Madrid saborea el mejor Muse en Palacio

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En la fría noche del sábado el Paladio de Deportes de Madrid ardió en llamas con la actuación del grupo Muse. Más de quince mil personas abarrotaron el recinto, saboreando un espectáculo deslumbrante con un sonido compacto relleno de grandes dosis de calidad y arropado por una sorprendente propuesta luminotécnica del conjunto británico, en el que puede ser el mejor concierto del año.
En la madrileña Plaza de Felipe II había ya infinitas colas de gente a las siete de la tarde del pasado sábado esperando entrar en el Palacio de Deportes y asistir al segundo concierto que ofrecían en España para presentar su nuevo disco, The Resistance. Aquellas mismas colas se entremezclaban con diversas atracciones del famoso Cortylandia que todo lo inunda en estas fechas prenavideñas, con un frío desapacible que poco hacía presagiar la olla a presión en que se convertiría el Palacio. Una hora y media más tarde aquel coliseo se encontraba atestado de fans incondicionales y accidentales, jóvenes y veteranos, féminas y hombres por doquier a la espera de los protagonistas de la noche, mientras que Biffy Clyro calentaban motores con su rock alternativo sin mucho interés entre los asistentes, ocupados más en buscar una buena localidad porque la organización se vio desbordada a las primeras de cambio y comenzó a reinar la anarquía más absoluta en el graderío. Y es que el foso estaba cerrado ya por motivos de seguridad, no cabía un alma.

El centro de gravedad de aquel maremágnum eran tres gigantescas torres metálicas asentadas sobre un escenario circular que permanecieron inertes tras la marcha de los teloneros escoceses. Pero a las nueve y veinte de la noche todo el coso se quedaba a oscuras y aquellas tres atalayas cobraban vida propia cual faros de neón hipnotizando todas las miradas cuando surgían de ellas los tres miembros de Muse: su voz y guitarra Matt Bellamy, su batería Dominic Howard y el bajista Christopher Wolstenholme, para interpretar las primeras notas de “Uprising”. Arrancaba así un intenso y milimetrado concierto a través de dos horas justas en las que reinó el pop-rock intenso surtido con notas sinfónicas, la increíble voz de Bellamy junto a la potente batería de Dominic, la excelsas melodías de los ingleses yustapuestas a los excesivos juegos luminosos creados por miles de focos y rayos láser. El público se quedó con la boca abierta, como habitantes circunstanciales de otra atmósfera.

Desde ese momento los ingleses mostraron la mayor parte de los temas que componen su disco The Resistance, los mismos que ganan mayor empaque en directo aunque se tornan coartados junto a magnánimas composiciones como “New born”, “Supermassive black hole” o “Hysteria”, a excepción del latigazo que supuso “MK ultra”. En la medianía del concierto Bellamy emuló sin complejo alguno a los mejores The Queen en “United States Of Eurasia” en lo que parecía una ópera futurista, para después abordar al piano la preciosa versión “Feeling good”, que en vivo acaricia los paladares más exquisitos.

Baterista y bajista se apoltronaron en una de aquellas tres fortificaciones para estampar su rúbrica en “Helsinki Jam”, un derrochador ‘solo’ de batería que marcó el punto de partida al set más arrollador de la noche, descargaron entonces toda su energía decibélica sobre el recinto con “Starlight”, “Plug in baby” y “Time is running out”, y las gradas se vinieron abajo. Fue entonces cuando el Palacio vibró literalmente ante los saltos de euforia del personal allí congregado, fue energía espiritual la que invadió a todas y a todos por igual destapando los sentidos de todo ser humano.

Muse se retiró a sus aposentos palaciegos durante unos instantes para acometer un bis elevado a la categoría de gesta con tres temas, el primero “Exogenesis: Symphony part 1 (Overture)”, tras el cual siguió la más próxima de sus composiciones al rock duro con “Stockholm síndrome”; y después llegó la sorpresa: Christopher Wolstenholme tomó la armónica para interpretar la mejor versión que el genial Ennio Morricone hubiera podido soñar para “The man with the harmonica”, aquella dilapidaría y premonitoria sinfonía que se repetía machacante en la película Hasta que llegó su hora. Fue la campanada final que sirvió de introducción a “Knights of Cydonia”, delirio de todos sus fans en una muerte súbita demoledora.

Muse triunfó a lo grande y se despidió de Madrid con la bandera española en mano, ofreciendo un radiante concierto que pasará a ser uno de los mejores de este 2009 por su grandeza. Espectáculos así serán comparables con el tiempo a los ofrecidos en nuestro país por glorias musicales como U2 o Bruce Springsteen. Muse ya está entre los más grandes.

Fuente de las imágenes:
Fotografía 1 (Marta Valera)
Resto de imágenes (Óliver Yuste)

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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