Manhattan

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Woody Allen, ese pequeño setentón confesado judío ateo, lleva cuarenta años regalándonos una de las visiones más irónicamente divertidas de la vida. Se trata de un caso particular en el cine americano, porque pocos artistas han conseguido someter a la industria a sus condiciones de la forma en la que él lo ha hecho: Woody Allen ha logrado protagonizar, guionizar y dirigir las películas que ha estimado necesarias frente a las exigencias económicas que marca Hollywood, lo cual le concede un mérito mayor a su obra. Aunque conseguir el apoyo de los mecenas no sólo le ha supuesto años de dedicación, sino también de reciclaje personal, porque a las comedias de humor absurdo que protagonizaron su primera etapa le siguieron obras maestras de la historia del cine como Annie Hall, Delitos y faltas, Annah y sus hermanas, y la que hoy nos ocupa: Manhattan.

Varias de las pautas que han marcando su obra alcanzan aquí su máximo grado de complejidad. En el gusto por hacer protagonistas de sus películas a las mujeres de su vida consigue que Diane Keaton, que venía de ganar el Óscar por Annie Hall, alcance de nuevo su mejor nivel interpretando a Mary, una irritante intelectual que comienza la historia siendo la amante de Yale, amigo de Allen. El triángulo amoroso, perpetuo en la filmografía del genio neoyorquino, comienza a rodar cuando Yale corta la relación con Mary al tiempo que Isaac (Woody Allen) lo hace con Tracy, la joven universitaria décadas más joven que su pareja pero que posee la facultad que todos los amantes necesitan: la capacidad de idealizar a la otra persona. Los dos varones piensan que sus relaciones no tienen demasiado futuro, en el caso de Yale porque está casado y en el de Isaac porque siente la responsabilidad de estar cortando la libertad de su novel compañera.

Sin embargo, el verdadero mensaje de la película no habla del amor del aquí y del ahora, sino de la nostalgia de haber perdido algo muy valioso y del irrefrenable deseo de recuperarlo. Es lo que le pasa a las personas incapaces de amar, que a la hora de enfrentar sus sentimientos se esconden bajo la palabrería irónica y que difícilmente se dan cuenta de cuánto estiman algo antes de haberlo perdido. Isaac y Yale son ese tipo de personas.

Isaac, con la soltería recién estrenada después de abandonar a Tracy, comienza a descubrir que la insoportable erudición de Mary esconde algunos encantos que hacen de ella, poco a poco, una persona cada vez más interesante. Al tiempo, en una discusión con su antigua esposa -encarnada por Meryl Streep- y que previamente le había dejado para irse a vivir con otra mujer, se recrea una de las frases más terriblemente divertidas que se le recuerdan a este inmenso guionista: “Mi psicoanalista me advirtió de tu bisexualidad, pero eras tan guapa que cambié de psicoanalista”. Pero lo que no sabía el ingenuo Isaac es que dejando escapar a Tracy estaba desdeñando el mayor valor de su vida. Pasó de obligarla a aceptar una beca en Londres con palabras amables(“Pensarás en mi como un recuerdo cariñoso”) a confesarle su error a Yale (“Creo que he perdido algo realmente bueno dejando a Tracy que se fuera”).

Manhattan no es sólo el título de una obra maestra. También es el lugar donde se desarrolla la historia, un lugar que afortunadamente Allen ama y que ha recreado como ningún otro director ha mostrado en la historia. Recientemente afirmaba que él había conocido París por las películas francesas. Nosotros bien podemos decir que conocemos lugares como Nueva York porque artistas como él nos los han enseñado a través de los mejores ojos posibles.

Sus constantes homenajes a Ingmar Bergman y a Federico Fellini, dos de sus directores favoritos, hacen que el espectador aventajado se regocije viendo cómo un grande reconoce a otros. Esto es una constante en su cine, junto a una marcada tendencia a arremeter contra los falsos intelectuales que aparentan saberlo todo (como Mary al inicio de la película).

En los noventa minutos que pasará delante de la pantalla, con Manhattan Woody Allen conseguirá lo que hace siempre: que se sienta trascendente. Cuando pasen los años y ya no siga haciendo películas, recordaré esta película y a Woody Allen como si fuera un recuerdo cariñoso.

Fuentes de las imágenes:
http://1.bp.blogspot.com/-K-5t4ked2c0/TdKk3k_5E6I/AAAAAAAAAAQ/V2s1fEKGIPE/s1600/manhattan.gif
http://1.bp.blogspot.com/_-RECjJksv7M/SfHgLJ_RRmI/AAAAAAAAMZw/FcElxZEVHos/s400/manhattan2.jpg
http://uploads.blogia.com/blogs/p/pa/pab/pablocine/upload/20070926214912-manhattan-woody.jpg

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