Luz Casal: un canto a la vida

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Es indudable que Luz Casal es un ejemplo de lucha y tesón por la vida, por cantarle a la existencia humana de manera emocionada. Una artista que vuelve a los escenarios tras un largo viaje por vivir que demostró ayer en un Madrid Arena lleno a rebosar en el Día Mundial contra el Cáncer.

Igual que Miguel Ríos le dio la oportunidad a la gallega de debutar ante el gran público en la gira El rock de una noche de verano del año 1983, ella hizo lo propio en su retorno a los escenarios con una banda de gran futuro como es Mäbu. Un grupo madrileño que abría el espectáculo a las nueve de la noche como le corresponde a un digno telonero, calentando el ambiente con síntomas de calidad y brillantez reflejados en maravillosas melodías como “Bajo este manzano”, “Buenos días”, “A solas” o “Hallo”, asombrando en media hora a propios y extraños. Sus latitudes musicales son mucho más exquisitas en un escenario corpulento en el que su sonido y la voz de María Blanco cobran mayor potencial, aunque sus nervios jugaran en contra, aunque el contexto fuera rival.

A las diez en punto de la noche, con un recinto colmado y unos espectadores de lujo, entre los que se encontraban los Príncipes de Asturias, Luz Casal hizo aparición en las tablas entre el mimo sonoro del aplauso general, mezclado por una pataleta chirriadora de aquellos que aún no podían ocupar sus asientos. Fueron los de última hora y una mala gestión de la organización del recinto. Un entorno que volvió su mirada de inmediato a la elegancia con la que brillaba Luz, la misma con la que ha vuelto a los escenarios tras superar su segunda batalla contra el cáncer, la misma con la que retoma su pasión por la música en un escenario con un concierto benéfico el Día Mundial contra el Cáncer. Agradecer es de sabios, lo suyo es de genios.

La artista emprendió su espectáculo con ciertos nervios y emocionada como una niña que espera un dulce momento como este, gratificando a sus ‘colegas’ que la ayudaron en esa maldita larga enfermedad que es el cáncer. Radiaba belleza y su voz fue engrandeciéndose tras sus primeros temas, convirtiéndose en magnánima vocalidad acariciada con tersura por una orquesta que destilaba un sonido perfecto, donde destacaron su sección de cuerda y de viento junto a la batería del prodigioso Tino Di Geraldo.

Tras un primer conjunto de boleros con los que homenajeó a la canción tradicional hispana, llegó un intenso “Entre mis recuerdos”. Un talismán en su carrera desde que decidió emprender esa nueva etapa melódica en 1991 con su álbum A contraluz. Su emoción contenida durante tanto tiempo arrancó los aplausos y bravos más entregados.

A partir de ese momento artista y público comenzaron una divina comunión con “No me importa nada”, y terminó por poner el bello de punta con “Es por ti” y “Besaré el cielo”, una obra tan admirable de Carlos Goñi que cobra en boca de Luz una patente de excelencia. Fue a partir de esa balada cuando imprimió su mecanismo más roquero y acabó ofreciendo su sonrisa más bonita y más cómoda en “A cada paso”, con una sección de metales arrolladora.

Inevitable llegó el personaje más estúpido, pero que mejor compuso Carmen Santonja de Vainica Doble: “Rufino”. Aceleró las pulsaciones y puso en pie al respetable con ligeros movimientos de cadera. Mientras, “Loca” emprendía la recta final del concierto con la misma vitalidad de antaño, pero con más fuerza que nunca. La protagonista de esta noche llena de emotividades se retiró unos instantes para acometer su primer bis con “Piensa en mí”, aquel tema que terminó por lanzar a la fama internacional a la cantante gallega de nacimiento y asturiana adoptiva, con el que acabó por demoler los sentimientos generalizados en una noche tan especial.

Concedió definitivamente su corazón y su alma al interpretar la maravillosa composición hispana “Gracias a la vida” que, como ella misma reconoció, ha sido un tótem en estos últimos meses de duelo vital, un agradecimiento personal que quiso dedicar a todo el mundo por hacer posible un sueño: su vida y su retorno a los escenarios. El gentío le correspondió en pie con una merecidísima ovación.

Podría parecer que de aquella roquera de antaño poco queda ya, pero nada más lejos de la realidad. Ella hace mucho tiempo que se convirtió en reina del rock y de la canción melódica española. A sus 52 años, con una elegancia y un esplendor que engalanan su madurez,  su voz emboba y maravilla deteniendo el tiempo por instantes. Como ocurrió en “Te dejé marchar”, la preciosa composición que David Summers le regaló a Luz Casal. Pura melancolía con una voz sobresaliente cum laude con la que finiquitó un conmovedor recital fusionando sus dos mundos musicales.

Crónica y fotografía: Óliver Yuste.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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