Mestalla eximió a Pellegrino

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Poco más de cien días ha durado Mauricio Pellegrino en el banquillo ché. El técnico argentino se convierte de esta forma en el segundo entrenador de la Liga, junto con su compatriota Mauricio Pochettino, en ser cesado. Su sustituto será Ernesto Valverde.

Pellegrino llegó al club el pasado verano para dirigir al equipo durante dos campañas. Fotografía: Víctor Gutiérrez

Nada hacia presagiar a Mauricio Pellegrino que el partido ante la Real Sociedad acabaría siendo su fin.  Nada hacía imaginar  que un partido que empezaba con un gol a favor en el minuto uno se volvería en contra. Nada.

Pero como dice el dicho del italiano adaptado de Juanito, 90 minuti sono molto longo. Por eso, cuando Carlos Vela daba la puntilla de penalti en el minuto noventa a un Valencia que perdía 2-5, la afición explotó. Y explotó contra un palco en el que Manuel Llorente se mantenía impasible.

A él iban dirigidos los pitos y pañuelos culpándole de la situación del club, recordándole como año tras año el Valencia había sido poco a poco desmantelado de jugadores como David Silva, David Villa o Jordi Alba. Mientras, llegaban jugadores incapaces de tapar su marcha.

Quizás por esto la afición decidió no culpar a Pellegrino en el juicio de Mestalla. Sabían que él en el fondo no tenía la culpa. Además debían de ser consecuentes con sus ideas. Ellos habían sido los primeros en pedir la destitución de Unai Emery la temporada pasada.

Sea culpable o no, Pellegrino deja al Valencia como un equipo de nubes y claros. Mientras en Europa cuajó una excelente actuación en un grupo complicado, en Liga el equipo hacía aguas: 12º en la tabla, siendo el peor visitante de la competición, y con solo 18 puntos de 45 posibles. Trece menos que los que sumaba el equipo en las mismas alturas de la temporada pasada.

Pero lo peor de este Valencia de Pellegrino ha sido la identidad. O lo que es peor, la ausencia de ella. El argentino no ha sabido construir un equipo con ideas fijas. Un equipo sin una formación titular clara. El Valencia no ha sido ni un equipo capaz de generar juego por posesión, ni un equipo fuerte en defensa que hace daño al contragolpe, ni siquiera un equipo de individualidades. Y claro, así es difícil que un equipo triunfe.

Dos días después de su marcha, el club daba a conocer el nombre del elegido: Ernesto Valverde, un técnico ya conocido en el fútbol español. El  Txingurri, como es conocido,  ha entrenado ya al Athletic, Villarreal y Espanyol, al que llevó a ser subcampeón de UEFA en 2007. Sus últimos años los ha pasado en Grecia, donde al mando de Olympiacos ha conquistado tres campeonatos de liga y dos copas.

Su misión es la de reconducir un equipo perdido en liga y recomponer un vestuario dividido. Pero sobre todo la de dotar de un estilo al equipo. Un estilo de fútbol atractivo característico de los equipos de Valverde. Una tarea difícil la que tiene por delante el cacereño.

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