Maratón, vendaval y cumpleaños

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Los cuartos de final de Roland Garros esperan a Rafa Nadal. El tenista balear jugará contra el suizo Stanislas Wawrinka (mañana a las 15.45, Cuatro) por un puesto en las semifinales. En su camino hacia las últimas rondas del torneo, certificó las victorias sobre el italiano Fabio Fognini (7-6, 6-4, 6-4) y ante el japonés Kei Nishikori (6-4, 6-1, 6-3). El cruce de octavos ha sido el primer partido que el vigente campeón ha ganado con autoridad.

Lunes 3 de junio, el día de su 27 cumpleaños. Una tarta gigante, obsequio de la organización, irrumpe en el albero de la Philippe Chatrier para festejar la efeméride. Nadal, de aniversario, acaba de terminar con el japonés Nishikori, imponiendo, por primera vez en esta edición, su condición de favorito durante todo el partido. No ha cedido ningún set y apenas ocho juegos; no ha perdido la iniciativa. Mandón y poderoso, domina todo el choque a su antojo. El fuerte viento y el frío ambiental se terminan aliando con el tenista que más argumentos exhibe sobre la cancha.

Rafa Nadal (27), celebra su cumpleaños después de ganar a Kei Nishikori (23). Fuente: Roland Garros
Rafa Nadal (27), celebra su cumpleaños después de ganar a Kei Nishikori (23). Fuente: Roland Garros

El partido de octavos de final sirvió para comprobar la mejoría del juego de Nadal en el cruce que le enfrentó con la primera raqueta nipona. También su disposición, más ofensiva. La victoria en mitad del vendaval permite seguir avanzando al máximo aspirante para llevarse el segundo Grand Slam de la temporada. Con paso firme, el balear ha esquivado las dificultades surgidas en las primeras rondas. Los buenos inicios de partido de Daniel Brands, Martin Klizan y Fognini fueron respondidos con la resistencia de un gran conocedor de los secretos que encierran los partidos largos.

La lluvia que cayó sobre Paris la semana pasada apretó el calendario. El particular maratón de quien se ha proclamado siete veces rey de Francia le ha obligado a ganar tres partidos en cuatro días para poder acceder a los cuartos de final. A estas alturas de torneo, muy cerca del vértigo de las alturas, la factura que ha tenido enfrentar Nadal son una terna de choques –los primeros– con ciertas complicaciones y varias horas de juego acumuladas. La escasez de descanso y la grieta de las dos mangas perdidas en el inicio de los dos primeros partidos son los puntos débiles de la candidatura del español.

El juego intermitente de Nadal, exceptuando el duelo contra Nishikori, encuentra un equilibrio corrector en la paciencia de su tenis, en la variedad de su registro. La calma y el repertorio deshacen los defectos hasta ahora enseñados, dejándolos sin efecto. Por ejemplo, el titubeo desde su drive –unas veces ha corrido la pelota rauda y revolucionada; otras se ha quedado blanda y con poca tensión en mitad de la cancha– se ha igualado con los fallos de sus rivales, poco pacientes en algunas bolas importantes. Este empate permite al aspirante no necesitar mucho más que un acelerón para abrir distancia.

Finalizó el periodo de cerrar partidos ganados tratando de guardas fuerzas, terminó el tiempo de medir castigos. Empiezan las etapas decisivas del torneo y en cuartos de final aguarda Wawrinka, jugador que en sus nueve enfrentamientos previos ha caído derrotado. El tenista suizo fue vencido, con mucha facilidad, en el último de ellos: la final del Masters de Madrid. La teórica semifinal pondría al otro lado de la red a Novak Djokovic, el verdugo en Montecarlo. Quizás el único tenista capaz de plantearse la hazaña de vencer en tierra y a cinco sets a Rafa Nadal.

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