‘Mi cuerpo también’, diario desde el lado de la enfermedad

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Raquel Taranilla deslumbra con el lúcido e íntimo relato de la lucha contra el cáncer que marcó para siempre su vida.

10994179_1581093418804098_558609683520673862_n“Mujer joven 27 años afebril refiere dolor de espalda”. Así se inicia el episodio vital más desgarrador de Raquel Taranilla (Barcelona, 1981), que nos llega en forma de relato de no ficción gracias a Los libros del lince. Una lectura directa y cruda, sin sentimentalismo pero rebosante de lírica, que se convierte en imprescindible: Mi cuerpo también. Un relato de autoexploración con pasaporte a un mundo interior arrasado por la enfermedad. Sobre todo, una mirada al lado de la salud desde la otra ventana, desde la dimensión oculta del cáncer, la menos amable y no institucionalizada.

A finales de 2008 Taranilla, licenciada en Derecho y doctora en Filología Hispánica, se encontraba trabajando en su tesis en Barcelona. Lo que empezó como una molestia en la espalda, que bien podría ser causa del estrés o de las malas posturas, se fue convirtiendo en un impedimento absoluto para llevar una vida normal. Los primeros análisis rechazaron la posibilidad de que la autora padeciese ninguna enfermedad grave, pero la presencia del linfoma acabó por hacerse evidente; sometida primero a una cirugía y después a un agresivo tratamiento de quimioterapia, Raquel pasa varios meses en el hospital.

Mi cuerpo también es un libro construido en base a recuerdos, una voz que trata de proyectarse frente un futuro aún precario y vacilante, casi en ruinas. Es un relato de lucha, de transformación interna y externa, pero sobre todo de incertidumbre; si bien por momentos puede hacerse especialmente duro, enganchará con toda naturalidad. Nuestra inquietud, angustiada ante la amenaza de la vida, recorrerá estas páginas de la mano de un sentimiento de esperanza, pues el final de la historia lo sabemos -la autora vive para contarlo-, pero, con todo, queremos acompañarla en su calvario particular a pesar de las horribles visiones que sabemos que nos esperan. Su testimonio leído estimula los cinco sentidos, al describir con un talento único imágenes, sonidos, olores, texturas y sabores tan tétricos y escalofriantes como los que puede albergar un hospital.

Esta obra es una especie de diario íntimo, desnudado sin reparos ante los ojos de un lector desconocido que, al final, sentirá como propio el viaje de la autora y compartirá parte de su sufrimiento. Una lectura muy recomendada que no sólo emociona por lo intransferible de la lucha contra una enfermedad letal: también es un manifiesto, un ejercicio de autoafirmación, pues la historia de Raquel Taranilla no es sólo la que se lee en un informe médico y se archiva en un historial -la de una paciente que ocupa una cama, que responde favorablemente al tratamiento, la de una mujer a la que se le informa de que corre el riesgo de quedar infértil tras superar el linfoma-. Ella siente, sufre, observa, llora y teme, pero también ríe, habla, tiene esperanza, progresa y se deja arropar por familia y amigos: no es sólo un “oncocuerpo”, y lejos de disociarse de su condición tóxica -mecanismo de defensa muy común entre afectados por enfermedades letales-, acepta mansamente su nueva identidad transformadora, de la que sigue teniendo plena consciencia a día de hoy.

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