Manuel Marín: cordura en tiempos dementes

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El lunes por la noche, en el programa “Sexto Sentido”, que conducen Helena Resano, Cristina Villanueva y Mamen Mendizábal, el presidente del Congreso, Manuel Marín, ofreció una interesante entrevista. Insisto en que fue él quien elevó el nivel de la charla, porque el tridente femenino, liderado por una Mendizábal a la que auguro una inmediata conversión en María Teresa Campos -por su contenida tendencia al despotismo-, no hicieron más que pisarle, cuando el señor, por edad e intelecto, les estaba dando un discurso de lo más instructivo. Ataques aparte a la calidad del programa, de lo que ellas no tendrán toda la culpa, lo que retuvo mi atención fueron la serenidad y la certeza de las respuestas de Marín.

Ante la acusación de Resano de atender a los medios con displicencia, Marín contestó que su antipatía se debía más a un deseo de discreción que a un desprecio mediático. Por ello, prosiguió, consideraba que determinados temas, como las negociaciones con ETA, (que es lo que son, por mucho que se empeñen en denominarlas proceso de paz), deberían llevarse de una manera menos pública. Su argumento era el de evitar la corriente de opinión y especulación que se ha formado alrededor de esta iniciativa de Zapatero, de la que todo el mundo opina –impera la moda de la opinión, hete aquí la muestra-, y nadie vislumbra lo que se cuece en los fogones de la Zarzuela.

Es esto, precisamente, en lo que Rodríguez Zapatero no había caído. Cuando presumía un final feliz de los acontecimientos, decidió compartir con los españoles la dirección de sus pasos, aunque sus huellas no marcasen siempre el mismo sendero. Su don de hombre elocuente, nos ha regalado mítines con frases inolvidables, por la imposibilidad de descodificarlas; la madre de todas ellas, “primero la paz y luego la política, pero eso no va a impedir que la política empiece”, ha sido la culpable del caos en el que se ha convertido este conato de propuesta. Se presume que eso es la paz, lo que daría congruencia a la posterior reunión, ya legitimada por el Tribunal Supremo, que el PSE tuvo con Batasuna. Evidentemente, la paz vendrá cuando a los de la kale borroka les venga en gana dejar de incendiar cajeros, los etarras que rondan por tierras francesas cesen de robar pistolas, Txapote se trague sus palabras iracundas y se quede quieto en su jaula acristalada durante los juicios, y Otegi, el maestro de ceremonias, abandone la lucha armada disfrazada de opción política. Todo eso tendría que pasar para que la política empezase, según la primera frase de Zapatero, y no hay ningún elemento que haya desaparecido.

A mí, en este juego del despiste del Gobierno, en el que un día el Presidente trata de tranquilizar a las masas diciendo que no hay que preocuparse, otro de la Vega, bastante más racional, asume la crisis pero insta a la paciencia, y a Rajoy le crecen los enanos en su propio partido, la única postura equilibrada me ha parecido la de Marín: prudencia y discreción, la misma que él predica cuando no suelta las peroratas que identifican a Zapatero y por la que les parece desabrido a quienes no encuentran entre sus comentarios un buen titular.

Y es que este moderador oficial, a quien a veces se acusa de poco comprometido con los intereses de su partido, el de la calle Ferraz, por su ecuanimidad y sus intentos de pacificación, ha acertado de pleno en el modus operandi que debería haber llevado el proceso. Cuando se recuerda que el PP trató de acercar posturas con ETA, igual que hizo Felipe González durante su Gobierno y tal y como lo harán los venideros, dada su obligación de combatir el terrorismo, se olvida un detalle: ambos lo hicieron de espaldas a la Opinión Pública. Habrá quien piense que, en esta ocasión, han hecho lo mismo, pero con un espíritu democráticamente más firme al darnos parte de que se iba a hacer. No es así. Es arriesgado, inútil y populista. Desconocemos de qué se ha hablado, qué hay sobre la mesa de negociaciones y cuáles son las concesiones a las que el Gobierno está dispuesto. Hay mutismo por parte del gabinete del PSOE y un micrófono en on permanente del lado de Otegi y su recua. Su último mensaje, emitido por el líder de Batasuna (por mucho que se anteponga “ilegalizada”, sigue participando en la vida política), Pernando Barrena, es el siguiente: para que el proceso funcione, el Gobierno tiene que abandonar de una vez por todas las recetas del pasado”.

¿Qué recetas? ¿La de no consentir que los etarras impongan por la fuerza sus objetivos? ¿La de luchar, con los instrumentos democráticos, contra el afán excluyente y totalitario de los terroristas enmascarados?

Está visto que una de las partes no ha rebajado ni un ápice sus exigencias, por lo que sería la otra la que debería transigir, en lo que aquélla estableciera. Puesto que eso es inviable, debido a la consecuente quiebra del sistema democrático establecido, ¿qué tiene que ocurrir para que el Gobierno cambie de estrategia y retome así las riendas de un proceso en punto muerto?

Fuentes del texto: www.informativostelecinco.com
Foto:
www.elsocialista.es

1 Comentario

  1. Siento mucho que Manuel Marín no siga presidiento el congreso de los diputados, otra tropelía más de ZP, en estos momentos acaba de apagar la radio, no soporto volver a escuchar a José Bono, no ha sido bastante tenerlo 20 años como presidente de Castilla La Mancha, sino que ahora lo tenemos que volver a escuchar otros cuatro años en el congreso.
    Lamento mucho que ZP, te halla quitado del congreso. Para mi, personalmente has sido el mejor presidente.
    Ahí se nota el progresismo de ZP, sacando a la vieja guardia a escena. Ya le vale.
    Manuel Marín, eres el mejor.

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