Mi primer viaje al otro lado del Estrecho

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Parece mentira lo que te puede abrir la mente un viaje de tan sólo 5 días a Marruecos, un país del Sur que solo se encuentra separado físicamente por unos kilómetros de mar, y que si el día es claro, es fácil alcanzar a ver desde las costas de Andalucía. Pero la distancia física que nos separa es mucho menor que la distancia cultural e ideológica. A veces un abismo insuperable que no reside en la realidad, pero que si se arraiga en la mente y en el vivir de las personas del Norte.

Todos somos conscientes de la situación de las mujeres en países de religión islámica, todos sabemos más o menos que las cosas cambian cuando salimos de nuestro país y ponemos rumbo al Sur, pero no todos sabemos que cambian tanto como yo he podido comprobar. Nos creemos poseedores de toda sabiduría, de la verdad única e inigualable, así como nos sentimos conocedores de todas las culturas al mirar a los demás desde nuestro escalón de “europeos”; pero realmente, no sabemos nada hasta que no lo vivimos y lo vemos reflejado en nuestras propias pupilas.

Hasta que no paseas por calles estrechas de las ciudades marroquíes, llenas de hombres que te miran de manera inquisitoria desde su asiento de mimbre y mesa con té de menta, y en donde las mujeres son inexistentes hasta que no cae la noche o entras a los mercados de la Medina. Cuando tienes que comprar comida a hombres que esperan famélicos en las costas su turno para cruzar en patera y descubres que en esa costa está la puerta de tu lujoso hotel. Cuando ves cómo se anegan de lágrimas los ojos de un taxista por haberle dado 2 Dirham (unos 20 céntimos de Euro); pues los mira con ojos perdidos en la palma de su mano y sueña en gastarlos en algo bonito para sus hijas. Hasta que no logras sentir lo que ellos sienten, vives como ellos vives y sientes la arena del desierto entre tus ropas del ZARA, no puedes atreverte a decir que conoces el Sur. Y eso que Marruecos es un país al otro lado del Estrecho.

Por ello, y tras mi pequeño viaje a Marruecos, invito a todo el mundo a que viva su particular aventura de descubrimiento y sensibilización. Con esto no quiero destrozar conciencias ni lanzar una imagen aberrante sobre este bello país, pues también caminé por sus calles y monumentos con ojos emocionados, mi paladar disfruto como nunca entre especias y tes y tuve la suerte de conocer a gente realmente maravillosa. Lo que quiero hacer ver es que no podemos decir que conocemos un país hasta que no entramos en su vida cotidiana. Hay que salir del mero camino turístico, perderse entre sus calles y habitantes y, solo entonces, podrás sentir lo que siente ese país.

Fuentes del Texto:
Texto propio
Fuentes de las imágenes:
Imágenes propias

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