MÁS no es sinónimo de MEJOR, y SER es más interesante que TENER

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Todos hemos tenido dinero en nuestras manos, lo utilizamos normalmente y está claro que forma parte de nuestras vidas. Para algunas personas el dinero y el consumo no dan la felicidad pero ayudan a lograrla. Para otras, muchas cosas que se compran no son necesarias y piensan que el consumismo, además de incompatible con el medio ambiente, hace a la gente dependiente de la moda y de la publicidad. Por eso ha comenzado a extenderse la idea de que “más” no es sinónimo de “mejor” y “ser” es más interesante que “tener”.

Aunque es evidente que no hay una relación clara entre ingresos, consumo y satisfacción vital, basta con observar nuestro entorno cualquiera de estos días para darse cuenta de que la creencia de que el bienestar material es la fuente de la felicidad va en aumento. La capacidad de consumir y aumentar el nivel económico es un privilegio de los países ricos envidiado por los países subdesarrollados y parece que se desprecia cuando se propone “vivir con menos”. El 86% de los ingresos mundiales está en manos del 20% de la población más rica del planeta, mientras que el 20% de gente más pobre se tiene que conformar con el 1,1%.  Un reparto muy injusto, tanto, como que el alto nivel de consumo está agotando los recursos de la Tierra, al tiempo que produce cada vez mayores niveles de contaminación y más residuos.

Quienes han comprendido bien este proceso que mueve a la sociedad de consumo son los expertos en marketing, que a través del producto que nos venden nos hacen creer que obtendremos aquello que nos falta. Por ejemplo, determinado café nos dará la tranquilidad cuando lleguemos a casa, el perfume nos convertirá en la persona más deseada y admirada, por no decir de los coches fantásticos que harán que nos acepten los demás. Ante este panorama, el siglo XXI ha comenzado a difundir una conciencia, con el lema del titular de este artículo, apta sólo para personas creativas que no compren por comprar.

A pesar del paso de los siglos y de que los bancos centrales ya no se comprometan a cambiar el dinero por una determinada cantidad de oro, como ocurría antaño, las monedas y los billetes están sobrevalorados, ya no sólo para adquirir bienes y servicios, sino también para mantener la riqueza cuya función sólo ha sido cuestionada por unos pocos como A. Mello en su libro “El canto del pájaro” donde cuenta la conversación entre un pescador satisfecho que prefiere conformarse con lo que posee y disfrutar de sus ratos libres, y un industrial rico, que nunca podrá disfrutar de la vida debido a su afán por conseguir siempre más beneficios.


Fuentes:
Informe sobre Desarrollo Humano y  “El canto del pájaro” de A. Mello (1982)
Fotografía:

www.lacoctelera.com

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