Más parados que nunca

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Nuevo y terrible capítulo en la crisis que está asolando nuestro país a un ritmo cada vez más rápido. Con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) sobre la mesa, hemos podido conocer que los peores presagios no sólo se están cumpliendo sino superando. El número de parados asciende hasta la escalofriante cantidad de 4.010.700 personas. Más de cuatro millones de individuos, una cifra que llega más pronto de lo que el propio Gobierno preveía. Algo está fallado de una forma alarmante y no se puede seguir de brazos cruzados.
El Instituto Nacional de Estadística publicaba el pasado viernes los datos de la Encuesta de Población Activa referidos al primer trimestre de 2009. Un total de 4.010.700 personas conforman la lista de desempleados de nuestro país, situándose la tasa de paro en el 18%. En los últimos tres meses, más de 800.000 personas han perdido su trabajo y en el último año casi dos millones de individuos se han incorporado al desempleo.

El paro no sólo está resultando devastador en el sector de la construcción sino que se ceba especialmente en el sector servicios, que aporta el 60% de la riqueza de nuestro país. Todo un drama nacional que viven hombres y mujeres y que afecta especialmente a Andalucía, Extremadura o Canarias, donde supera la tasa supera ampliamente el 20%.

No debemos olvidar el drama que hay detrás de estos datos. Actualmente, cada diez segundos, una persona se queda en paro en este país. El número de hogares que tiene a todos sus miembros desempleados asciende a nada menos que un millón y, 500.000 familias, un 3% del conjunto de los hogares españoles, no está recibiendo ingreso alguno (salario, pensión o remuneración).

La crisis está dejando su dolorosa y contundente huella en nuestro país. A la crisis económica y financiera que atraviesa España, se ha unido desde hace semanas otra de gobierno que ha provocado que el presidente Rodríguez Zapatero tuviera que remodelar su gabinete después del sonoro fracaso en Galicia, su paulatina pérdida de apoyos nacionalistas y la consecuencia que todo ello genera en el Congreso, la soledad. Soledad que se traduce en paralización.

Para evitar dar esa imagen, Zapatero ha realizado una serie de cambios en su equipo. El más importante ha sido el relevo del ya afortunado ex ministro Pedro Solbes por Elena Salgado, que dicen que es una alumna obediente y disciplinada. Con esta remodelación, Zapatero se ha dotado de más poder ya que se convierte en “ministro de Deportes” al asumir Presidencia de Gobierno la Secretaría de Estado de Deportes y, además, coge el testigo del desobediente Solbes y asume todas las competencias en Economía. Eso sí, coloca a Salgado para que ponga la cara.

En definitiva, Zapatero y su mensaje optimista (en muchas ocasiones propagandista) que ha arrastrado a muchas generaciones, alza la pancarta del gasto público y junto a su alumna afirman que hay más margen para el gasto público. ¿Cómo no lo va a haber? ¡Claro que lo hay! Pero ¿Hasta cuándo se va a seguir siendo capaz de endeudar a este país? Está claro que si uno quiere seguir derrochando dinero, se puede seguir haciendo. Un ejemplo lo tenemos en cómo se aniquiló el superávit de este país.

Ya que “estrenamos” nuevo Gobierno, todos sus miembros deberían acordar no hacer declaraciones contundentes como la de Solbes el 18 de enero: “No llegaremos a los cuatro millones de parados”; o las inquietantes afirmaciones de Celestino Corbacho, conocido como ministro de Paro: “No llegaremos a los cuatro millones de ninguna de las maneras, nos quedaremos muy por debajo”. Por si la hemeroteca justiciera no dejara en su sitio a muchos de los miembros del equipo Zapatero (incluido éste), Salgado, al conocer los datos, sentencia: “No llegaremos a los cinco millones de parados”.

Con estos nuevos datos de desempleo vemos los magníficos resultados que está generando el fondo de 8.000 millones de euros destinado a los ayuntamientos para reconstruir bancos, poner farolas y demás inversiones públicas y que según el señor Rodríguez Zapatero iban a aliviar mucho los datos del paro a partir de febrero y marzo.

Ante todo este panorama, se hace necesario un auténtico acuerdo de Estado para hacer frente a esta desoladora situación. Urge un gran pacto como el que tuvo lugar en el año 1977, unos nuevos Pactos de La Moncloa que sean adoptados, como hace tres décadas, por todas las formaciones políticas, consultando e integrando a todas las organizaciones sindicales y empresariales. Y si es necesario tomar medidas traumáticas para romper el rígido sistema laboral, habrá que hacerlo. No tenga miedo y ánimo, que le queda trabajo por delante, señor Presidente.

Fuentes del Texto:
El País (25 de abril de 2009)
El Mundo (25 de abril de 2009)
ABC (25 de abril de 2009)
Fuentes de las imágenes:
www.elpais.com
www.eleconomista.es
www.elmundo.es

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