Medios de comunicación: los mensajeros del miedo

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Conscientes del impacto mediático que supone cometer un atentado, los terroristas planifican al detalle sus acciones. Emplean las más avanzadas tecnologías y sofisticadas armas, asesinan inocentes, e incluso llegan a inmolarse para llevarlos a cabo. La premisa a mayor número de víctimas, mayor propaganda, parece haberse convertido en una fórmula matemática exacta e inmutable en materia de terrorismo. No importa cuál es la cifra total de víctimas con la que cuenta su haber, lo único verdaderamente importante es si con ella se obtiene la repercusión prevista.

Los actos terroristas distan de ser acciones anónimas. Son actos firmados y no precisamente en vano. La disparidad sustancial entre una acción criminal y una acción terrorista, se haya en la necesidad de los terroristas de que sus actividades sean publicitadas. Insólito sería que un banda de ladrones después de haber atracado por ejemplo, el banco central del país, teléfono en mano, se dispongan a hacer una llamada telefónica a su director para reivindicar la autoría del robo . Pero en el supuesto de que el grupo terrorista de turno no asumiera la responsabilidad de sus acciones, ¿conocería la opinión pública sus actividades?

El diálogo o las buenas prácticas no tienen cabida en su forma de actuar. Cuantiosas huelgas, manifestaciones y marchas pacíficas, han pasado de largo sin tan siquiera una línea o un minuto de gloria en los medios de comunicación. Parece que sólo los actos violentos y sanguinolentos son verdaderamente noticiables. El morbo se ha convertidor en el motor principal de los intereses informativos de la población. Por esta razón los terroristas, sabedores de que en la barbarie está la noticia, llevan sus prácticas al extremo.

Los terroristas utilizan el miedo como un cuchillo de doble filo. Es al mismo tiempo su arma más poderosa y su fin último. El terror es su mensaje y sus acciones la vía de difusión. Al informar sobre un atentado terrorista, los medios de comunicación como fuentes de información que son, garantizan el derecho de la ciudadanía a recibir información veraz cumpliendo de esta forma un derecho fundamental. El problema reside precisamente en que al hacerlo se concede, aunque de forma involuntaria, el protagonismo y la notoriedad que los terroristas persiguen. Las acciones terroristas sin los medios de comunicación no serían consideradas como tales, ya que nadie, o tan sólo una minoría, sabría de su existencia.

Fuentes de las imágenes:
http://ooche813.blogspot.com/2010/07/retrato-robot-de-un-terrorista.html
http://noti.hebreos.net/enlinea/2010/08/02/7120/

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