Martín Romero: “Vivimos atados a unos miedos que controlan nuestras vidas”

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Negro y blanco. Luces y sombras. Alegrías y sinsabores. Todo es dualidad en la vida y nunca está más presente que en la infancia y la temprana adolescencia, cuando los conocimientos sobre el mundo resultan más bien limitados y cada descubrimiento provoca un movimiento sísmico de considerables proporciones.

Si la personalidad es retraída y apocada, el enfrentamiento con esa realidad puede ser un obstáculo difícil de salvar. Unos tiran de agresividad, otros optan por pasar desapercibidos, más allá siempre estará el gracioso que hace del humor su método de interactuación… Y luego están los que se ponen una máscara y tratan de fingir que son otra persona, que habitan otro cuerpo y otra mente donde las decisiones son bastante más sencillas, aunque no menos dolorosas.

Portada Las fabulosas crónicas del Ratón Taciturno

Así actúa el protagonista de Las fabulosas crónicas del Ratón Taciturno (Apa Apa/Sins Entido), primer cómic largo del dibujante Martín Romero (Boiro, La Coruña, 1981), que en este trabajo narra “el viaje iniciático de un niño a través de nueve cuentos donde la fantasía y la ‘realidad’ se mezclan sin dejar muy claro el límite entre ambas”. A través de estas páginas, el lector podrá sumergirse en una trama de abandono y reencuentro, de miedo y valentía, de abismos y cimas, de marginación y amistad, y todo en un tono de fábula onírica que se desarrolla bajo el influjo de los paisajes gallegos.

Conocido por sus portadas de discos y carteles promocionales para The New Raemon, Romero charla con La Huella Digital acerca de su ópera prima, desarrollada durante un año en la prestigiosa Maison des Auteurs de Angoulême -Francia- gracias a una beca del centro cultural AlhóndigaBilbao.

Este libro parte de los relatos breves publicados en su página web. ¿Cuándo pensó que en ellos residía una historia larga?
Todo fue de forma progresiva. Después de hacer La Ratonera, y con el fin de presentarme a concursos, empecé a hacer historietas, todas ellas protagonizadas por niños. De entrada no había pensado en la posibilidad de publicarlas, pero cuando tuve cuatro hechas –La Ratonera, El Lobo, El Náufrago y El Regalo de cumpleaños– empecé a plantearme la idea de recopilarlas y hacer un libro de relatos.

Teniendo en cuenta que se trataba de un único personaje y que todas las historias sucedían en un mismo lugar, me parecía un material muy deslavazado, así que empecé a buscar algún posible hilo conductor. Fue entonces cuando empezaron a surgir los nuevos capítulos. A medida que la idea se desarrollaba, observé que para conseguir esa unidad tendría que añadir y cambiar partes de las historietas que ya tenía dibujadas, así que una vez que tuve más o menos claro cuál sería ese hilo conductor empecé de cero y lo rehice todo.

Viñeta Las fabulosas crónicas del Ratón Taciturno

¿De qué ratonera cerebral surge el niño-roedor de su cuento?
Pues surge precisamente de la historieta titulada La Ratonera. Aquí fue donde apareció por primera vez el personaje, que era el encargado de hacer el gato bonsái teledirigido. Lo creé a raíz de leer por internet una especie de leyenda urbana sobre gatos bonsái: consistía en encerrar a una cría de gato en un frasco para que, al ir creciendo, su cuerpo adoptase la forma del recipiente.

Me fascinó tanto la idea que decidí hacer una historieta sobre ella. Pensé que si el niño maltrataba y odiaba a los gatos, por antagonismo y usando la clásica asociación, el niño podría ser el “ratón”. Este fue el origen de la idea sobre la que más tarde empecé a desarrollar el proyecto.

Y hablando de niños, ¿es la niñez siempre tan bonita como nos empeñamos en querer recordarla?
Debería ser bonita, porque es un período mágico en el que no paramos de aprender y descubrir. Pero claro, eso dependerá de lo que le toque aprender o descubrir a cada uno, ya sea debido a su entorno o a sus experiencias.

¿Vivimos en una sociedad en la que las personas se encuentran atadas por sus miedos y fobias?
Creo que sí, que vivimos atados a unos miedos que nos son impuestos y que controlan nuestras vidas. Se nos crean tales necesidades que acabamos atados a objetos o contratos totalmente desorbitados, así que volcamos todas nuestras energías en ellos. Y claro, perderlos o no ser capaces de cumplirlos nos aterra. No es un miedo causado por un peligro de origen “natural”, sino que más bien tiene un origen “estratégico”, por lo que las decisiones que se toman en la sociedad son fruto de dicho miedo y no creo que beneficien a nadie más que a quien lo genera.

¿Diría que Galicia tiene algo que ver en esos paisajes grises y melancólicos en los que se desarrollan las peripecias del protagonista?
Al trabajar en la historia vi que el carácter del personaje era muy afín al clima y al paisaje galaico, así que lo intenté aprovechar para crear atmósferas y hablar de los estados anímicos del protagonista. Como no quería utilizar documentación, y dado que la historia transcurre en un entorno rural casi intemporal, acabé quedándome con el recuerdo.

¿De dónde procede su gusto por el género fantástico?
Viene de la infancia, sobre todo de las películas de ciencia ficción y fantasía que daban por la tele, como Jason y los Argonautas o El tiempo en sus manos. Crearon imágenes tan potentes en mi cabeza que aún hoy no he podido olvidarlas. Me gusta lo fantástico porque su imaginario permite esconder o hacer tangibles ideas y emociones de forma contundente y visualmente atractiva.

Viñeta Las fabulosas crónicas del Ratón Taciturno

Aun con todo el candor que desprende el libro, hay varios pasajes que resultan de lo más perturbadores. ¿Buscó a propósito ese contraste, el lado dulce y el lado amargo de todo viaje iniciático?
Todo funciona a base de contrastes. Si no hay un alto no hay un bajo, ya que sin la referencia del uno no existirían tales cualidades en el otro. El viaje iniciático es un cambio, y para que esto pueda suceder necesitamos al menos de estas dos caras. Ambas forman parte del proceso de aprendizaje.

Este cómic ha sido su primera novela gráfica. ¿Ha sido más difícil afrontar el reto de lo que esperó en un principio?
Cuando pienso en el libro ahora lo veo como un todo, pero durante el proceso de creación lo veía más bien como una recopilación de historietas relativamente cortas, así que no tenía la sensación de estar trabajando en algo tan largo. Al principio hice un esquema muy general de los puntos a tocar en cada parte, dando coherencia al transcurso de los episodios.

Este esquema era algo muy orgánico y se transformó mucho a lo largo del proceso, pero me permitió trabajar cada capítulo como una historia prácticamente independiente del resto, ya que me lo planteé de tal forma que cada cuento tuviese sus propios elementos y simbolismo. Sobre todo, el proceso fue laborioso.

No obstante, usted ya había trabajado como ilustrador y realizado diferentes colaboraciones en fanzines. ¿Podría hacer un resumen de su trayectoria previa hasta la publicación de Las crónicas…?
Bueno, empecé a dibujar cómics en 2006, autopublicándome un fanzine de historietas cortas llamado Cabezudo. A raíz de esto empecé a interesarme también por la ilustración, así que me matriculé en un ciclo formativo. Mientras estudiaba publiqué un minicómic, La Ratonera, y empecé a colaborar en diferentes fanzines y revistas como Argh!, Fanzine Enfermo, Tretze Vents, Gagarin, Carne Líquida, Vice, Bile Noire, Colibrí… Paralelamente también empecé a realizar trabajos de ilustración, como las portadas de los discos de The New Raemon, ilustraciones para prensa…

¿Qué influencia tienen en su obra autores como Daniel Clowes, Adrian Tomine o Charles Burns?  
Casualmente empecé a interesarme y a querer hacer cómics después de leer sus obras.  No sabría decir cómo influye cada uno en mi trabajo, pero creo que lo más importante es la forma en que me estimularon para querer desarrollar mis propios cómics y cómo lo siguen haciendo en la actualidad. Para mí supusieron una revolución, ya que me abrieron las puertas a todo un mundo que desconocía.

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Imágenes cedidas por Sins Entido

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