María del Carmen Pérez de Armiñán: “Algunos profesores están deseando jubilarse porque Bolonia les ha pillado mayores”

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Decana de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, María del Carmen Pérez de Armiñán se reunió con La Huella Digital para analizar los retos y logros de la “casa” que dirige. Desde las repercusiones que ha tenido la implementación del Plan Bolonia hasta el nivel exhibido por profesores y alumnos, pasando por la dificultad de crear una televisión universitaria o la puesta en marcha de un medio de prácticas como Inforadio, la decana analiza la actualidad de una institución que este año celebra su cuarenta aniversario.

María del Carmen Pérez de Armiñán

¿Qué resumen haría de estos tres años al frente de la Facultad?
Han sido tres años difíciles, de muchísimo trabajo, en los que hemos intentado dar un gran salto en el funcionamiento de la Facultad, que ahora tiene un enfoque distinto. Se ha aumentado de manera exponencial el número de actividades, la mejora de los servicios ha sido notable, tenemos unos platós que antes no teníamos y una radio que la están dirigiendo los alumnos, con una programación de doce horas diarias y siete días a la semana. Hemos renovado las aulas informáticas, hemos ampliado la biblioteca, que era una necesidad importante… Ha sido mucho trabajo y, sobre todo, mucho esfuerzo por parte del equipo decanal, porque se ha hecho con el presupuesto corriente, es decir, que no ha habido unas partidas especiales para todas estas novedades.

La comunicación era un tema que me preocupaba y, cuando llegué al Decanato, dije que necesitábamos informar sobre lo que hacía la Facultad. De ahí la instalación de pantallas en las entradas o en la cafetería, para que todo el mundo pueda saber lo que se hace en este centro, porque son muchas cosas cada día y cada semana.

También hemos vuelto a salir del entorno de nuestro edificio. Durante muchos años habíamos desaparecido del exterior y, en estos tres años, hemos retomado el contacto con los medios, nos invitan a distintos actos, congresos y conferencias… No me refiero a los profesores, que eso siempre ha sido así, sino a la institución, a la Facultad, que ha ganado presencia en los medios de comunicación. Se han hecho muchas cosas, tanto desde el punto de visto interno como del externo, pero eso no quiere decir que no queden muchas otras pendientes.

¿Qué parte queda en el debe?
Una televisión para que los alumnos puedan hacer esas prácticas que hoy hacen en radio. Además, estamos a punto de montar un servidor donde se podrán colgar en internet las cosas que hacen nuestros profesores y alumnos. En esta Facultad se estaban haciendo muchas actividades dispersas, pero no las podíamos recopilar porque nuestros servidores no lo soportaban. Ahora hemos contratado un sistema, que pondremos en marcha en unas semanas, para que sea nuestro escaparate.

Por otro lado, tenemos que seguir trabajando en las relaciones con el exterior. Este año celebramos el cuarenta aniversario de la Facultad y tenemos que incrementar nuestra presencia en los medios. Muchos profesionales de esta casa, que no habían regresado por aquí en mucho tiempo, han querido participar en este cumpleaños. Ha sido un reencuentro muy afortunado, porque nos ha permitido volver a retomar viejos contactos y, a partir de ahí, creo que saldrán posibilidades muy interesantes.

Asimismo, queremos incrementar nuestras relaciones con otras instituciones para que los alumnos puedan hacer prácticas, que es otra labor muy importante.

¿Todo eso se puede hacer en un año o requeriría un segundo mandato?
El listón hay que ponerlo alto, porque para no superarlo siempre hay tiempo. Si lo pones muy bajo, nunca llegarás a ninguna parte. En este sentido, ser ambicioso es importante.

El Plan Bolonia ya se ha implantado en los dos primeros cursos de las tres carreras de la Facultad. ¿Cuáles han sido las principales dificultades a la hora de llevarlo a cabo, de ponerlo en marcha entre profesorado y alumnado?
Bolonia como teoría está muy bien, creo que cualquiera lo suscribiría, pero luego está la puesta en práctica. Por un lado, tenemos el problema de un número muy elevado de alumnos, y eso que hemos reducido las cifras de acceso a los nuevos grados. Aún así, el próximo curso entrarán 600 alumnos en Periodismo. Eso no sería ningún problema si viniera acompañado de las dotaciones de profesores imprescindibles para la docencia personalizada, en grupos pequeños, que requieren estos alumnos. Por desgracia no es así, y menos en un periodo de crisis en el que las dotaciones van a la baja.

Necesitaríamos más infraestructura para dar a los alumnos el nivel de prácticas que nos gustaría. Hemos mejorado respecto a la licenciatura, pero en muchos aspectos se está llevando a cabo gracias al esfuerzo personal de nuestros docentes, que están muy implicados. 

¿Cree sinceramente que con este plan se mejora la calidad de la enseñanza? ¿Se ha incrementado la atención personalizada al alumno?
El trato ha sido mucho más personalizado en la medida en que los grupos son sustancialmente más pequeños de lo que eran en la licenciatura. Estamos en una media de ochenta alumnos por grupo. Cuando yo llegué a esta Facultad, teníamos 200 alumnos por clase. La diferencia es abismal.

Además, tenemos una serie de instrumentos que nos permiten mejorar esa enseñanza personalizada, como el Campus Virtual o las tutorías, que antes eran más teóricas y ahora sí se están realizando. Antes, para aprobar una asignatura, el alumno sólo tenía que presentarse el día del examen y sacar un cinco. Bolonia ya no permite eso, porque la evaluación continua implica que el alumno debe asistir a clase y cumplir su trato con el profesor, haciendo los trabajos y prácticas del curso.

Hace pocos días, una autoridad como Soledad Gallego-Díaz afirmó que no debería existir la carrera de Periodismo, pues esto es un oficio que no se aprende en los centros académicos. ¿Hasta qué punto son necesarios cuatro años para formar a un periodista?
Es imprescindible que el periodista sea universitario, y esa ya no es mi opinión, sino que es un debate que se resolvió hace cuarenta años, los mismos que tiene esta Facultad. Personas con mucho más conocimiento y preparación que yo tuvieron muy claro que las escuelas profesionales debían tener rango universitario. Volver a ese discurso no tiene ningún sentido, porque la profesión ha alcanzado unos niveles de conocimiento y formación académica y científica que hacen innecesario el debate.

Sin embargo, una queja muy extendida entre los estudiantes es que muchas asignaturas carecen de sentido y de posterior aplicación práctica en el ejercicio del periodismo….
Es lógico que los alumnos sólo valoren aquello que, de alguna forma, les divierte. Esta pregunta se debe hacer cuando el alumno es profesional y lleva un tiempo trabajando, porque entonces descubre que todo aquello que probablemente no le divirtió, le resultó difícil o complicado, eran conocimientos necesarios. Estamos hablando de formar una mente, de amueblar una cabeza. Esto no es simplemente aprender un oficio, se trata de una formación integral, que es imprescindible para el periodista e implica muchos otros conocimientos que no son, estrictamente, los que daría una formación profesional.

Pongo mi ejemplo, que es el de Economía: seguro que hay un porcentaje de alumnos que querría eliminar estas asignaturas, porque consideran que no sirven para nada. Pero cuando salen al mundo y están en una redacción, caen en la cuenta de que una gran parte de las noticias tienen un componente económico. Si eso pasa con la Economía, seguro que también ocurre con otras asignaturas que contribuyen a tener esa formación universal.

Antes mencionaba que el número de alumnos por clase se ha reducido a ochenta. ¿Cuál sería la media ideal?
El objetivo sería que no pasara de sesenta, lo que permitiría hacer dos grupos de treinta, mucho más manejables. En el modelo de Bolonia, esos dos grupos se subdividen en otros más pequeños. No sería problema si tuviéramos más profesores, porque en vez de hacer dos grupos, podríamos hacer tres. Pero dada la crisis y los ingresos de la Universidad, me conformo con mantener los grupos de ochenta alumnos, porque en este momento estamos empezando y todavía no tenemos repetidores.

Me preocupa el momento en que los alumnos de licenciatura no puedan continuar con su plan de estudios, porque entonces tendremos que incorporarlos al grado y eso puede provocar que estas cifras, más o menos razonables, vuelvan a dispararse. Tenemos que estar preparados para esa situación que, por otro lado, será coyuntural.

¿Considera que la Facultad promueve convenientemente las prácticas de los estudiantes?
Estamos haciendo un gran esfuerzo. Queda mucho camino por delante, eso es evidente, pero la prueba de que se ha mejorado es que, actualmente, el alumno ya no se tiene que plantear la salida profesional como se la planteaba hace unos años: “Salgo ahí fuera a ver quién me contrata”. En estos momentos, el “a ver quién me contrata” es casi una utopía. La salida de nuestros alumnos ahora es: “¿Qué puedo ofrecer yo a las empresas?”. El alumno debe tener la agilidad y la formación para crearse su propio hueco en el mercado, porque el futuro es el autoempleo, y eso exige una formación cada vez más amplia.

Existen esos nichos de mercado, pero no son fáciles de encontrar y, desde luego, nadie te viene a buscar a casa. En ese sentido creo que estamos dando una buena formación a nuestros alumnos. Y aunque parezca una paradoja, el hecho de ser muchos ayuda a esa formación, porque una universidad pequeña, que tiene a sus alumnos entre algodones, no fomenta que éstos se busquen la vida por su cuenta. Nuestros alumnos, desde el primer momento, son conscientes de que tienen que espabilar ellos solos, y después de cuatro o cinco años en esta Facultad, compitiendo con otros 7.000 u 8.000 compañeros, tienen el plus añadido de que están acostumbrados a sobrevivir.

¿Qué pueden hacer la Facultad y la Universidad para impedir la explotación de los estudiantes que hagan becas o prácticas?
Si son prácticas que nosotros tutelamos siempre exigimos al empleador que pague un mínimo al alumno, por lo menos el transporte. Igual estamos hablando de 200 ó 300 euros, pero si una empresa viene y no ofrece esas cantidades, le decimos que no nos interesa. Dicho esto, no podemos impedir que una determinada empresa ofrezca prácticas a los alumnos y que estos acepten bajo su responsabilidad, sin que la Facultad tenga ningún tipo de vínculo. Nosotros siempre exigimos unos mínimos y, en el caso de que un alumno nos notifique que no se están cumpliendo, rompemos inmediatamente la relación con el empleador.

En este momento, con la situación actual, no podemos hacer mucho más. Hay medios que incluso están cobrando a los alumnos que quieren hacer prácticas. Nosotros no podemos hacer eso, bajo ningún concepto, pero no podemos impedir que otros lo hagan. Ahora hay muchos alumnos dispuestos a pagar y lo hacen sin nuestro conocimiento y al margen de la Asociación de la Prensa de Madrid, que está persiguiendo esta clase de situaciones.

También se dan casos de prácticas, en las que se otorga un trato justo al alumno, y que luego no se pueden convalidar como créditos de libre configuración.
Nuestro plan de estudios no contempla las prácticas y, por lo tanto, no podemos reconocerlas. Podíamos haberlas incluido, pero teniendo en cuenta el número de alumnos, tampoco disponíamos de la capacidad necesaria para poder gestionarlas. Y si las hubiéramos incluido en el plan de estudios, habríamos tenido la obligación de darles prácticas a 600 alumnos, con el añadido de un tutor que llevara un seguimiento y calificara el trabajo realizado. Con los profesores que tenemos y 8.000 estudiantes, no podíamos afrontarlo.

Hablando estrictamente de la enseñanza práctica en la Facultad, es verdad que se ha puesto en marcha Inforadio, pero sigue sin existir un canal de televisión o un periódico, ya sea digital o impreso.
Estoy completamente de acuerdo, pero eso exige que haya algún profesor que se lance a liderar esas cuestiones, y entonces ya no es tanto un problema del Decanato. Yo estoy dispuesta a impulsar cualquier oportunidad que se presente, pero hay capítulos pendientes. Además, el tema de la televisión tiene detrás un motivo económico. Con la radio hemos podido hacer una pequeña inversión y, por otro lado, el mantenimiento no exige muchos recursos. En el caso de una televisión, se trata de un nivel muy superior de necesidades. De todas formas, se lo recuerdo al rector cada vez que nos reunimos y espero que alguna vez recoja la antorcha y nos dé un poco más de cancha para organizar esta actividad.

¿Dispone la Facultad de un presupuesto ajustado a sus necesidades?
La situación de la Universidad Complutense es muy complicada, con una deuda reconocida de 150 millones de euros, y las facultades sólo recibimos un pequeño porcentaje del presupuesto, aunque también es verdad que la parte importante, la de sueldos y salarios, la asume directamente el Rectorado. Para el trabajo cotidiano contamos con unas cantidades que, en estos momentos, no están garantizadas: el año pasado nos metieron la tijera, porque la Universidad no tenía capacidad de financiar todo aquello a lo que se había comprometido en un principio.

Luego está el problema de que muchos proveedores ya no nos prestan servicio, porque tienen pagos atrasados desde hace mucho tiempo. Y si aceptan vendernos, lo hacen a un precio muy superior al de mercado, porque van a cobrar en un plazo de 18, 24 ó 36 meses. Eso nos está creando dificultades.

El año pasado, por ejemplo, una de las partidas importantes de nuestro presupuesto se destinó a comprar unas cámaras de vídeo para que los alumnos las pudieran manejar con mayor facilidad y sacarlas de la Facultad. No podíamos dejar que las cámaras más grandes y costosas salieran del edificio, porque eso entraña un riesgo, y pensamos que unas cámaras más pequeñas permitirían hacer reportajes en exteriores. La idea nos pareció muy buena y nos pusimos en contacto con una empresa que, al principio, nos dijo que el retraso en la llegada de las cámaras se debía al Tsunami de Japón, hasta que al final nos confesó que no nos las iban a entregar porque la Universidad no había pagado.

A lo largo de los últimos veinte años, la Complutense ha obtenido menos recursos económicos que otras universidades públicas de la Comunidad de Madrid, y eso ha afectado a facultades como la de Ciencias de la Información…
Pero es lógico. La Carlos III, por ejemplo, tiene muchos menos años, así que sus infraestructuras son más recientes. Todo el problema de obsolescencia que tiene la Complutense no lo tienen otras universidades más nuevas. Tampoco tienen nada que ver las dotaciones iniciales: cuando se abrió esta Facultad, en los años setenta, el periodismo se hacía con un bolígrafo y un bloc de notas. Hoy eso es impensable. Cuando se abrió la Carlos III se tuvo en cuenta que ya no bastaban una pizarra y una tiza para enseñar a los alumnos, pero nosotros hemos tenido que renovarnos paulatinamente y sin poder contar con un presupuesto especial, sólo con una buena gestión de los recursos disponibles.

El año pasado hicimos el plató número 3, pero no tuvimos dinero para comprar las cámaras y los controles, que esperamos adquirir este curso. Cada vez llegas un poquito más lejos. De todas formas, no debemos compararnos con otros centros, porque cada uno tiene su modelo educativo. Hay facultades de Comunicación que tienen 200 alumnos en total, mientras que nosotros, sólo en Periodismo, llegamos a 6.000 estudiantes.

El ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert, señaló que existe una “sobredimensión” de la oferta académica universitaria, con “un exceso” del treinta por ciento en carreras de Humanidades. ¿Comparte esta opinión?
Hay dos planteamientos distintos. En un momento dado nuestras titulaciones se ponen de moda y todas las universidades, públicas o privadas, acaban ofertando carreras de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Eso es una realidad. Lo que ocurre es que la oferta de plazas en nuestras titulaciones, en todo el país, probablemente está sobredimensionada, sobre todo por la evolución del mercado. En 2011, sólo en Madrid, se destruyeron 3.000 empleos de esta profesión, mientras que nosotros seguimos sacando cada año una cifra muy superior de licenciados. Hay un desequilibrio evidente.

Si el ministro planteaba que hay centros con una oferta muy superior a la demanda que reciben, esa es otra cuestión que no afecta a la Complutense. Hace unas semanas tuvimos reunión del Consejo de Gobierno y conocimos las cifras de demanda potencial de nuestras titulaciones: el año pasado, para la carrera de Periodismo, recibimos 4.600 solicitudes, y sólo entraron 630 alumnos. Esta situación no es trasladable a otras universidades que, ofertando cien plazas, sólo tienen veinte alumnos. Desde el punto de vista de la gestión pública, eso me preocuparía si yo fuera ministra, porque la universidad está subvencionada por todos los españoles y hay una serie de recursos que deberían estar mejor gestionados. 

Teniendo en cuenta la destrucción de empleo periodístico y la cantidad de licenciados que se lanzan a un futuro laboral tan incierto, ¿no se podría rebajar aún más el límite de admisión de alumnos? ¿Para qué dar un título a 600 jóvenes de los que 500 no encontrarán trabajo?
Eso está en manos de la Universidad y de una ley que está por encima. Cada año hemos rebajado un poco el listón, pero la Comunidad de Madrid no permite bajar más de un cinco por ciento en aquellas titulaciones que tienen demanda. Otra cosa es que nosotros ofreciéramos 600 plazas y sólo se matricularan cien alumnos; en ese caso está clara la decisión, porque la oferta está sobredimensionada. Pero lo cierto es que tenemos una enorme demanda y la Comunidad entiende que debe satisfacer los intereses de los estudiantes.

Si el nivel de los alumnos es tan elevado y la enseñanza es buena, ¿qué falla para que las universidades españolas no figuren en los primeros puestos de los rankings internacionales?
Creo que son dos preguntas diferentes. No cabe duda de que nosotros cogemos a los mejores alumnos, porque además entran con una nota elevada, y que los alumnos de esta casa son muy buenos se ve en seguida. Los que trabajamos aquí ya no nos damos cuenta, pero cuando nos mandan a un profesor sustituto que viene de otra facultad, la experiencia es espectacular. Nos ha ocurrido con docentes de Derecho, Económicas…

Los que llevamos aquí treinta años nos quejamos porque no tenemos perspectiva, decimos que el alumno de hoy es distinto, pero eso es absolutamente normal, porque la formación y los intereses cambian. A los alumnos de hoy tenemos que compararlos con los alumnos de hoy, y a los alumnos de Ciencias de la Información hay que compararlos con los de Derecho, Políticas o cualquier otra titulación. Ahí es donde yo presumo, porque los nuestros son alumnos de primera opción, vocacionales, que están aquí porque quieren estar aquí, y eso se nota.

En cuanto a los rankings, estos suelen hacerse con una concepción anglosajona, menos adaptada al modelo español, y por eso no estamos tan bien posicionados.

Algunos profesores lamentan cierta apatía por parte del alumnado y señalan que el nivel no es tan alto como usted afirma…
Por eso he hecho dos comparaciones. El alumno de hace treinta años venía de un modelo de educación distinto, más académico, donde se manejaba más la memoria. En estas décadas ha cambiado mucho el modelo en las enseñanzas previas a la universidad y, desde luego, el nivel de exigencia ha variado. Pero eso también se debe a que la vida es muy distinta; hoy el alumno está más acostumbrado a que la información le entre por la vista y por los oídos. Antes la relación con el conocimiento era a través de los libros, mientras que al alumno actual le cuesta mucho leer. La solución no es regresar al sistema de hace treinta años, sino buscar otros métodos para motivar al alumno.

Por otro lado, la apatía es una cuestión individual y siempre habrá un porcentaje de alumnos desmotivados, como también habrá un porcentaje de alumnos espectaculares. Eso lo traen puesto de serie. Yo siempre se lo digo a los estudiantes: “Si no haces nada, dentro de cinco, seis o siete años tendrás un título, pero no te habrá servido para nada”. Además, en esta Facultad tienes un montón de actividades gratuitas, donde sólo tienes que ir, sentarte y aprender.

Y los profesores, ¿están preparados para motivar a esos estudiantes que se han criado en un modelo diferente?
Pues unos sí y otros no. Del mismo modo que hay alumnos maravillosos y otros que les cuesta más, con el profesorado ocurre lo mismo. Hay algunos que están echando el resto, con mucha ilusión y dejándose la piel, y también hay otros que están deseando jubilarse porque esto les ha pillado muy mayores para reciclarse. Es como la vida misma y la prueba es que, en los últimos años, ha habido unas cifras muy altas de prejubilaciones, porque a muchos profesores les da terror Bolonia. Llevan muchos años enseñando de una determinada forma y no se ven capaces de cambiarla.

También hay algunos profesores que, sin la menor intención de jubilarse o reciclarse, siguen dando sus asignaturas de la misma forma que hace 25 años…
Algunos han intentado seguir haciendo lo mismo, pero cada vez les va a resultar más complicado, porque Bolonia cambia a los alumnos y también a los profesores. Se pone de manifiesto al profesor que no se adapta, y éste tendrá que hacer un esfuerzo o marcharse.

¿Cómo valora el papel de Inforadio desde su puesta en marcha?
Cuando llegué al Decanato no había radio, los locales estaban cerrados, pero me parecía importantísimo que los estudiantes tuvieran un lugar donde hacer prácticas. La radio tiene un componente muy ágil y, con los presupuestos de que disponíamos, podíamos hacer un esfuerzo importante para montar una emisora. Creo que hemos hecho un trabajo digno y del que nos podemos sentir muy orgullosos. Además, tuve la suerte de poder contar con Miguel Ángel Ortiz Sobrino, un profesional de la radio que ya estaba aquí como profesor. Él venía de Radio Nacional y sabía lo que se llevaba entre manos, pero siempre quisimos que los alumnos tomaran la responsabilidad, y lo han hecho de forma espectacular. Hemos establecido una estructura piramidal, de manera que los alumnos de los últimos cursos son los jefes de equipo, los que toman las decisiones y aprenden a gestionar grupos humanos. Por su parte, los alumnos de los primeros cursos se suman a esa dinámica y hacen los programas. Quien se dedica a eso durante tres años, al salir de la Facultad tiene una auténtica formación profesional, muy superior a la que pueden tener cuando hacen prácticas en una gran cadena, donde no te van a dar ninguna responsabilidad.

Y a nivel televisivo, ¿cuándo se podrían cumplir esos mismos objetivos?
Pues de momento parece complicado, porque requerimos de una financiación que, a corto plazo, no parece posible.

Antes de llegar al Decanato, usted señaló que las asociaciones de esta Facultad no representaban la voz del alumnado. ¿Se ha corregido esa situación?
A nivel institucional todavía no tenemos ningún alumno en Junta, aunque espero que haya elecciones dentro de poco y esa ausencia se resuelva. A nivel de pasillos, los alumnos saben que mi puerta siempre está abierta. He tratado de llegar hasta ellos, pero ahora necesito que ellos lleguen a mí. Hay asociaciones en la Facultad donde los alumnos se reúnen para organizar actividades, pero las relaciones institucionales no están funcionando, quizás porque el estudiante de ahora no ve esa necesidad.

En ese sentido, Inforadio está actuando como una representación paralela de alumnos. Hace unos meses me llevaron a contestar preguntas en uno de los programas, y descubrí que algunos microondas de la cafetería no funcionaban. Al día siguiente le dije al gerente que teníamos que cambiarlos. Seguro que hay más inquietudes de ese estilo, y por eso creo que sería interesante un órgano que las canalizara. A lo mejor los alumnos ya no se sienten cómodos con la estructura tradicional, pero lo importante es que existan vías para que nosotros conozcamos los problemas y podamos atajarlos.    

Fotografías: Javier M. Uzcátegui

1 Comentario

  1. Y a ella el derecho a huelga de sus trabajadores, y por tanto parte de la democracia, le debe provocar urticaria, por las tesis que promulga de alguno de los profesores…

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