Me pegó porque la sopa estaba salada

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Había un sultán que cada noche degollaba a una doncella hasta que llegó Serezade. La primera noche le contó una historia tan fascinante que perdonó la vida a una doncella. Así hasta mil y una noches. Comprendería el sultán ¿como se sentía una persona que tenía que complacer, pero que te podía mandar a cortar la cabeza antes del alba? En estos momentos hay muchas doncellas pendientes de lo que decidan sus sultanes particulares. Puede ser aquel vecino tan simpático y amable del piso de arriba, o la madre de una amiga puede estar sufriendo malos tratos.
Las cifras son espeluznantes, y no debemos pensar que son asuntos privados y que no incumben a la sociedad, sino que es un tema público, o así debería ser, que nos ataña a todos y cada uno de nosotros, seamos o no víctimas directas de esta guerra en mayúsculas. Debemos alzar la voz por aquellas mujeres que durante tanto tiempo han permanecido calladas, que puedan vivir sin miedo, y que sepan que por amor no se mata. Tienen que volver
  a empezar a construir una nueva vida lejos de su pasado amoratado; que en el mundo si pueden seguir adelante, en el cementerio no. No queremos volver a ver en televisión una voz fría y desgarradora diciendo: “Sí, he matado a mi mujer porque era mía”.

Todos somos responsables, no podemos girar la cara como si no pasara nada, quien calla está ayudando a los que aplican la ley del silencio, unos camaleones inmersos en una sociedad hipócrita que no quiere ver los problemas que en realidad están presentes.

Sí, he  tenido una mujer maltratada delante y le he dicho que no somos servidoras de nadie, ni estamos sometidas a los hombres, que si se puede lograr una igualdad de sexos si todos luchamos, si todos les prestamos atención y las ayudamos. Por ejemplo, si aparece un anuncio sobre los malostratos pensemos pobrecillas… pero que no hagamos nada, simplemente cambiar de canal para que no nos haga sentir mal. Pero el día de todas ellas es duro, y no tienen la suerte de cambiar su vida con un mando a distancia.

Conocer la historia sirve para entender la situación de desigualdad que vive la mujer hoy en día. Podemos creeer que estamos muy avanzados en ciencia o que los ordenadores mejoren rapidísimamente, pero en algunos asuntos muy delicados seguimos en la prehistoria, porque alguien que es capaz de pegar a una mujer es un animal; puede dejar de considerarse persona para convertirse en individuos, por llamarles de algun modo, que ven que no pueden ejercer su poder con máxima comodidad por encima de la fémina, pero que la violencia es un arma que funciona, eficaz, que consigue callar la voz desgarradora de una lágrima, aunque duela a la víctima, le rompa el cuerpo y le parta la mente. De esta manera serán verdaderos “machos”. Personas admirables por todos ya que pueden dominar a su pareja, pero cuando maltratan hay que preguntarse si, en realidad, no se golpean a sí mismos, o a la sociedad que les desprecia. El microcosmos de la pareja al fin y al cabo repr esenta el macrocosmos de la sociedad.

Hagámonos partícipes de esta batalla pública, sólo quizá de esta manera, podamos construir un mundo mejor. Intentar arrancar una sonrisa a las víctimas, prometiéndoles un futuro mejor, un mañana lleno de esperanzas, ilusiones y alegrías, unos sentimientos que habían quedado hundidos en las entrañas de todas ellas, y que con un poco de esfuerzo podemos resurgir.

Recordar a todas las víctimas para que no olviden que su lucha será una victoria para siempre.

Fuente de la imagen: Google

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