Mentes descerebradas

0
199

Mentes peligrosas, así llamaron en castellano aquella película norteamericana de John N. Smith que describía la situación degradante de una escuela de adolescentes en un barrio marginado que despreciaban y desafiaban diariamente a sus profesores y todo el sistema educativo. Jóvenes de clase social baja, delincuentes, inmigrantes, vacilones y prepotentes que se dedicaban a hacerles la vida imposible a los profesores, mientras que el Estado mantenía a esos “alumnos conflictivos” muy lejos del sueño americano.  ¿Quién no ha visto ese drama con final feliz a lo americano donde la actriz Michelle Pfeiffer aparecía como salvadora de esas personas sin rumbo, a la que la sociedad había desechado, para darles clases de ética y regalar chocolatinas? Una salvadora, una superviviente a las burlas y  la falta de respeto, una PROFESORA… Bien, pues que alguien le diga a algún profesor de hoy en día que es la salvación de todos esos niños maleducados, chulitos y violentos de la sociedad española del s. XXI; esa generación de los porros por la mañana y la Play Station por la tarde; ese futuro del país que no lee ni un libro al mes y escupe a sus profesores… que se va a reír de vosotros y tiraros la película a la cabeza.

O también se lo podrían decir al profesor agredido la semana pasada por un chico de 15 años que ni siquiera estaba matriculado en el instituto de la localidad alicantina de San Vicente del Raspeig. Así mismo, el acoso y agresión al profesor pudieron ser constatados gracias a las imágenes grabadas por una amiga del agresor que, por lo visto, quería memorizar el momento. Golpes, patadas e insultos a un hombre que se suponía haberle pedido el paquete de tabaco al chico, cosa que había provocado su “falta de autocontrol”, según se ha referido el fiscal del caso. Al chaval no se le ha internado, ya que el juez ha considerado más justa la libertad vigilada, que no sabemos cómo será de vigilada… También, como castigo o premio, según cómo se mire, el menor ha sido inmediatamente escolarizado por su padre.

A eso, amigos míos, se le llama acoso escolar, en este caso a un profesor de un centro público que, impotente y asustado, huye ante su agresor, según he visto las imágenes. Una noticia que se está convirtiendo del montón y que pronto catalogaremos como “las que no extrañan”. Es algo así como con la guerra de Irak o los atentados terroristas casi diarios con decenas de muertos que antes impactaban y ahora ya aburren, si sólo se han quemado cuatro coches o una comisaría.

Los medios de comunicación ya tienen servido otro tema de actualidad, polémico y problemático; otra guerra, esta vez en los colegios e institutos españoles; con soldados que todavía toman Cola Cao por las mañanas y les piden dinero a los padres para el fin de semana; cuyos enemigos son personas que sólo tienen de defensa el viejo manual del colegio y miran con nostalgia a sus antepasados respetados y dignos de su trabajo.

Las últimas víctimas: dos profesoras y una alumna en centros educativos diferentes de Orense que han sufrido agresiones. Además tenemos a las dos chicas de 13 y 15 años, expulsadas de un instituto de Fuerteventura durante 8 días, por propiciar una pelea en las puertas del centro. Las alumnas participaron en una reyerta con armas blancas, en la que resultaron heridos un menor y una de las agresoras. Y si fueran pocos los casos, el portavoz de la Asociación Nacional de Profesores del Estado, Bernardo Huerga, ha afirmado que “problemas como éste se producen más a menudo de lo que se conoce en Canarias”, sólo que “la Conserjería está más interesada en silenciarlos, para no tener mala prensa, que en hacerles frente de forma efectiva.”

¿Adónde vamos a parar? Respóndanse ustedes. Yo sólo recuerdo aquellos años de mi vida en que los profesores eran mi segunda familia y la escuela mi segundo hogar. Aquellas canciones para recordar el primer día del “cole”, la primera excursión con los compañeros, el primer concurso de refranes…, nuestra querida profesora o profesor. Las charlas con mis padres de lo importante que era atender en clase, las riñas por no escribir bien el dictado, los ánimos del “profe” en no tener vergüenza al salir a la pizarra… ¿Dónde están esos tiempos?

No, yo no soy nostálgica, pero si mi hijo tendrá que crecer y educarse entre semejantes monstruos escolarizados, capaces de planear una paliza a un compañero después de clase o escupir a la cara un profesor, prefiero estudiarme todos los manuales del mundo y enseñarle yo sola que la escuela y el profesor son como la madre y el padre que tenemos: no los elegimos, pero siempre estarán allí.

Claro que eso mismo habría que enseñárselo a los padres de esas Pequeñas Mentes Descerebradas

Fuentes:
El País, 04/11/06
ABC, 04/11/06
El Mundo, 04/11/06

1 Comentario

  1. ¡Saludos desde Santiago de Veraguas, Panamá! Leí su comentario sobre la película “Mentes peligrosas”. La película está basada en la historia real de una profesora. El final, según tengo entendido, no es tanto el happy end gringo, se basa en la triste realidad del docente que tiene que aceptar que no todos los estudiantes lo lograrán o desearan lograrlo (superarse). La satisfacción, a veces, llega con el tiempo. Llega, cuando nos enteramos de que nuestros antiguos discípulos son buenos ciudadanos y llevan una vida digna. La maestra en que se inspira la pélicula, recibió un reconocimiento por su labor docente con esos jóvenes. En cuanto a la crisis en los chicos españoles, debo decirle que no es exclusivo; es un problema bastante extendido en occidente. Lo curioso es que eso ocurre ahora, cuando la ley pretende dar mayor protección a los menores contra el maltrato.

Dejar respuesta