La ‘Tierra Prometida’ de Matt Damon y Gus Van Sant

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El filme, que se estrena hoy en nuestras salas de cine, aborda el polémico método de obtención de gas natural y petróleo, la fractura hidráulica.

Han sido varias las veces que hemos podido ver al tándem Matt Damon y Gus Van Sant trabajando juntos. Como ejemplo a mencionar, están sus colaboraciones en la premiada cinta El indomable Will Hunting (1997), donde vimos a un joven Damon como protagonista (además de debutar como guionista) a las órdenes del estadounidense Van Sant, que en 2003 consiguió el premio a Mejor Director en el Festival de Cannes por su impactante largometraje, Elephant.

Cinco años más tarde llega a las carteleras Gerry (2002), una película semi-improvisada de supervivencia, en la que ambos repiten los cargos ejercidos en la película anterior. Parece que ya era hora de volver a hacerlo y el resultado es su tercer trabajo en conjunto, la nueva cinta Tierra Prometida (2012) que se estrena con retraso hoy, 19 de abril, en nuestro país.

Como no podía ser de otra manera, Damon tiene un peso importante en la escritura del guión de este filme (que co-escribe y co-protagoniza con John Krasinski) y Van Sant vuelve a estar tras las cámaras encargándose de decir “acción“. En Tierra Prometida, Matt Damon se pone en la piel de Steve Butle, alguien que muy pronto confrontará su trabajo con la realidad.

Steve es un hombre normal que se dedica, por motivos laborales, a viajar de pueblo en pueblo con su colega Sue Thomason (Frances McDormand). Ambos son agentes que trabajan como representantes en la compañía energética Global Crosspower Solutions. En una de sus muchas paradas llegan a Mckinley, en Pennsylvania, con el objetivo de hacer lo de siempre: persuadir a cada una de las familias que forman parte de la comunidad para que firmen lucrativos contratos que otorgan a la empresa energética los derechos a perforar las tierras de las granjas en busca de gas natural, a cambio de una gran cantidad de dinero, cosa que aquellas personas necesitan con urgencia debido a su situación de pobreza.

Lo cierto es que no hay nada más motivador a la hora de trabajar que creer en lo que estás haciendo y este es el caso de nuestro protagonista. Él se crio en una pequeña comunidad agrícola de Iowa que también tuvo que vender los derechos de sus tierras para poder sobrevivir, por ello Steve se muestra, en un principio, muy comprometido con su labor, haciendo saber a los propietarios de los terrenos lo afortunados que son al tener  bajo sus pies millones y millones de dólares, que pueden ser suyos con tan solo una firma. Un contrato del que, sin duda,  parecen salir beneficiadas ambas partes.

Los habitantes de la región no tardan mucho en ver con optimismo la propuesta, ya que es una excelente oportunidad de salir, de una vez por todas, de la crisis financiera de los últimos años.

Cuando el  trabajo está casi hecho allí, todo el mundo está convencido de aceptar el intercambio, se produce una reunión a la que acude el célebre profesor del pueblo, Fran Yates (Hal Holbrook), que advertirá a todos los ciudadanos de que los métodos para la obtención de gas noble que lleva a cabo Global Crosspower Solutions están lejos de ser los apropiados… Y esto solo será el principio, todo empeorará cuando llegue a Mckinley el ecologista Dustin Noble (John Krasinski), contra el que Steve y Sue tendrán que luchar.

La batalla entre ambos bandos para convencer al pueblo de tomar una decisión u otra lleva a los personajes a descubrir muchas cosas de ellos mismos y de la realidad, con la que topa Steve de bruces al descubrir que no todo es como él creía…

El filme llega en un momento bastante oportuno, un momento en que se está hablando y debatiendo mucho sobre la controvertida técnica de explotación–no tan actual como se cree- conocida como fractura hidráulica (‘fracking’, en inglés), que consiste en la extracción de petróleo o gas natural del subsuelo. Para ello es necesario realizar en la roca madre una inyección a presión de agua y productos químicos, con el objetivo de generar en el fondo microfracturas que permitan que circulen los fluidos y que así el gas se libere y ascienda a través del pozo a la superficie. La arena tratada químicamente actúa como agente de sostén, es decir, las fracturas permanecen abiertas para que el gas siga saliendo. Este método ha generado una gran alarma por sus riesgos medioambientales.

Por último y volviendo a la película: Tierra Prometida ‘promete’ mucho, al menos al principio. De hecho el guión es bastante correcto, la interpretación de los actores convence, pero hay giros en la trama que se contradicen. En un determinado momento, la película se pone emocionante para acabar cayendo en picado un poco más adelante. El final se carga por completo el concepto de realidad que habíamos ido adquiriendo a lo largo del visionado de la cinta… Sería un desenlace perfecto en un paralelo y utópico mundo, pero lamentablemente no refleja los valores de la sociedad capitalista actual. Esta contrapartida hace que éste no llegue a ser, como podría haber sido, un trabajo mejor de lo que es.

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Imágenes y tráiler de Universal Pictures

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