Máscaras para sobrevivir

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Este año volví a la Feria de Abril sevillana. La feria no sólo es, para los que se quedan con las apariencias, colorido de trajes de flamenca, luces, carretas… Para los que nos gusta indagar en lo que subyace a la cuestión de lo que nos rodea y ver más allá de las calles de albero, la feria es también un rencuentro de viejas tradiciones que se funden con las nuevas modas del momento.
Este año se impuso para la mayoría de los chicos de entre catorce y veinticinco años la moda de Cristiano Ronaldo. Por estilo Cristiano Ronaldo hablo de: pelos de punta con tres kilos de gomina, piercings
que simulan cristales de Swarovski en el lado izquierdo o derecho de la oreja, polos o superposiciones de blusas con cuellos hacia arriba, pantalones “cagados”, es decir, anchos y caídos de cadera y enseñando boxes de Calvin Klein, para que todos vean que vas al mercadillo del Charco la pava, lugar popularmente conocido en Sevilla por su “lujo” y glamur para los que son de fuera, y zapatillas de deporte de cualquier marca cara que del el pego. Este año se irradiaba “personalidad” por los cinco costados de la feria… La mayoría de estos chicos creen que llevan a la calle su estilo propio pero en el fondo lo que hacen es imitar a personajes de poca monta como Cristiano Ronaldo, y pido disculpas si alguien lo admira mucho y lo ve como su Dios. En sus años de gloria fue Ronaldo del Madrid el que era imitado por los chavales con cabezas rapadas a lo cero, y así hasta hacer una lista interminable tanto para ellos como para ellas. Las tendencias y las modas no dejan indiferentes a ninguno de los dos sexos. Pero no es de extrañar que surjan estas admiraciones entre todas las edades, en especial los adolescentes que aún no tienen una personalidad definida, puesto que vivimos en una sociedad donde importas más por lo que tengas que por cómo seas. Es la reificación que llaman los psicólogos sociales.

Soy consciente del grado de hipocresía y de falsedad que existe en el mundo en el que me tocó vivir. El guardar las formas y llevar ciertos tipos de máscaras en ciertos momentos siempre fue necesario para que la vida fuera más llevadera al fin y al cabo. Esto de alguna forma refuta mi teoría de que no todo está conocido y que debajo de la vida que seguimos con aparente normalidad se esconde otra mejor o peor que es tapada por el velo de la realidad en la que se vive aparentemente. En la sociedad consumista de hoy no íbamos a ser menos, y hoy día se acrecientan ésas máscaras llevándolas hasta el límite en el que no sabemos muchas veces quién demonios somos.

No interesa que se vea a Cristiano Ronaldo yendo a un psicólogo para superar el peso de la fama, interesa más que se lo vea rodeado de chicas guapas y hermosas saliendo de un hotel como un conquistador innato. No critico a Cristiano Ronaldo por su vestimenta, lo critico por lo que representa para mí. El jugador portugués no es más que la personificación de lo que las marcas quieren que hagamos, en este caso los hombres. Quieren que ustedes sean los mejores en campo de trabajo; que tengan muchas amante a de su alrededor y si es posible que las traten como basuras al igual que hace el flamante portugués y otros de su misma talla; que lo quieran por lo que usted tiene y no por los logros que hace día a día; que se compren el mejor coche y que se tape sus hermosos ojos con gafas de sol para que no vea más allá de lo que le rodea. Unas gafas oscuras que lo cieguen por completo y haga que usted se pierda entre la multitud y sea uno más. A veces son necesarias las gafas para ocultar el dolor interno puesto que la cara es el espejo del alma, para esconder el cansancio de unos ojos fatigados por el trabajo o simplemente para evitar deslumbrarnos del sol de mediodía. Aun así no las utilicen para no ver más allá, quítense la máscara y las gafas cuando sea necesario y cuando los otros se lo pidan de corazón para que se muestren tales como son y no finjan ser alguien que no son. Quizás así se encuentre mejor uno a sí mismo y persiga lo que realmente quiera en su vida, aunque sea difícil porque en el teatro más difícil de actuar sea la vida misma.

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