Miedo

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Siempre ha existido información prohibida por algo. Como informar sobre los suicidios en ciertos países del Norte de Europa. Unos tambores intensos, repetidos, imparables te señalan al hombro y los sucesos callados arden la piel. En fin, hay asesinatos escalofriantes sin coartada que dejan sin alas a los padres y madres de la búsqueda insaciable de la verdad. Más palabras para Anna Politkóvskaya, conocida por todos nosotros por denunciar los abusos de los derechos humanos en la política de Moscú en Chechenia, entre otros méritos.

Yo estuve poco, tan sólo 9 días en Rusia. Particularmente, vi en cada movimiento del Neva brincar sueños de sangre, cómo los hijos resoplan al suelo vómitos en forma de humo, el resentir en las venas que agrietan la encrucijada. En resumen, intuí que antes había una ilusión que ahora se desvanecía.

Una ciudad que tiene en el turismo una hucha de ingresos, como San Petersburgo o Moscú, se preocupa por envolver su territorio de límites. Delimitar supone marcar el camino. Las guías de viaje sirven: consiguen dar pistas para alcanzar lugares inolvidables, sugieren itinerarios indescriptibles. Pero no les suele dar por indicar realidades que atenten la coexistencia pacífica de nuestra moral que, cuando la llevamos de viaje, suele preferir cogerse unas vacaciones. Existe la propensión de olvidarla para que no se ponga a pitar. Y un peso más que te quitas de encima. A ratos las guías me parecen meros soportes publicitarios, como los periódicos gratuitos. Restaurantes, tiendas y discotecas, sin evidentemente pasar por alto dirección, ahora también web, y precio.

No es ninguna novedad si digo el poder que lleva consigo la palabra. Se puede utilizar para urdir engaños, falsas esperanzas y mentiras, como es el caso de Putin, o bien se puede emplear como herramienta de protesta, denuncia e incluso acusación, cuando se mantiene la convicción de que la verdad no se ha contado, como hizo la periodista rusa en el asalto de la escuela de Beslán donde perdieron la vida niños, siempre inocentes.

Cuando el brazo armado del Estado es el mismo servido de un apéndice encapuchado y con gorra de béisbol, nos ayuda a no confundir el rostro de un extraño con el ya citado verdadero ejecutor del castigo. ¿Cómo puedes cortarle las alas en favor de tus intereses políticos?

En ciertos aspectos, recuerda Rusia al Estado artificial que elucubró Hobbes en su Leviatán. Se presenta así un país de la actualidad como un monstruo devorador concebido metafóricamente en el siglo XVII. El soberano absoluto lo encarnaría Putin y los súbditos vendrían a ser sustituídos por los ciudadanos rusos. En su obra capital, Hobbes observa que para garantizar la paz y seguridad de todos, el único modo es a través de un dominante Estado Autoritario que lo controle todo.¿Cómo lo conseguirá? Gracias al miedo al Estado, al otro, a sí mismo.

¿No creeis que infundir miedo sigue siendo la estrategia más utilizada por los gobernantes? ¿Tenía que callar Anna Politkóvskaya para proteger su vida?  La obediencia que niega la libertad de pensar y expresar, no es habitable. Hasta en nuestra facultad nos enseñan las profesiones cuya propiedad o habilidad esencial es saber guardar silencio. Qué mal.

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