Luces y sombras del Arenal Sound Festival (I)

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La segunda edición del Arenal Sound Festival ha sido todo un éxito de asistencia en cuanto a público se refiere, y por sus multitudinarios conciertos de grandes artistas nacionales e internacionales, aunque breves en algunos casos. Pero aquellos laureles se vieron deslucidos por una decepcionante organización en las zonas de acampada, que este año ofreció a los ‘sounders’ pésimos servicios y condiciones mínimas.

El Arenal Sound Festival 2011 abrió sus puertas a cuatro días de música sin tregua, con más de noventa artistas nacionales e internacionales que hicieron disfrutar a más de 160.000 asistentes, con picos de 42.000 en conciertos como Scissor Sisters, Vetusta Morla o Love Of Lesbian, verdaderos triunfadores en el macro evento de Burriana y en cualquier festival español que se precie en estos dos últimos años, porque lo de esos dos grupos patrios comienza a ser algo cotidiano. Ellos encarnan a la perfección aquella expresión romana de “veni, vidi, vici”.

Aunque no todo fueron grupos de renombre y festín, también hubo oportunidades para otras formaciones que están comenzando a despuntar, como ocurrió en el escenario Legendario con actuaciones como las de o Miss Caffeina. Y para los más nobeles también hubo un escenario propio en el que demostrar de lo que son capaces artistas como Cyan, Pol 3.14 o Doctor Pitangú. Todo ello en un recinto muy amplio para celebrar un festival de esta envergadura a orillas del Mar Mediterráneo, en el que se abrieron cuatro escenarios, amplias zonas de restauración, una piscina que hizo las delicias de algunos y mucho ánimo de diversión entre todos los asistentes.

Hasta aquí ninguna crítica destacable, aunque como en todas partes, nunca llueve a gusto de todos. Pero fuera del recinto de conciertos el Arenal Sound también montó cuatro zonas de camping para casi 30.000 personas que asistieron al evento y que adquirieron un abono de diez o cinco días más la entrada al propio festival, y ahí es donde la organización no supo o no quiso afrontar una situación que les quedaba grande.

Para cualquier persona habitual en un festival de música de estas características, de los muchos que se celebran cada verano en nuestro país, el Arenal Sound 2011 ha sido uno de los más desconcertantes y decepcionantes vividos hasta el momento. Aun peor sería para aquellos festivaleros que se inician ahora en estas lides y observaron aquel espectáculo dantesco que sucedió durante últimos cinco días en las zonas de acampadas instaladas junto a la playa de El Arenal, Burriana. La línea oficial no puede ocultar todos estos agravios ni minimizarlos, son aspectos a mejorar de forma exponencial si quieren celebrar con notoriedad de asistencia próximas ediciones de este macro evento, ya que el camino se hace al andar.

Cuatro zonas de acampada que no contaban con las condiciones mínimas de habitabilidad aunque las previsiones iniciales se hubieran realizado muy por lo bajo. Tan solo dos zonas contaban con duchas para los asistentes y las colas eran interminables para obtener tan codiciado tesoro, amén de un agua gélida en cualquier momento del día que no era de recibo para asearse. Los baños eran tan insuficientes que el nivel de insalubridad fue extremo en muchos instantes y los servicios de limpieza no daban a vasto en ningún momento. El hacinamiento de tiendas de campaña fue tremendo y se podían observar cientos de tiendas de campaña desparramadas por todos los lugares con miles de personas protestando por un descontrol absoluto, con una seguridad que brillaba por su ausencia ante los pocos efectivos existentes, lo que originó innumerables robos de todo tipo. La Guardia Civil visitó varias veces las zonas de acampadas ante las denuncias clamorosas de muchos afectados. Aquello rozó el desastre organizativo y nadie puso remedio.

Una pena, porque el emplazamiento era idílico al tratarse de un festival que se celebra al borde de la playa, con unos días de vacaciones únicos para aquellos que adquirieron el abono completo. Quizá para el próximo año se deberían cuidar estos aspectos delicados en todos los casos, para así convertir el Arenal Sound en un festival de calidad y cantidad, situándolo de esta forma entre los más punteros de nuestro país. Quizá una zona de camping más amplia, más cuidada en servicios y condiciones mínimas de habitabilidad daría un buen nombre a este evento. Es mucho más fácil de lo que parece, los costes serán mayores pero los resultados de futuro estarán asegurados.

Crónica: Óliver Yuste.
Fotografías: Carmen García Pintado/Arenal Sound.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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