Macaco revienta el ruedo de Madrid

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La bomba musical de Macaco estalló el pasado viernes en el Palacio Vistalegre de Madrid, donde descargaría todo su enérgico mestizaje en poco más de dos horas ante cerca de diez mil personas. Fue una noche adornada de ritmos musicales diversos que sirvió para mostrar a sus miles de seguidores un espectáculo audiovisual que rozó lo impecable en el final de su gira ‘Moving on tour’.
Los fans del conjunto catalán liderado por Daniel ‘Mono Loco’ Carbonell esperaban con ansia su visita a la capital, y respondieron en consecuencia con un llenazo completo del Palacio Vistalegre el pasado viernes 30 de octubre. Allí se congregaron sus seguidores de toda la vida, otros que han ido cosechando por el camino y un novedoso público que se ha unido al triunfo de su último disco en las listas de ventas y radiofórmulas diversas.

Tras la presencia del artista invitado Chico Ocaña, líder y fundador de la disuelta y emblemática banda Mártires del Compás, Macaco comenzó puntual el concierto con su exitoso hit “Puerto presente”, asegurándose así al personal desde el primer instante, como el mariscal que entra victorioso en terreno enemigo. Todo ello enfatizado por un espectáculo audiovisual muy cuidado, que rayaba en exceso la perfección, con proyecciones en gigantescas pantallas al son de la música danzarina. Poco más tarde desplegaba “SOS” cual mensaje social, otorgando voz a Zahara Ramán, que pidió el apoyo del gentío allí presente para recuperar los derechos inherentes del pueblo saharaui.

Hasta ese momento la voz del ‘Mono Loco’ Carbonell sonó tímida, muy camuflada entre el potente sonido de la banda. Problemas técnicos que parecieron ordenarse con los ecos de rumba catalana que concedió a los asistentes en “Amor marinero”, hasta coronar la temperatura ambiental con “Tengo” y “Brasil 3000”, aquel tema que nació en una gira por el país latinoamericano haciendo patente las adversidades que sufren muchos de sus necesitados ciudadanos, sin perder de vista el ritmo carioca y aderezado por bailarines capoeiros incluidos.

Y por fin llegó el jaleo musical más delirante, primero con el superventas “Moving” y después “Con la mano levantá”, canción dedicada a sus fans de toda la vida que ahora bailaban y coreaban en un trenecito multitudinario. Entonces el espectáculo entró en su clímax mesiánico y la gente terminó por encomendarse a Macaco definitivamente con “Monkey Man” en un carnaval generalizado.

No hubo para más, casi dos horas de directo que finalizaron con un cortus interruptus muy forzado cuando el éxtasis había penetrado en las almas entregadas de todo ser humano que asistió esa noche al Palacio Vistalegre. Un concierto en el que se fusionó el reegae, el rap, el hip-hop, la rumba o la música electrónica con una fiesta visual milimetrada en demasía. El resultado fue un directo aséptico para profanos, divertido y pasional para sus incondicionales

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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