Los últimos Juegos Olímpicos que no notarán la crisis

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Regresó la delegación española de Pekín, en agosto de 2008, con 18 medallas olímpicas. Finalizados aquellos Juegos Olímpicos celebrados en el continente asiático, comenzaba un periodo de cuatro años para preparar la inminente cita de Londres. Paralelamente, el deporte español se sumía en una crisis económica sin precedentes, con reducción de dinero público y privado y el caos en algunas de las estructuras deportivas del país.

La perspectiva del deporte español para Río 2016 no es muy halagüeña

Los Juegos de Barcelona, aquellas dos semanas del verano de 1992 que supusieron la ruptura del deporte español con un pasado intermitente y poco feliz, trajeron al país un modelo deportivo que permitía la dedicación de jóvenes deportistas a muchas disciplinas difícilmente rentables desde el punto de vista económico. España se cubría de un barniz polideportivo donde también encontraba gloria. Los atletas españoles recibían una beca estatal que les permitía dedicarse a la práctica de su deporte.

El sistema de becas de Ayuda al Deportista Olímpico (ADO) se creó basado en la idea que había tenido Corea del Sur cuando organizó en Seúl la cita de 1988. El país organizador debía obtener un buen resultado deportivo; así, las becas para los deportistas tendrían que servir para mantener la carrera deportiva de muchos jóvenes que practicaban deportes minoritarios y no profesionalizados. España implantó el modelo después de comprobar el éxito de los atletas surcoreanos en sus Juegos (hoy siguen siendo referente en tiro con arco y artes marciales). Australia, en el año 2000, con un sistema similar, aunque con la movilización de más recursos, obtuvo unos logros impresionantes. El modelo español ha sido copiado por otros países que pretenden más notoriedad en la cita deportiva más importante y mediática.

La generación que participe en estos Juegos de Londres habrá dispuesto aún de una cuantía jugosa, aunque menguante, de dinero procedente las becas ADO. Sin embargo, la previsión es que los recursos procedentes del Comité Olímpico Español tiendan a disminuir. Las federaciones respectivas también han recortado su presupuesto, el número de torneos que se organiza en el país en cualquier disciplina ha disminuido y los patrocinadores institucionales y privados abandonan el mecenazgo de pruebas con poca repercusión para sus administraciones o marcas.

El entorno económico compromete el futuro de muchos deportes en España. Desaparecen clubes importantes -y campeones- en muchas disciplinas de relieve, algunas ligas ven amenazada su viabilidad y su continuidad, la retirada de la televisión (especialmente la pública) condena al ostracismo a un sinfín de atletas y pruebas, y el descenso de los recursos para la formación de base y cantera puede llevar a un descenso en el número de medallas para las siguiente edición olímpica, la que se celebrará en Río de Janeiro en el verano de 2016.

Sports Illustrated, la prestigiosa publicación deportiva estadounidense, otorga, en su tradicional pronóstico previo a la celebración de los Juegos, un total de 15 medallas al equipo olímpico español, previendo solo una de ellas de oro. Otras apuestas repiten la cifra lograda en los últimos Juegos de Pekín, con 18 podios. El factor continental -la competición se celebrará en el mismo continente y con un clima más fácilmente asimilable-, puede ayudar a obtener un resultado moderadamente exitoso. La cosecha que España obtendrá, salvo concatenación de infortunios, rondará las quince preseas, guarismo que viene repitiéndose, medalla arriba, medalla abajo, desde los Juegos de Atlanta en 1996, los inmediatamente posteriores a los del éxtasis de Barcelona.

Sin embargo, el futuro parece estar comprometido. Las universidades españolas no son un vivero de talento deportivo, la profesionalización plena solo existe en unos pocos deportes y las administraciones públicas están detrayendo dinero que antes invertían en clubes y competiciones. Tampoco la empresa privada apuesta a largo plazo ni las condiciones fiscales ayudan a ello y la afición española solo se suma al seguimiento de disciplinas minoritarias en competiciones de alto nivel internacional. La siguiente generación olímpica, la que nació tras Barcelona, tiene un porvenir incierto.

Fotografía: James Mitchell

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