Mamá, mamaíta…

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En este día de la madre, los restaurantes hacen su agosto, están al máximo y si no, que se lo digan al chino donde he ido hoy a comer. En el día de la madre, las llamadas telefónicas, las cartas, flores y otros regalitos están a la orden del día. Esta es la fecha donde se les reconoce con un detallito la labor que hacen durante todo el año, esto es, este detallito es una muestra de agradecimiento a esos detallazos que tienen con los hijos el resto del tiempo.

Los días previos fácilmente se puede escuchar “que no hace falta que me compréis nada” a pesar de que la publicidad y los escaparates de las tiendas te dicen todo lo contrario. Sin embargo, este día una sonrisilla se dibuja en su rostro cuando te ve aparecer con un presente entre las manos y un irremediable “si te dije que no hacía falta…”.

Toda nuestra infancia nos remite inevitablemente a ella: los bocadillos de salchichón para el recreo o, en su defecto, los bollycaos que nos parecían la mejor merienda, una delicia; las 100 pesetas para “chuches”; la cariñosa manera de extender la mercromina en nuestras rodillas siempre ensangrentadas; las monedas debajo de la almohada del ratoncito Pérez; el “¡mamá mira las cosas que me han traído los Reyes!” a las 7 de la mañana y tener que levantarse para ver nuestras primeras reacciones con los juguetes; el orgullo que sentíamos cuando nuestra “seño” le decía que habíamos sido muy listos y obedientes durante todo el curso; esos determinados sábados que, como premio, podíamos comer en el Mc Donalds… Todos esos pequeños detalles que, con el tiempo, recuerdas con cariño y ternura aunque no sólo de nuestra etapa infantil, sino en la actual también las madres siguen ejerciendo ese papel fundamental en nuestras vidas.

De pasar a estar en su regazo a vernos ya mayores sin apenas tiempo para estar en casa, con nuestros estudios, nuestros primeros trabajos, los primeros novios y los siguientes, los amigos que van y otros que llegan, las desilusiones, los desengaños, los éxitos y los fracasos. Y ella ahí, siendo en todo momento testigo y partícipe si nosotros la dejamos. De adolescentes y decir “ay mamá que no estás en la onda” a hacernos pre-adultos y comprobar que preferimos ir de compras con ella que con cualquier otra amiga (y no sólo porque ella tiene VISA y tu no) porque sabemos que nadie nos conoce mejor, que será honesta y te dirá lo que está bien y lo que no con la mejor de las sonrisas.

El día de la madre, de nuestra particular heroína, es todos los días, igual que el día del amor no es sólo a mediados de febrero. Nuestra mamá que antes era “mami” y ahora es “madre”, a la que debemos lo que somos, se merece un monumento pero como no somos arquitectos sino periodistas, le podemos otorgar una palabra, tan simple y profunda como: gracias.

1 Comentario

  1. Precioso!!! Deberías plantearte muy seriamente lo de escribir más literatura.
    Usas las palabras correctas en el momento preciso. Me ha encantado la forma de decirle a las mamas que gracias por todo

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