasando putas. Y perdón por la expresión. Es decir, intentamos acabar con la pobreza mientras que no este a nuestro lado. Los enfermos, moribundos y sucios pobres que los pongan lejos que sino no me gusta. No lo entiendo.

Alguien muy sabio me dijo una vez que antes de intentar arreglar la casa del vecino debes empezar por la propia. No digo con esto que dejemos de mandar dinero a la gente pobre de otras partes del planeta, sino que debemos atender también a la que tenemos justo en el asiento de al lado. Porque sino estamos haciendo una -o con un canuto. Empezaré por la parte que me toca ya que esa misma persona me diría: “se predica con el ejemplo”. Les invito a que hagan lo mismo si es que no lo hacen ya.

Fuentes de las imágenes:
www.ousferrats.com
www.flickr.com
www.revistacaricato.blogspot.com

3 Comentarios

  1. Hola Tomaida,

    muy bien, me ha gustado mucho tu artículo. Yo empezé a escribir uno sobre el ascensor del metro de Cuatro Caminos. Iba por la mismo direccion que el tuyo, pero bien, no me salió. Pero ahora estoy contento, me quedo satisfecho con el tuyo jejejeje. Ya está dicho.
    Saludos
    Caysa

  2. Creo que la cuestión es que no hay hoy es educación ciudana y ayuda o compasión por los demas.
    Es decir, antes habia un respeto por lo tuyo. lo suyo o lo de aquel. Hoy no lo hay.
    La gente iba en el transporte publico con modales. No habia tanta gente
    pidiendo como ahora, siendo la mayoria de las veces, una tremenda falsedad que nos ha hecho ser insensibles ante la desgracia de alguíen en la calle salvo que la veamos en la pantalla de un televisor o lo diga un medio informativo, pero si ocurre a nuestro lado salimos huyendo.
    Lo que dices es verdad….pero esta sociedad va perdiendo sus valores
    por el camino a toneladas.
    ¡¡Hay que seguir denunciando muchas cosas como tu lo has hecho!

  3. Yo suelo decir que soy tan egoista que solo doy dinero. Lo doy, eso si, para causas lejanas y cercanas aparte de a mucha gente de la calle pero soy tambien culpable de mirar muchas veces a otro lado.

    Un saludo.

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